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jueves, 30 de abril de 2020

EL SENTIDO DE LA FELICIDAD

Entregando un pequeño obsequio a un niño, el día de su primera comunión

La felicidad no está ni en el pasado ni en el futuro, es hoy.
La cosa más fácil, equivocarse.
El obstáculo más grande, el miedo.
El error mayor, abandonarse.
La raíz de todos los males, el egoísmo.
La distracción más bella, el trabajo.
La peor derrota, el desaliento.

Los mejores profesores, los niños.
La primera necesidad, comunicarse.
Lo que nos hace más feliz, ser útiles a los demás.
El misterio más grande, la muerte.
El peor defecto, el malhumor.
La persona más peligrosa, la mentira.
La mayor satisfacción, el deber cumplido.

El sentimiento más ruin, el rencor.
El mejor remedio, el optimismo.
El regalo más bello, el perdón.
El resguardo más eficaz, la sonrisa.
Lo imprescindible, el hogar.

La ruta más rápida, el camino correcto.
La sensación más grata, la paz interior.
La fuerza más potente del mundo, la fe.
Las personas más necesarias, los padres.
La cosa más bella de todas, el amor.

viernes, 26 de febrero de 2016

HACIA DONDE VAMOS


Dios ha creado al hombre para manifestar y comunicar su bondad y amor, de forma que pueda conocerle y amarle cada día más y así le sirva libremente en esta vida, gozando después con Él para siempre en el cielo. Dios quiere que seamos felices aquí en la tierra y después eternamente con Él en el cielo. Si nos preguntan a los cristianos hacia dónde vamos, la respuesta también es clara: al cielo. Si no conseguiremos esta meta, nuestra vida sería un fracaso.

viernes, 3 de octubre de 2014

¿ POR QUÉ VIVIMOS?

Nosotros necesitamos no sólo el pan material, necesitamos amor, sentido y esperanza, un fundamento seguro, un terreno sólido que nos ayude a vivir con un sentido auténtico, incluso en la crisis, en la oscuridad, en las dificultades y problemas cotidianos. La fe nos dona precisamente esto: en una confiada entrega a un "Tú", que es Dios, que me da una certeza diferente, pero no menos sólida que la que proviene del cálculo exacto o de la ciencia.


La fe no es un mero asentimiento intelectual del hombre a las verdades particulares sobre Dios, es un acto con el cual me entrego libremente a un Dios que es Padre y que me ama, es adhesión a un "Tú" que me da esperanza y confianza. Ciertamente, esta unión con Dios no carece de contenido: con ella, sabemos que Dios se ha revelado a nosotros en Cristo, que hizo ver su rostro y se acercó realmente a cada uno de nosotros.

Ser feliz 

domingo, 7 de septiembre de 2014

PAISES MÁS FELICES DEL MUNDO


El día de ayer Monseñor Gonzalo compartía en Prensa Libre el estudio realizado sobre los países más felices del mundo, y nuestro país es una de ellas. Leamos el artículo; El estudio obviamente preguntaba sobre las percepciones subjetivas de las personas en cuanto a la valoración de lo positivo en su vida, sobre las emociones positivas, sobre el peso de lo que más hace reír que llorar, sobre lo que hace sentirse a uno agradecido con la vida, y si se es creyente, como lo somos la mayoría de los guatemaltecos, agradecidos con Dios.

El contraste entre esa percepción subjetivamente positiva de la gente y el océano de datos que remarcan hechos objetivos de negatividad en el país es abismal. Los datos sobre violencia, extorsiones, desigualdad, corrupción, migración, rupturas familiares, pobreza e inseguridad apunta a que somos un país muy desigual, crecientemente violento y con gran desconfianza en una mayoría de instituciones públicas.
La preocupación sobre la ingobernabilidad como horizonte inquietante, sobre la conflictividad social como escenario cotidiano, sobre la degradación moral que se expresa en encontrar sicarios de 12 años es algo que tiñe de colores sombríos el futuro del país.

¿Cómo explicar entonces esta dicotomía entre gente feliz a pesar de todo y el cúmulo cotidiano de desastres en que vivimos?

Aventuro cuatro explicaciones para que la felicidad no nos abandone y no lo haga en ningún sector social. La primera explicación creo que tiene que ver con la fe. Fe religiosa ciertamente, pero no solo esa. El día de hoy en que escribo, un hombre de aldea, en zona más bien árida, riéndose en medio de todo, me hablaba de esa bendita sequía que nos ha caído este año. La frase refleja humor y también fe. Sin Dios no somos nada, de Él dependemos, Él nos alegra y nos bendice, y ello constituye un tesoro con el que arrostrar desgracias a veces mayores que las del santo Job.

La segunda explicación es que nada sacamos de sentirnos mal. Ver lo positivo de la vida aun en los momentos más tristes es una cualidad que uno encuentra en la cultura guatemalteca popular por todos los rincones del país. Por eso los velorios pueden ser alegrísimos y la alegría hasta irreverente de tertulianos no molesta, sino que consuela a los deudos más inmediatos.

En tercer lugar, la familia y las redes familiares, aun cuando en muchos momentos puedan ser fuente de sufrimientos hondos son también espacios de solidaridad, de cariño, de compartir lo simple y lo profundo de la vida y ello nos hace felices, a pesar de todo.


Finalmente, esa felicidad aun en los peores momentos nos consuela porque somos una cultura muy emocional. Esa emotividad es riqueza humana grande pero puede ser también limitación. Nos conformamos con sentirnos bien o con indignarnos juntos, pero ello no necesariamente arregla los problemas de fondo que nos hacen padecer. La tristeza nos acecha aunque con la alegría y el optimismo la escondemos, hasta donde se deja. Tal vez corrigiendo el título podemos decir que en el fondo somos un país tristemente feliz, pero feliz por encima de todo.