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sábado, 10 de junio de 2017

LA SANTÍSIMA TRINIDAD NO ES EL PRODUCTO DE RAZONAMIENTOS HUMANOS


Hoy es el domingo de la Santísima Trinidad. reconocemos que Dios no es una cosa vaga, nuestro Dios no es un Dios «spray», es concreto, no es un abstracto, sino que tiene un nombre: «Dios es amor». No es un amor sentimental, emotivo, sino el amor del Padre que está en el origen de cada vida, el amor del Hijo que muere en la cruz y resucita, el amor del Espíritu que renueva al hombre y el mundo. Pensar en que Dios es amor nos hace mucho bien, porque nos enseña a amar, a darnos a los demás como Jesús se dio a nosotros, y camina con nosotros. Jesús camina con nosotros en el camino de la vida.

La Santísima Trinidad no es el producto de razonamientos humanos; es el rostro con el que Dios mismo se ha revelado, no desde lo alto de una cátedra, sino caminando con la humanidad. Es justamente Jesús quien nos ha revelado al Padre y quien nos ha prometido el Espíritu Santo. Dios ha caminado con su pueblo en la historia del pueblo de Israel y Jesús ha caminado siempre con nosotros y nos ha prometido el Espíritu Santo que es fuego, que nos enseña todo lo que no sabemos, que dentro de nosotros nos guía, nos da buenas ideas y buenas inspiraciones.

La Trinidad es comunión de Personas divinas, las cuales son una con la otra, una para la otra y una en la otra: esta comunión es la vida de Dios, el misterio de amor del Dios vivo. Y Jesús nos reveló este misterio. Él nos habló de Dios como Padre; nos habló del Espíritu; y nos habló de sí mismo como Hijo de Dios.

Nos renueva la misión de vivir la comunión con Dios y vivir la comunión entre nosotros según el modelo de la comunión divina. No estamos llamados a vivir los unos sin los otros, por encima o contra los demás, sino los unos con los otros, por los otros y en los otros. Esto significa acoger y testimoniar la belleza del Evangelio; vivir el amor recíproco y hacia todos, compartiendo alegrías y sufrimientos, aprendiendo a pedir y conceder el perdón, valorizando los diversos carismas bajo la guía de los pastores. En una palabra, se nos encomienda la tarea de edificar comunidades eclesiales que sean cada vez más familia, capaces de reflejar el esplendor de la Trinidad y evangelizar, no sólo con las palabras, sino con la fuerza del amor de Dios que habita en nosotros.

En el Éxodo, Dios se presenta como compasivo, paciente, misericordioso y fiel. Un Dios con un par de “brazos”, el de la compasión, es un brazo largo que siempre consigue abrazar a los hijos más distantes; el brazo de la justicia. De ese Dios amoroso hemos recibido la oferta de vida más generosa, a través de su hijo Jesús, que se volcó desmedidamente como servidor de todos y en particular, de los pequeños y débiles.


sábado, 15 de junio de 2013

LA IMPOSICIÓN DE LAS MANOS

Imposición de las manos
Desde las religiones más antiguas la imposición de las constituye un símbolo de bendición. Profetas, sacerdotes y otras personas consagradas imponían las manos para bendecir representando a la misma divinidad. Se imponen también las manos para la curación de enfermedades.

En el Antiguo Testamento la imposición de las manos constituye una expresión visible de la transmisión de una bendición. El mismo gesto expresa la transmisión de un cargo o misión, el gesto significaba también la liberación de una opresión como la impureza o el pecado.

Jesús impone las manos a los niños como señal de bendición. La transmisión de la bendición mediante la imposición de las manos se manifiesta también en las numerosas curaciones milagrosas de Jesús.

En la reconciliación de los penitentes o Confesión, al absolver al pecador, el sacerdote impone las manos o al menos la mano derecha. Es señal de reconciliación, de perdón, de acogida y al mismo tiempo de transmisión del don del Espíritu Santo, para que mediante el don de la Penitencia el pecador pueda evitar el pecado y vivir siempre en actitud de conversión.

En la Celebración Eucaristía, la consagración es precedida por la imposición de las manos sobre las ofrendas, acompañada por una fórmula de invocación del Espíritu Santo.


La Unción de los enfermos también es precedida por una imposición de las manos, señal de bendición, de sanación, de alivio y de transmisión de la fuerza del Espíritu Santo para que el enfermo pueda ser aliviado.