sábado, 22 de julio de 2023

Iglesia de Santa María Magdalena

© El ojo del fotógrafo

El primer intento de construir la iglesia se realizó en 1764, pero tras la muerte del arquitecto en 1777, su sucesor decidió destruir el edificio y empezar de cero. Tras el estallido de la Revolución, las obras se paralizaron de nuevo mientras se discutía el futuro uso del edificio. 

Las partes ya construidas se demolieron de nuevo y, por orden de Napoleón, otro arquitecto comenzó a construir un edificio inspirado en los templos antiguos para honrar a la Marina francesa. 


Tras la derrota de Napoleón, el edificio se volvió a consagrar como iglesia en honor de la Virgen María Magdalena y ha conservado esta función desde 1842.

El exterior de la Madeleine presenta una impresionante fachada neoclásica que recuerda a un templo griego. El edificio está formado por 52 columnas corintias de 20 metros de altura, que le confieren un aspecto impresionante. La fachada principal tiene un gran frontón con altorrelieves que representan un patio místico. 


El interior de la iglesia, bien iluminado, consta de una sola nave con tres cúpulas que no son visibles desde el exterior. Sobre el altar mayor hay una estatua que representa la Asunción de María Magdalena, mientras que la cúpula superior contiene frescos sobre la historia del cristianismo. De particular importancia es el órgano de la iglesia, considerado el mejor de la ciudad. 

Una iglesia impresionante La iglesia de la Madeleine es especialmente impresionante vista desde fuera. El interior también es diferente de las iglesias tradicionales, ya que está envuelto en la oscuridad y tiene muy poca decoración.



viernes, 21 de julio de 2023

Sainte-Chapelle

© El ojo del Fotógrafo

La Sainte-Chapelle es una obra maestra de la arquitectura gótica francesa y uno de los monumentos más famosos e influyentes de París. Fue una de las primeras de una serie de capillas Sainte-Chapelle construidas en Francia entre los siglos XIII y XVI. Junto con la Conciergerie, es lo único que queda del antiguo Palacio de la Cité, sede de los reyes franceses entre los siglos X y XIV. Oculta por los edificios del Palacio de Justicia que la rodean por completo, está adornada con un conjunto verdaderamente notable de vidrieras y un gran rosetón que crean un auténtico muro de luz. 





La iglesia fue encargada por el rey Luis IX, más tarde San Luis, para albergar las reliquias de la Pasión de Cristo, que fueron adquiridas por el emperador bizantino Balduino II en 1239 e incluyen la corona de espinas y un fragmento de la cruz de Cristo. La iglesia se construyó en sólo siete años, entre 1241 y 1248, según un diseño de uno de los arquitectos más importantes del siglo, Pierre de Montreuil, que anteriormente había supervisado la construcción de Notre Dame de París. Durante la Revolución Francesa, la capilla fue destruida, pero la mayoría de sus preciosas vidrieras sobrevivieron milagrosamente. Aunque fue construida como relicario, ninguna de las reliquias se conserva allí hoy en día: casi todas desaparecieron durante la Revolución, a excepción de la corona y un fragmento de la cruz, que se conservaron en Notre Dame hasta un dramático incendio en 2019, del que afortunadamente fueron rescatadas. 


La arquitectura de la capilla combina arbotantes, magníficas tallas de madera y magníficos techos. El edificio, inscrito en el Registro Nacional de Lugares Históricos en 1862, tiene planta rectangular con arco poligonal y consta de dos capillas superpuestas: la capilla inferior, destinada a los miembros de la corte y a los sirvientes, y la capilla superior reservada al rey, a la familia real y a la veneración de reliquias. 


La capilla inferior, concebida como una cripta, tiene algo más de 7 metros de altura y consta de tres naves. En su interior se encuentra una estatua de la Virgen María, patrona del santuario, y un fresco de la Anunciación del siglo XIII, considerado el fresco más antiguo de París. En el otro lado, la capilla superior, construida como relicario monumental, tiene unos 21 metros de altura y está dividida en dos naves. Los finos muros están formados en gran parte por vidrieras policromadas de 15 m de altura, casi sustituidas, que transforman la capilla en una magnífica caja de luz. Las vidrieras, que son una magnífica muestra de artesanía, representan la historia de las reliquias de la Pasión, así como escenas del Antiguo y Nuevo Testamento. Las vidrieras del gran rosetón datan del siglo XV y representan escenas del Apocalipsis. El contraste simbólico entre el interior ornamentado y el exterior muy sencillo representa la riqueza del alma interior según el cristianismo. 


Este magnífico edificio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, está situado en el corazón de Île de la Cité, a pocos pasos de la catedral de Notre Dame. se recomienda visitarlo en un día soleado, ya que sólo así podrá admirar las magníficas vidrieras en todo su esplendor. Hoy en día, la Saint-Chapelle se ha inmortalizado y acoge iniciativas culturales y apasionantes conciertos de música clásica.


jueves, 6 de julio de 2023

El corazón de Nerón

Foto: ©el ojo del fotógrafo


Una de las curiosidades de la Plaza de San Pedro que los visitantes no suelen fijarse en los adoquines. Sí, ha leído bien. De los dos millones de adoquines que componen la plaza, uno es muy especial y el más famoso de Roma. Se llama “Corazón de Nerón” porque parece haber sido tallado en forma de corazón con un puñal tallado en él. 

No se sabe quién lo hizo ni por qué; de hecho, han circulado varias leyendas sobre él. La mayoría de los románticos creen que fue tallada por Bernini como símbolo del amor que nunca tuvo. Otros creen que fue obra de Miguel Ángel, con la intención de dejar huella de un amor roto. Otra teoría es que se trata de una piedra reciclada o recuperada de otro lugar (un sarcófago o una columna), parte de una inscripción romana en la que no hay corazón, sino una hoja de hiedra. 

La tradición sostiene que, puesto que la Basílica de San Pedro ocupa el área donde antiguamente estuvo el Circo de Nerón, es un homenaje a cuantos murieron martirizados en él. Por ello está aquí labrado, y es nombrado "Corazón de Nerón" en memoria de todas aquellas víctimas. 

Sea como fuere, su evocadora presencia nos adentra un poco más en los secretos y misterios que bullen en la infinita Roma.

lunes, 27 de febrero de 2023

¿Un homosexual puede ser sacerdote católico?



Acerca de la consideración del «derecho» a ser sacerdotes por parte de algunos homosexuales, la Iglesia católica considera el orden sacerdotal como un llamado y no como un derecho. En virtud de que es ella quien verifica la autenticidad del llamado es también ella quien pone las condiciones para hacerlo. Una de los elementos de verificación pasa por el hecho de que la persona sea varón, bautizado y heterosexual. 

Todo lo anterior por tres sencillas razones: 
  1. El sacerdote representa a Cristo que es hombre en todo el sentido y connotación antropológica de lo que hombre significa 
  2. El sacerdote es esposo de la Iglesia (dimensión esponsal del sacerdocio 
  3. El sacerdote está llamado a ser padre. 

Sobre el tema concreto de la posibilidad de que un homosexual sea admitido o no al seminario y, posteriormente, a las órdenes sagradas, el 4 de noviembre de 2005 la Congregación para la Educación Católica (organismo de la Santa Sede que se ocupa, entre otras cosas, del seguimiento a todos los seminarios del mundo) publicó un documento titulado «Sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las órdenes sagradas». 

El documento distingue dos aspectos sobre la homosexualidad: los actos homosexuales y las tendencias homosexuales. Por los primeros entiende el ejercicio activo de la homosexualidad y por lo segundo sólo el impulso; los primeros supondrían un pecado y los segundos no, aunque de cualquier manera los califique de «objetivamente desordenadas». 

Deteniéndose en las «tendencias homosexuales» el documento hace una división ulterior: entre las profundamente arraigadas y las «tendencias homosexuales expresión de un problema transitorio» (por ejemplo, el de una adolescencia todavía no terminada). 

En el libro-entrevista «Luz del Mundo» (Herder 2010) Benedicto XVI responde precisamente a una interrogante incisiva sobre este tema. Le pregunta Peter Seewald: «No es ningún secreto que también entre los sacerdotes y los monjes hay homosexuales. Recientemente causó gran revuelo un escándalo en torno a pasiones homosexuales de sacerdotes en Roma». 

Y a eso respondió el actual Papa emérito: 

«La homosexualidad no es compatible con la vocación sacerdotal. Pues entonces el celibato no tiene ningún sentido como renuncia. Sería un gran peligro si el celibato se convirtiera, por así decirlo, en ocasión para introducir en el sacerdocio a gente a la que, de todos modos, no le gusta casarse, porque en última instancia también su postura ante el varón y la mujer está de alguna manera modificada, desconcertada, y en cualquier caso no se encuentra en la dirección de la creación de la que hemos hablado. La Congregación para la Educación Católica emitió hace algunos años una disposición en el sentido de que los candidatos homosexuales no pueden ser sacerdotes porque su orientación sexual los distancia de la recta paternidad, de la realidad interior de la condición de sacerdote. Por eso, la selección de los candidatos al sacerdocio debe ser muy cuidadosa. Aquí tiene que aplicarse la máxima atención para que no irrumpa una confusión semejante y, al final, por así decirlo, se identifique el celibato de los sacerdotes con la tendencia a la homosexualidad». 

Y vuelve a la carga el entrevistador: «Pero sin duda en monasterios, en clérigos, aunque tal vez no se la vea, hay homosexualidad, homosexualidad no practicada, justamente». 

A lo que responde Benedicto XVI: «Esto también forma parte de las dificultades de la Iglesia. Y los afectados tienen que procurar, por lo menos, no practicar activamente esa inclinación a fin de permanecer fieles al cometido interior de su ministerio». 

He traído aquí estas respuestas de Benedicto XVI porque, en definitiva, apuntan a un aspecto no menos esencial del sacerdocio en la Iglesia de rito latino: el celibato. Incluso en el supuesto de que la homosexualidad no fuera impedimento para el orden sacerdotal, los que al sacerdocio acceden se comprometen libremente a vivir el celibato que supone la renuncia al ejercicio de la sexualidad. Por un sencillo gesto de coherencia ante un compromiso asumido libremente, sería de esperar que viviesen aquello que prometieron. Y eso vale tanto para homosexuales como para heterosexuales.