martes, 11 de septiembre de 2012

¿A qué puedo llegar?



   Imaginemos una persona convencida de que no sirve para algo determinado. Por ejemplo, se ha convencido de que es un mal estudiante. Parece obvio que la mayor parte de su potencial quedará inactivo. Esa persona ya se ha dicho así mismo que no sabe, que no se le da bien eso de estudiar, que nunca podrá ser un estudiante brillante. 

   Cuando una persona está convencida de que va a fracasar, ¿qué motivos tiene para poner un esfuerzo intenso y constante? Con toda seguridad serán unos resultados mediocres, en el mejor de los casos. 

   Imaginemos ahora a otra persona que tiene ilusión y esperanza. Tiene la convicción de que puede hacer rendir mucho más sus talentos. No digo que se crea ser lo que no es, sino que cree que puede sacar más partido a lo que en realidad es. ¿Qué proporción de sus recursos utilizará esa persona? Lo más probable es que sean más animosas, más seguras, con mayor energía. Estará convencida de que llegará más lejos, y pondrá más empeño para lograrlo. Con ese esfuerzo, producirá, con toda seguridad, resultados mejores.

   Pero..., podríamos preguntarnos, ¿es que acaso esas personas no van a fracasar nunca? ¿Es que basta con estar convencido de poder alcanzar algo para alcanzarlo? ¿No es confundir la ilusión con la realidad?

   Es evidente que esas personas también fracasarán muchas veces, como todo el mundo. En el camino de la mejora personal, que es el camino hacia la felicidad, si alguien habla de un avance lineal y sin ningún traspié, sabe muy poco de la realidad humana. 


   Debemos de luchar siempre por lo que queremos alcanzar en la vida, no importando las caídas que podamos tener.

lunes, 10 de septiembre de 2012

IGLESIA Y MINERÍA


En estos días me encontré con un artículo un poco problemático, donde se incluye a la Iglesia y al medio ambiente, el artículo empieza así;

Un artículo de opinión contra la minería (Mineros nos invaden) permite reflexionar sobre el contenido y su autor —el sacerdote Víctor Ruano—, quien alude, entre otras cosas, a la tozudez política y empresarial frente a la sabiduría del pueblo en no querer esa clase de empresas. Desconozco a qué “pueblo” se refiere ni el porqué de ignorar a esa otra población anhelante de empresas generadoras de riqueza que conscientemente esquiva. Tampoco tengo información sobre cuántas minas ha visitado, si comprobó el crecimiento del número de empresas locales

Me cuesta comprender —en un clérigo cristiano— ese sesgo ideológico-radical y no entiendo que aún se sostengan fracasados postulados del entorno de la teología de la liberación, pretendiendo respaldar opiniones radicales con conceptos incorrectos y falaces. Recuerde que “la verdad nos hará libres” y que nos enseñaron que la mentira es un pecado, aunque pareciera que solo para laicos. Le sugiero, padrecito, aplique las sugerencias hechas en estas páginas por monseñor De Villa, donde pedía responsabilidad, seriedad y veracidad, algo ausente en sus afirmaciones, o el llamado a “la conducta moralmente recta” de su colega Mario Molina. Una prueba de humidad sería visitar una mina y comprobar si realmente es tan “Goliat” o “Bestia” como sugiere, o por el contrario, está usted errado (sin “h”). De ser así, súbase al púlpito repleto de humildad y haga su personal acto de constricción, como seguro exige a los demás. Reconozca que no “todo el pueblo” desea lo que usted amañadamente generaliza y que posiblemente no haya “tanta maldad” en quienes promueven un negocio lícito. Es inquietante como cierto liderazgo de la iglesia católica aboga por teorías antidesarrollo, habiendo otras formas más misericordiosas y eficientes de llenar los templos.

Todos somos responsables de predicar, pero con la verdad, con datos y cifras que no entrampen el juicio, con humildad mariana e incluso con la energía que utilizó Jesucristo para expulsar a los mercaderes del templo. Eso no le da pie para creerse —nunca mejor dicho— más papista que el Papa, ni para dejar de lado el coraje de encarar una realidad que termina por enriquecer y hacer más prósperos a sus coterráneos pobres. Hay que llamar a las cosas por su nombre, pero no exaltar los ánimos con vocabulario incisivo ni mucho menos utilizar el poder tras la sotana. El Reino de Dios no requiere de protección medioambiental, aunque sí de resguardo contra manipuladores y cuentistas, religiosos incluidos. Digo yo que en algún lugar encontraron aquellos Reyes Magos el incienso, la mirra y el oro, y que recuerde no hubo condena a la explotación minera, como tampoco la hay cuando se fabrican miles de cálices, copones, patenas, custodias, etc., todas de oro y plata, o se habla del trabajo digno de los mineros en la encíclica Laborem exercens, ¿o habrá otra versión bíblica que desconozco? Aquí. Este artículo fue escrito por:

Pedro Trujillo

Ante esa realidad yo también quiero aportar mi opinión personal. Sé, señor Pedro Trujillo, la catástrofe que provoca una minería, no puede usted imaginarse la división que provoca en la sociedad afectada. Si usamos las palabras del Señor “la verdad os hará libres”, déjeme hablar con la verdad, veamos lo que realmente afecta. Dudo que usted haya conocido el dolor de mucha gente que clama ante el gobierno para que haga algo ante esa realidad. La Iglesia de Guatemala no debe callar las injusticias que se está viviendo en este país. Me alegro por el Padre Ruano que tuvo el suficiente valor para hablar, y desde luego le tocó la llaga y por eso protesta. Con una columna que Usted escribe alimenta a sus familiares, aunque mienta en esta columna, porque sabe perfectamente los daños que causa la minería. Usted lo hace por dinero, la gente que sufre, protesta y clama lo hace por necesidad. 
 


 Veamos lo siguientes apreciables lectores; cada uno tendrá una opinión distinta, compartámosla para poder salvar nuestro mundo, porque dice el Génesis, "y vio Dios todo lo que había hecho y todo era bueno", no destruyamos la creación de Dios.


          


          

domingo, 9 de septiembre de 2012

NUESTRA DIÓCESIS ESTA DE FIESTA



     Sololá-Chimaltenango está de fiesta, porque esta celebrando a Santa María, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores patrona de la Diócesis. Se desborda de alegría la Diócesis, porque goza siempre del cuidado maternal de Santa María. 

     Bajo el título de la Virgen de los Dolores se venera a María en muchos lugares y una de ellas es Nuestra Diócesis. La fiesta de nuestra Señora de los Dolores se celebra el 15 de septiembre pero también lo recordamos el viernes santo y recordamos en ella los sufrimientos por los que pasó María a lo largo de su vida, por haber aceptado ser la Madre del Salvador.

    Este día se acompaña a María en su experiencia de un muy profundo dolor, el dolor de una madre que ve a su amado Hijo incomprendido, acusado, abandonado por los temerosos apóstoles, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.

    Es Ella quien, con su compañía, su fortaleza y su fe, nos da fuerza en los momentos de dolor, en los sufrimientos diarios. Pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de Ella y comprender que, en el dolor, somos más parecidos a Cristo y somos capaces de amarlo con mayor intensidad.


     Pidamos a Nuestra Madre, que nos auxilie siempre con su intercesión, y pidamos especialmente por los frutos de la convivencia que se realizó en el Seminario Mayor, para que los jóvenes se dejen guiar por el Espíritu Santo bajo el cuidado de Santa María.

sábado, 8 de septiembre de 2012

EN HONOR A NUESTRA MADRE




     Los jóvenes de la parroquia de San Martín de Tours tomaron la iniciativa este año con el apoyo del Diácono, de dar una serenata a Nuestra Madre en su cumpleaños, y realmente fue de maravilla, se involucraron todos los jóvenes de distintos grupos, hubo quema de cohetillos y bombas.

     De esta manera se inició esta fiesta, celebrando el cumpleaños de nuestra Corredentora. Terminando la serenata inició el rezo del santo Rosario, cantos y posteriormente la celebración de la Santa Misa.

   Agradecemos a todos los hermanos que nos apoyaron a los jóvenes especialmente, esperamos que no sea la primera y última vez, sino celebrar año con año y cada vez más grande, porque nuestra Madre merece lo mejor de nosotros.

Cantando

Feliz cumpleaños Madre.