domingo, 29 de octubre de 2017

LA BEATIFICACIÓN DE STANLEY ROTHER


Hace unos días un pequeño grupo de sacerdotes y laicos de Sololá- Chimaltenango, invitados por el Arzobispo de Oklahoma, participó en la beatificación del padre Stanley Rother, martirizado en Santiago Atitlán hace 36 años.   Fue un momento memorable que conviene entender con progresiva profundidad, debido a la importancia que tiene para la Iglesia, especialmente en los Estados Unidos y en Guatemala.

La ceremonia presidida por el Cardenal Amato y concelebrada por muchos obispos y presbíteros, fue emocionante y concurrida. Fue notable la presencia del obispo de Sololá-Chimaltenango Monseñor Gonzalo de Villa y los dos arzobispos de Guatemala. De los fieles, la gran mayoría de asistentes fueron americanos que en familia llegaron también de diversos lugares de los Estados Unidos.  También habían latinoamericanos, asiáticos… 15 mil almas que ordenadamente llenaron el impresionante recinto y unos 2 mil más que no pudieron entrar.  Si no fuera por eso tal vez hubiera echado en falta a los ausentes cardenales estadounidenses, a más obispos guatemaltecos y tal vez a más fieles de nuestra tierra, probablemente los que viven en aquél país y que son muchos.

Los poquísimos guatemaltecos presentes, apenas nos hicimos notar –para la próxima nos vendría muy bien manifestar mejor nuestra  identidad-.    Esta  pequeña y  casi desapercibida delegación contó con la simpatía y compañía de Monseñor Julio Cabrera y fue recibida con enorme cariño por el equipo Hispano de la Arquidiócesis anfitriona.  La espera de casi dos horas se hizo corta en el enorme espacio inundado por la polifonía de cientos de voces y la ancestral percusión de los tambores indios de Norteamérica.

Los santos son locales -Okarche, Atitlán-  pero su impacto es Universal. La muerte del padre Apla’s atrajo la atención de la gente sobre la misión en Santiago Atitlán; su beatificación ahora cautiva, por varias razones, la mirada de todos.

P. Tulio Omar

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