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lunes, 27 de febrero de 2023

¿Un homosexual puede ser sacerdote católico?



Acerca de la consideración del «derecho» a ser sacerdotes por parte de algunos homosexuales, la Iglesia católica considera el orden sacerdotal como un llamado y no como un derecho. En virtud de que es ella quien verifica la autenticidad del llamado es también ella quien pone las condiciones para hacerlo. Una de los elementos de verificación pasa por el hecho de que la persona sea varón, bautizado y heterosexual. 

Todo lo anterior por tres sencillas razones: 
  1. El sacerdote representa a Cristo que es hombre en todo el sentido y connotación antropológica de lo que hombre significa 
  2. El sacerdote es esposo de la Iglesia (dimensión esponsal del sacerdocio 
  3. El sacerdote está llamado a ser padre. 

Sobre el tema concreto de la posibilidad de que un homosexual sea admitido o no al seminario y, posteriormente, a las órdenes sagradas, el 4 de noviembre de 2005 la Congregación para la Educación Católica (organismo de la Santa Sede que se ocupa, entre otras cosas, del seguimiento a todos los seminarios del mundo) publicó un documento titulado «Sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las órdenes sagradas». 

El documento distingue dos aspectos sobre la homosexualidad: los actos homosexuales y las tendencias homosexuales. Por los primeros entiende el ejercicio activo de la homosexualidad y por lo segundo sólo el impulso; los primeros supondrían un pecado y los segundos no, aunque de cualquier manera los califique de «objetivamente desordenadas». 

Deteniéndose en las «tendencias homosexuales» el documento hace una división ulterior: entre las profundamente arraigadas y las «tendencias homosexuales expresión de un problema transitorio» (por ejemplo, el de una adolescencia todavía no terminada). 

En el libro-entrevista «Luz del Mundo» (Herder 2010) Benedicto XVI responde precisamente a una interrogante incisiva sobre este tema. Le pregunta Peter Seewald: «No es ningún secreto que también entre los sacerdotes y los monjes hay homosexuales. Recientemente causó gran revuelo un escándalo en torno a pasiones homosexuales de sacerdotes en Roma». 

Y a eso respondió el actual Papa emérito: 

«La homosexualidad no es compatible con la vocación sacerdotal. Pues entonces el celibato no tiene ningún sentido como renuncia. Sería un gran peligro si el celibato se convirtiera, por así decirlo, en ocasión para introducir en el sacerdocio a gente a la que, de todos modos, no le gusta casarse, porque en última instancia también su postura ante el varón y la mujer está de alguna manera modificada, desconcertada, y en cualquier caso no se encuentra en la dirección de la creación de la que hemos hablado. La Congregación para la Educación Católica emitió hace algunos años una disposición en el sentido de que los candidatos homosexuales no pueden ser sacerdotes porque su orientación sexual los distancia de la recta paternidad, de la realidad interior de la condición de sacerdote. Por eso, la selección de los candidatos al sacerdocio debe ser muy cuidadosa. Aquí tiene que aplicarse la máxima atención para que no irrumpa una confusión semejante y, al final, por así decirlo, se identifique el celibato de los sacerdotes con la tendencia a la homosexualidad». 

Y vuelve a la carga el entrevistador: «Pero sin duda en monasterios, en clérigos, aunque tal vez no se la vea, hay homosexualidad, homosexualidad no practicada, justamente». 

A lo que responde Benedicto XVI: «Esto también forma parte de las dificultades de la Iglesia. Y los afectados tienen que procurar, por lo menos, no practicar activamente esa inclinación a fin de permanecer fieles al cometido interior de su ministerio». 

He traído aquí estas respuestas de Benedicto XVI porque, en definitiva, apuntan a un aspecto no menos esencial del sacerdocio en la Iglesia de rito latino: el celibato. Incluso en el supuesto de que la homosexualidad no fuera impedimento para el orden sacerdotal, los que al sacerdocio acceden se comprometen libremente a vivir el celibato que supone la renuncia al ejercicio de la sexualidad. Por un sencillo gesto de coherencia ante un compromiso asumido libremente, sería de esperar que viviesen aquello que prometieron. Y eso vale tanto para homosexuales como para heterosexuales.

jueves, 17 de febrero de 2022

“LA VERDADERA CAUSA DE LOS ABUSOS NO ES EL CELIBATO, SINO LA FALTA DE AUTOCONTROL Y EL DESEQUILIBRIO AFECTIVO”. CARDENAL MARC OUELLET

Foto: Vatican News


El jueves día 17 de febrero comienza en el Vaticano un Simposio sobre la vocación bautismal, titulado Por una teología fundamental del sacerdocio. La ponencia inaugural ha sido confiada al Papa Francisco, que ha reflexionado sobre la Fe y sacerdocio en nuestros días. En el curso de los trabajos, que continuarán hasta el sábado, se hablará también de sacramentalidad, de misión, celibato, carismas y espiritualidad. 

La iniciativa se ha debido personalmente al cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos, que ha fundado en el año 2020 el Centro di Ricerca e di Antropologia e Vocazioni, Centro de Investigación y de Antropología y Vocaciones, independiente de la Santa Sede, que tiene su sede en Francia. 

En esta entrevista a Omnes, el cardenal Ouellet reflexiona sobre varios aspectos del sacerdocio y de la vocación bautismal, y sobre otros temas que serán afrontados en el curso del Simposio en estos días. 

En el Simposio, Usted planteará el sacerdocio en perspectiva trinitaria. Por contraste, percibimos una concepción más “humana” o incluso “funcionalista” del sacerdote. ¿Es ésta la raíz de algunas propuestas, como en el Camino Sinodal de Alemania? 

– El sacerdocio se refiere a la relación del hombre con Dios. En el cristianismo, Cristo es el único mediador de esta relación, que es un pacto de amor. El sacerdote representa sacramentalmente a Cristo como mediador y sólo puede ser entendido bajo esta luz. No podemos conformarnos con un punto de vista sociológico que considere la distribución del poder, ni podemos limitarnos a las perspectivas de los medios de comunicación. 

Una idea recurrente es la ordenación femenina. También en la apertura a las mujeres de los ministerios laicales se ha querido ver un paso hacia el diaconado, o quizá también hacia el sacerdocio. ¿Son el diaconado o/y el sacerdocio femenino una posibilidad abierta? 

– Plantear la pregunta de este modo refleja una mentalidad masculina funcional que homologa a la mujer al papel masculino y descuida su propia dimensión carismática. Los cambios en la Iglesia deben ser mucho más profundos que una asignación de funciones, que mantiene a las mujeres en una posición subordinada a los hombres. Es hora de que la teología reflexione sobre el misterio femenino en sí mismo y en reciprocidad con el masculino. 

La “teología fundamental del sacerdocio”, sobre la que versa el Simposio, se enmarca en una teología de la Iglesia. Ahora bien, ¿se entiende hoy lo que es la Iglesia? 

– Una teología fundamental del sacerdocio piensa en primer lugar en el bautismo como la primera participación en el sacerdocio de Cristo, pues el bautismo nos comunica la gracia de su filiación divina que es el fundamento de su sacerdocio y de nuestra participación en él como miembros de su Cuerpo. El ministerio ordenado presupone el bautismo y consiste en un carisma posterior de representación de Cristo Cabeza, puesto al servicio del crecimiento del sacerdocio filial de los bautizados. Por lo tanto, la Iglesia no debe reducirse a su jerarquía, ya que es sobre todo la comunidad de los bautizados en torno a la Madre de Dios. 

La vida de la Iglesia está enraizada en la Eucaristía. El sacerdocio nace de la Eucaristía y vive para ella pero, ¿cómo fomentar también la identidad eucarística de todos los bautizados? 

– “La Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace a la Iglesia”, decía el padre de Lubac. La Iglesia realiza el rito, pero es Cristo en la Eucaristía quien da vida a la Iglesia, que es su Cuerpo constituido por el bautismo. La celebración eucarística es un misterio nupcial donde Cristo resucitado entrega su Cuerpo a la Iglesia su Esposa y espera la respuesta personal de amor de cada bautizado y miembro de la asamblea. Tenemos que reevangelizar el significado del domingo. 

¿En qué sentido hablamos de “cultura vocacional? 

– El Sínodo sobre la Juventud habló de una cultura vocacional en el sentido, en primer lugar, de una respuesta a Dios en todos los servicios que nosotros, bautizados, prestamos a la sociedad. Cada persona recibe un don particular del Espíritu Santo, que se concreta en la elección de un estado de vida y, por tanto, de un servicio específico a la Iglesia y a la sociedad. Una comunidad eclesial debe preocuparse por despertar y acompañar las vocaciones particulares que normalmente florecen donde hay una conciencia vocacional de los bautizados. 

Celibato y abusos 

El escándalo de los abusos a menores ha puesto a los sacerdotes en el punto de mira. Con vistas a la prevención, ¿cómo cuidar su formación, especialmente en lo afectivo? 

– Los sacerdotes necesitan comprensión y solidaridad. Están muy probados por la situación actual de los abusos, y necesitan a la comunidad para vivir mejor su compromiso. Esta necesidad se refiere también a la formación de los sacerdotes, que no debe estar completamente aislada, sino que debe hacerse en relación y sinergia con las familias, las comunidades locales, las personas consagradas y los laicos. La amistad sacerdotal siempre ha sido un recurso precioso para mantener el impulso hacia la santidad. 

Algunos piensan que suprimir el celibato de los sacerdotes ayudaría a que desaparezcan los abusos

– Algunas personas piensan que el celibato es la causa del abuso, mientras que el abuso existe en todas las situaciones de la educación, la vida familiar, la vida deportiva, etc. La verdadera causa no es el estado de celibato consagrado sino la falta de autocontrol y el desequilibrio afectivo. Es ciertamente necesario mejorar el discernimiento de las vocaciones al sacerdocio y velar por el equilibrio psicoafectivo y moral de los candidatos. 

¿Cómo se puede explicar el celibato hoy? 

– El celibato debe presentarse desde la perspectiva de la fe. Cristo llamó a sus discípulos a dejarlo todo para seguirle. Pudo hacerlo en virtud de su identidad divina como Hijo eterno del Padre que vino en carne para traer la salvación a la humanidad. Seguirle en el celibato es ante todo una confesión de fe en esta identidad y un acto de amor en respuesta a su llamada de amor. 

Los sacerdotes tienen una tarea especial en la misión de la Iglesia. ¿De qué manera la misión, el “envío”, define el sacerdocio? 

– El sacerdocio fundamental es la consagración bautismal que nos hace hijos e hijas de Dios. El ministerio ordenado está al servicio del crecimiento de los bautizados mediante la proclamación de la Palabra y el don de los sacramentos. El sacerdote ejerce así una paternidad espiritual que puede llenar su corazón de alegría apostólica cuando se vive con espíritu de santidad. 

¿Hay algún otro aspecto del Simposio que le gustaría destacar? 

–Sí, ciertamente. Quizá la sorpresa del Simposio sea ver la importancia y el papel de la vida consagrada para la comunión de las dos participaciones en el único sacerdocio de Cristo, el sacerdocio bautismal y el ministerio ordenado. 

EL AUTOR 

Maria José Atienza / Giovanni Tridente 

Fuente: omnesmag.com

martes, 1 de febrero de 2022

FORMACIÓN EN Y PARA LA LIBERTAD EN EL CAMINO SACERDOTAL



En la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, se está profundizando la VII semana de Estudio para Formadores de Seminario, con el título "SI EL HIJO OS HACE LIBRES, SERÉIS LIBRES DE VERDAD". La actividad está dirigida a sacerdotes asignados a los Seminarios, y tratará de iniciar una reflexión común y un fructífero diálogo entre los diversos protagonistas de la formación de los candidatos al sacerdocio. 

El proceso de formación en el seminario genera procesos de maduración de la libertad. ¿Cómo se puede combinar la atención a la persona del candidato al sacerdocio en un tiempo limitado con las importantes exigencias de una función para la que se está preparando? ¿Cómo podemos iniciar procesos de educación personal, sin quedarnos en la mera formación para una función eclesial concreta? ¿Cómo puede ejercerse la autoridad sin caer en el autoritarismo o la permisividad, especialmente en un contexto como el actual, que critica su propia existencia y tiene dificultades para entenderla? ¿Cómo se pueden prevenir y detectar rápidamente los abusos morales? ¿Qué modelos educativos favorecen el desarrollo de la libertad interior? 

Teniendo en cuenta estas necesidades, la Ratio Institutionis Formationis Sacerdotalis afirma: "El formador debe guardar en secreto cuanto conoce de la vida de los seminaristas. Un recto acompañamiento, equilibrado y respetuoso de la libertad y de la conciencia de los demás, que les ayude en su desarrollo humano y espiritual, exige que cada formador sea competente y esté dotado de los recursos humanos espirituales, pastorales y profesionales necesarios. Por tanto, se espera de aquellos que son destinados a la formación una preparación específica y una generosa dedicación a tan importante responsabilidad. Se necesitan formadores que sepan garantizar una presencia a tiempo completo y sean testigos de cómo se ama y se sirve al Pueblo de Dios, desgastándose sin reservas por la Iglesia." (n. 49).

jueves, 30 de enero de 2020

RECEMOS POR LOS SACERDOTES



Oh Jesús que has instituido el sacerdocio para continuar en la tierra la obra divina de salvar a las almas protege a tus sacerdotes en el refugio de tu SAGRADO CORAZÓN.

Guarda sin mancha sus MANOS CONSAGRADAS, que a diario tocan tu SAGRADO CUERPO,
y conserva puros sus labios teñidos con tu PRECIOSA SANGRE.

Haz que se preserven puros sus Corazones, marcados con el sello sublime del SACERDOCIO, y no permitas que el espíritu del mundo los contamine. Aumenta el número de tus apóstoles, y que tu Santo Amor los proteja de todo peligro.

Bendice Sus trabajos y fatigas, y que como fruto de su apostolado obtenga la salvación de muchas almas que sean su consuelo aquí en la tierra y su corona eterna en el Cielo. Amén.

sábado, 27 de octubre de 2018

ESCOGIDO DE ENTRE LOS HOMBRES



«Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón».

Lo que se dice del «sumo sacerdote» del Antiguo Testamento vale asimismo para el sacerdote del Nuevo Testamento; estas palabras han servido siempre para diseñar la figura y el papel del sacerdote en medio del pueblo cristiano. El verdadero y perfecto Sumo Sacerdote es, en efecto, Cristo, del que el sacerdote cristiano es un pobre representante.

Ante todo, que él está «escogido de entre los hombres». No es, por lo tanto, un ser desarraigado o bajado del cielo, sino un ser humano, que tiene a sus espaldas una familia y una historia, como todos los demás. De él se puede decir lo que sus paisanos decían de Jesús: «¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros?».

«Escogido de entre los hombres» significa, igualmente, que el sacerdote está hecho como cualquier otra criatura humana: con los deseos, los afectos, las luchas, los titubeos, las debilidades de todos. De la misma naturaleza de todos. De este modo, él estará más preparado para tener compasión, estando, también él, revestido de debilidades. Naturalmente en ello existe, igualmente, una llamada al sacerdote para ser, de hecho, compasivo, humano, comprensivo. Para ser duro consigo mismo y tierno con los demás, no al revés. A Dios no le importa tanto que sus representantes en la tierra sean perfectos cuanto que sean misericordiosos.

Ante los hombres, el sacerdote está además «constituido a favor de los hombres»; esto es, vuelto a darse para ellos, puesto a su servicio. Es cierto, también, que el médico está al servicio del hombre; quien se casa está asimismo al servicio de la vida. Lo que le distingue al sacerdote es que el suyo es un servicio «en las cosas que se refieren a Dios». Un servicio que toca la dimensión más profunda del hombre, su destino eterno.

El gran orador francés Lacordaire describe así el papel del sacerdote entre el pueblo: «Ser miembro de cada familia sin pertenecer a alguna de ellas; compartir cada sufrimiento; estar puesto aparte de todo secreto; curar cada herida; ir cada día desde los hombres a Dios para ofrecerle su devoción y sus oraciones y volver de Dios a los hombres para llevarles su perdón y su esperanza; tener un corazón de acero para la castidad y un corazón de carne para la caridad; enseñar y perdonar, consolar, bendecir y ser bendecido para siempre. Es tu vida, ¡oh sacerdote de Jesucristo!»

Delante de Cristo yo les defiendo a ustedes, para el Señor sea siempre misericordioso y bondadoso con Ustedes, pero delante de ustedes yo defiendo a Cristo.