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jueves, 1 de septiembre de 2016

HACE UN AÑO


El 1 de septiembre de 2015, el Señor llamó a su presencia a nuestro querido Padre Lee Perén Cutzal (a la izquierda en la foto), residente del Colegio Sacerdotal Tiberino, en Roma. El Padre Lee nació en San Juan Comalapa (Guatemala) en 1981. Sus padres, Agripino y Ana María, tuvieron seis hijos, y él fue el mayor de ellos.

Después de diplomarse en Magisterio de Educación Primaria, y tras realizar los estudios eclesiásticos en el seminario de la diócesis de Sololá-Chimaltenango, recibió la ordenación presbiteral el 9 de agosto de 2008 de manos de su Obispo, monseñor Gonzalo de Villa y Vásquez, S.J.

Desde entonces trabajó, primero como formador y después como rector en el seminario menor Señor San José de su diócesis, así como vicepárroco en la iglesia de San Bernardino Patzún, en el departamento de Chimaltenango.

El Padre Lee era un sacerdote rezador, alegre, deportista y buen conversador. Le gustaba mucho la lectura, que estimuló en los alumnos del seminario menor; en concreto era un apasionado de El Señor de los anillos, la famosa trilogía del escritor británico Tolkien. En enero de 2015 el Padre Lee comenzó el blog “Abriendo caminos divinos”, que ha permitido a muchas personas recibir noticias suyas y acompañarle de cerca.

Enviado por su obispo, D. Lee llegó a Roma a comienzos de septiembre de 2013 para cursar la licenciatura en Teología, especialización en Historia de la Iglesia, en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. En la instancia de petición de admisión a este ateneo eclesiástico escribía: “Deseo ser admitido en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz porque quiero continuar con mi formación académica, humana y espiritual, que me ayude a configurarme, cada vez más, a Cristo. 

Después de cinco años de ministerio, me doy cuenta que es imprescindible una sólida formación para afrontar las necesidades de la Iglesia en mi diócesis. Me ilusiona también aprender italiano. Las dificultades que puedan surgir quiero remediarlas con constancia y esfuerzo, con ilusión y alegría, para gloria de Dios”.

En el verano de 2014, mientras el Padre Lee se encontraba en Guatemala para visitar a su familia y buscar material para elaborar su tesis de licenciatura, le fue diagnosticada leucemia. Entonces el Padre Lee regresó inmediatamente a Roma, donde fue atendido durante todo el año académico en el policlínico Campus Bio-Médico.


jueves, 21 de enero de 2016

RESUMEN DE LA VIDA, DE UN GRAN AMIGO III


Un artículo del Padre Lee

Durante la homilía, monseñor Gonzalo de Villa leyó un excelente artículo que el Padre Lee había escrito para la revista Semetabaj (que significa “piedra brillante” en kaqchikel idioma maya que se habla en el altiplano de Guatemala), del seminario mayor Nuestra Señora del Camino. El artículo se titula “Dios te ha mostrado una gran amistad”, el comentario que hizo al Padre Lee un amigo suyo sacerdote que fue a visitarle. El Padre Lee reflexionaba sobre el sentido cristiano del dolor y la enfermedad. Escribía así:

“Ciertamente la fe no quita el sufrimiento, pero nos da la seguridad –¡la certeza!– de que en esos momentos somos objeto del gran Amor divino, nos ha “seleccionado” para afrontar una prueba de la cual saldremos vencedores. Y eso despierta la esperanza. Porque Dios no falla, no abandona, nos da la gracia precisa que necesitamos en ese momento. Dios no pierde batallas. Y se enciende el amor, la caridad. Sentimos la presencia de Dios que es Padre, que me ama y que quiere que corresponda con amor. Está dispuesto a darme innumerables bienes, a purificarme, a través de la penitencia, de ese “camino espinoso”.

Visto el dolor de esta manera, es otra cosa. En otro lado escribía una frase que me gustó mucho cuando la leí: “Poenae sunt pennae”, es un dicho latino que significa que “las penas son alas”. Las penas, el dolor, el sufrimiento ya no serán motivo de tristeza o de postración, al contrario, son alas para poder volar alto, para elevarte a Dios.”

Relevo sacerdotal

Al finalizar la santa Misa en la Catedral de Sololá, el féretro fue trasladado a la parroquia de San Bernardino Patzún, donde había trabajado un año y medio. Durante el trayecto, muchos fieles salieron a las calles para dar su último saludo al Padre Lee. El templo parroquial de Patzún se abarrotó de feligreses. Terminada la celebración eucarística, sus restos prosiguieron camino hacia San Juan Comalapa, donde nació.

Allí fue velado en la casa familiar y al día siguiente, sábado, el Obispo de Sololá-Chimaltenango celebró la Santa Misa exequial en la parroquia del Sagrado Corazón. La iglesia estaba llena a rebosar de comalapenses y patzuneros, que vestían sus vistosos y elegantes trajes. En su homilía, el obispo aplicó a la vida del Padre Lee las palabras de San Pablo a Timoteo: “He peleado el noble combate, he alcanzado la meta, he guardado la fe” (2 Tm 4, 7).

Tras la ceremonia, el féretro fue llevado en hombros por los sacerdotes hasta el cementerio, donde recibió sepultura junto a la tumba de su madre, Ana María, fallecida hace tres años. Había muchos niños y jóvenes que cantaban: “Aquí estoy, Señor, toma mi vida; sacerdote para siempre quiero ser”.

Los cementerios de Guatemala son alegres; se distinguen a lo lejos porque los nichos están pintados con colores vivos: azul, verde, rojo… Sus coloridos invitaban a pensar en la vida eterna que ha iniciado quienes han terminado ya su peregrinación en esta tierra. Para los guatemaltecos, los difuntos viven en sus corazones. Después de las oraciones finales pronunciadas por el obispo, tomó la palabra un sacerdote y, a continuación Agripino, el padre del Padre Lee, que dio las gracias a todos en kaqchikel.

Los restos mortales del Padre Lee reposan ya en su querida Guatemala, tierra de volcanes, país de la eterna primavera. Cuando salí del cementerio y me fui quitando los ornamentos, se acercó un joven y me preguntó: “¿Es usted el sacerdote que ha venido de Roma?”. “Sí”, le contesto. “Pues rece por mí en la basílica de San Pedro, porque deseo ser sacerdote”.

¡Gracias por todo, querido Lee, y descansa en paz!

Roma, 23 de septiembre de 2015
Mons. Miguel Delgado Galindo
Rector del Colegio Sacerdotal Tiberino. Roma 

RESUMEN DE LA VIDA, DE UN GRAN AMIGO II

Algunas complicaciones

El 15 de julio se le practicó el trasplante de médula ósea en el policlínico Tor Vergata, pero a continuación surgieron complicaciones que finalmente no consiguió superar. El Padre Lee afrontó este tiempo con gran sentido sobrenatural, abandonado en la voluntad de Dios. Deseó siempre su curación para seguir sirviendo a las almas a través del ministerio sacerdotal.

Durante estos meses de enfermedad, el Padre Lee fue visitado por muchos sacerdotes, que le acompañaron en los diversos períodos en los que permaneció hospitalizado. El 9 de agosto recibió muchas felicitaciones en el séptimo aniversario de su ordenación sacerdotal. El personal sanitario de los dos hospitales donde estuvo ingresado se quedó removido al contemplar el espíritu con el que afrontaba la enfermedad; antes de fallecer, le pidieron su bendición.

Han sido verdaderamente muchas las personas que han rezado por él en estos meses; a todos les agradecemos su oración y su afecto. Al conocer la noticia del fallecimiento del Padre Lee, el Gran Canciller de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, monseñor Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, rezó un responso por su alma. También manifestó, entre otras cosas, que el Padre Lee fue un sacerdote muy bueno, que había sufrido mucho y que se sentía muy unido a todos sus seres queridos.

Carta de monseñor Jorge C. Patrón

El secretario para los seminarios de la Congregación para el Clero, monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, envió el 4 de septiembre una carta muy afectuosa al Colegio, que ahora reproducimos:

“De corazón y con mis oraciones me uno a este momento de luto que está viviendo la comunidad formativa del Colegio Sacerdotal Tiberino.

Sé que para los hermanos sacerdotes que pudieron estar cerca del padre Lee Perén durante sus difíciles meses de enfermedad, ha sido una experiencia, como aquella de Simón de Cirene, de ayudar a cargar la cruz, sintiendo en los propios hombros el dolor y la limitación humana. Jesús también ha estado al lado de Lee, y ahora lo toma en sus brazos para presentarlo al Padre Misericordioso. Estos meses de enfermedad se constituyen en fuentes de bendición para la Iglesia, especialmente para los sacerdotes que estuvieron a su lado.

Quiero expresarle a sus familiares, especialmente a su querido padre, el señor Agripino, a su querida hermana, Berta, y a sus demás hermanos y familiares, mi cercanía y mi oración, para que, en estos momentos de separación humana, sientan la cercanía espiritual de su hijo y hermano, quien desde el cielo intercederá por ustedes. Imploro la protección maternal de María Santísima sobre cada uno de ustedes, para que en estos momentos reciban consuelo y fortaleza.

A S.E. Mons. Gonzalo de Villa y Vásquez y al presbiterio de la diócesis de Sololá, los acompaño con mi oración, pidiendo al Dueño de la mies que reciba las buenas obras que en esta tierra pudo hacer el padre Perén, y que ahora desde el Cielo continúe su misión sacerdotal intercediendo por esta Iglesia particular, para que no falten en ella muchas y santas vocaciones. Fraternalmente en el Señor”.


El 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen María, se celebró la Misa de exequias por el eterno descanso de D. Lee en la basílica de San Apolinar, contigua a la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Estuvieron presentes su padre Agripino, su tía Berta, el cónsul de Guatemala en Roma, así como sacerdotes –algunos de ellos profesores de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz–, religiosas y fieles laicos. Al día siguiente, los restos mortales del Padre Lee emprendieron el viaje de regreso a Guatemala. A su llegada, después de ser velado una noche en el seminario menor de la diócesis, el obispo de Sololá-Chimaltenango celebró la Eucaristía en la catedral.

Fuente; carfundacion.es

RESUMEN DE LA VIDA, DE UN GRAN AMIGO I


El 1 de septiembre de 2015, el Señor llamó a su presencia a nuestro querido Padre Lee Perén Cutzal (a la izquierda en la foto), residente del Colegio Sacerdotal Tiberino, en Roma. El Padre Lee nació en San Juan Comalapa (Guatemala) en 1981. Sus padres, Agripino y Ana María, tuvieron seis hijos, y él fue el mayor de ellos.

Después de diplomarse en Magisterio de Educación Primaria, y tras realizar los estudios eclesiásticos en el seminario de la diócesis de Sololá-Chimaltenango, recibió la ordenación presbiteral el 9 de agosto de 2008 de manos de su Obispo, monseñor Gonzalo de Villa y Vásquez, S.J.

Desde entonces trabajó, primero como formador y después como rector en el seminario menor Señor San José de su diócesis, así como vicepárroco en la iglesia de San Bernardino Patzún, en el departamento de Chimaltenango.

El Padre Lee era un sacerdote rezador, alegre, deportista y buen conversador. Le gustaba mucho la lectura, que estimuló en los alumnos del seminario menor; en concreto era un apasionado de El Señor de los anillos, la famosa trilogía del escritor británico Tolkien. En enero de 2015 el Padre Lee comenzó el blog “Abriendo caminos divinos”, que ha permitido a muchas personas recibir noticias suyas y acompañarle de cerca.

Enviado por su obispo, D. Lee llegó a Roma a comienzos de septiembre de 2013 para cursar la licenciatura en Teología, especialización en Historia de la Iglesia, en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. En la instancia de petición de admisión a este ateneo eclesiástico escribía: “Deseo ser admitido en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz porque quiero continuar con mi formación académica, humana y espiritual, que me ayude a configurarme, cada vez más, a Cristo. 

Después de cinco años de ministerio, me doy cuenta que es imprescindible una sólida formación para afrontar las necesidades de la Iglesia en mi diócesis. Me ilusiona también aprender italiano. Las dificultades que puedan surgir quiero remediarlas con constancia y esfuerzo, con ilusión y alegría, para gloria de Dios”.

En el verano de 2014, mientras el Padre Lee se encontraba en Guatemala para visitar a su familia y buscar material para elaborar su tesis de licenciatura, le fue diagnosticada leucemia. Entonces el Padre Lee regresó inmediatamente a Roma, donde fue atendido durante todo el año académico en el policlínico Campus Bio-Médico.

Fuente; Carfundacion.es