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domingo, 8 de septiembre de 2019

JESÚS NAZARENO DE PAYOLÁ


Jesús Nazareno de Payolá

Su historia se pierde en el tiempo sin dejar de situarse en el año 1600; cuando según la tradición fue donada por el caballero español apellidado Payolá que lo veneraba en la hacienda de su propiedad ubicada en el paraje de la región denominada “Los Pinos”; a El Calvario de la villa de Chimaltenango, lugar en donde por largos años fue muy venerado por los pueblos aledaños que lo visitaban en romerías.

Al correr de tantos años de veneración al Señor de Payolá, como cariñosamente le llama el pueblo, en el año 1976 después del terremoto que azotó nuestra república, y a raíz de los daños causados por esto fue llevado a restauración, la cual se realizó en la Antigua Guatemala, corriendo con los gastos la señora Helen Lossi de Laugerud, en ese entonces Primera Dama de la Nación.

Fue así como un grupo de personas devotas a tan Venerada Imagen se organizan para constituirse más adelante como hermandad, con la autorización del párroco Eduardo Fuentes Duarte.

A principios de septiembre de ese mismo año, ya conformada la hermandad, realiza las gestiones necesarias ante las autoridades Religiosas, Civiles y Militares, para la Consagración de tan bella Imagen.

Llevando a cabo tan trascendental acontecimiento el día 14 de septiembre de ese mismo año a las 10 de la mañana con la Santa Misa Solemne y con el Ritual Litúrgico correspondiente. Oficiado por el primer Obispo de la Diócesis de Sololá-Chimaltenango, Monseñor Angélico Melotto, realizándose dicho acto en la iglesia en construcción.

Jesús Nazareno de Payolá se convierte así en la primera imagen consagrada en el departamento de Chimaltenango y única del municipio, hasta nuestros días. Dicho día de gozo para la Iglesia chimalteca, quedo grabado en el recuerdo de este pueblo que entonces lo aclamó  y engalanó con el festejo que en su honor se llevó a cabo, en la entonces iglesia parroquial y lugares aledaños a la misma.







Todas las fotografías tiene derecho de autor.


domingo, 29 de marzo de 2015

PRIMER DOMINGO DE RAMOS EN UNA HUMILDE ALDEA



Cuando Jesús y los suyos iban de camino a Jerusalén, al llegar a Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, les dijo a dos de sus discípulos: “Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrado un burro que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganmelo. Si alguien les pregunta por qué lo hacen, contéstenle: 'El Señor lo necesita y lo devolverá pronto' “.

Fueron y encontraron al burro en la calle, atado junto a una puerta, y lo desamarraron. Algunos de los que allí estaban les preguntaron: “¿Por qué sueltan al burro?”. Ellos les contestaron lo que había dicho Jesús y ya nadie los molestó. Llevaron el burro, le echaron encima los mantos y Jesús montó en él. Muchos extendían su manto en el camino, y otros lo tapizaban con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante de Jesús y los que lo seguían, iban gritando vivas: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en el cielo!”.

sábado, 28 de marzo de 2015

SE ENTREGÓ PORQUE ME AMÓ


Nuestra celebración de hoy comienza con Hosanna y culmina con Crucifícalo. Sin embargo, esto no es un contrasentido, es más bien el corazón del misterio. El misterio que se quiere proclamar es el siguiente: Jesús se entregó voluntariamente a su pasión; no ha sido abatido por las fuerzas superiores a él: Nadie me quita (la vida); yo la doy de mí mismo (Jn. 10,18). 


Es él quien escrutando la voluntad del Padre comprendió que llegó su hora y la acogió con obediencia libre de hijo y con infinito amor por los hombres: Sabiendo que ha llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

sábado, 19 de abril de 2014

QUERIDO CUCURUCHO

Para los que creen que por cargar el anda en estos días ya están salvados o ya purificaron sus pecados. Tengan cuidado porque es un gran error, harían del sacrificio de Nuestro Señor algo inútil, todos los sacramentos no servirían para la salvación. Dejaríamos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús simplemente en un hecho histórico pero que no nos afecta en nada.  


martes, 16 de abril de 2013

LAS PERSECUCIONES


Muy pronto el Evangelio encontraría oposición, que primero vino de los judíos y luego, de los gentiles. Las persecuciones sirvieron para llevar la semilla del Evangelio por otros lugares. También hubo muchos mártires: fieles que dieron su vida por amor a la verdad del Evangelio. 

Desde el comienzo los emperadores romanos desataron, a veces instigados por los judíos, fuertes persecuciones contra los que creían enemigos del estado. Se conocen dos principales (mitad del s. III), de Decio y Valeriano, militares anárquicos. 

La tercera fue la más cruel bajo Dioclesiano y quizá a su pesar: este emperador había logrado reorganizar el imperio, aunque en línea de disminución de la libertad. Pocas defecciones. Conocemos detalles por las narraciones históricas de Eusebio, obispo de Cesárea de Palestina. Desde el inicio, a los mártires se les tributó una veneración especial que se manifestaba en la conmemoración del día de su muerte (dies natalis: día de su nacimiento al Cielo, verdadera Vida) y en la construcción de altares sobre sus reliquias. El primer mártir fue el diácono Esteban (Hch 7, 54 y ss).

viernes, 29 de marzo de 2013

CONTEMPLAR LA PASIÓN

La Pasión

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido? Respóndeme. Yo te di a beber el agua salvadora que brotó de la peña; tú me diste a beber hiel y vinagre. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho...?

La liturgia de estos días nos acerca ya al misterio fundamental de nuestra fe: la Resurrección del Señor. Si todo el año litúrgico se centra en la Pascua, este tiempo «aún exige de nosotros una mayor devoción, dada su proximidad a los sublimes misterios de la misericordia divina». «No recorramos, sin embargo, demasiado deprisa ese camino; no dejemos caer en el olvido algo muy sencillo, que quizá, a veces, se nos escapa: no podremos participar de la Resurrección del Señor, si no nos unimos a su Pasión y a su Muerte (Cfr. Rom 8, 17). 

Para acompañar a Cristo en su gloria, al final de la Semana Santa, es necesario que penetremos antes en su holocausto, y que nos sintamos una sola cosa con Él, muerto sobre el Calvario». Por eso, durante estos días, acompañemos a Jesús, con nuestra oración, en su vía dolorosa y en su muerte en la Cruz. Mientras le hacemos compañía, no olvidemos que nosotros fuimos protagonistas de aquellos horrores, porque Jesús cargó con nuestros pecados, con cada uno de ellos. Fuimos rescatados de las manos del demonio y de la muerte eterna a gran precio, el de la Sangre de Cristo.

La costumbre de meditar la Pasión tiene su origen en los mismos comienzos del Cristianismo. Muchos de los fieles de Jerusalén de la primera hora tendrían un recuerdo imborrable de los padecimientos de Jesús, pues ellos mismos estuvieron presentes en el Calvario. Jamás olvidarían el paso de Cristo por las calles de la ciudad la víspera de aquella Pascua. Los evangelistas dedicaron una buena parte de sus escritos a narrar con detalle aquellos sucesos. 

Santo Tomás de Aquino decía: «la Pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida». Y visitando un día a San Buenaventura, le preguntó Santo Tomás de qué libros había sacado tan buena doctrina como exponía en sus obras. Se dice que San Buenaventura le presentó un Crucifijo, ennegrecido ya por los muchos besos que le había dado, y le dijo: «Este es el libro que me dicta todo lo que escribo; lo poco que sé aquí lo he aprendido». 

En él los santos aprendieron a padecer y a amar de verdad. En él debemos aprender nosotros. «Tu Crucifijo. —Por cristiano, debieras llevar siempre contigo tu Crucifijo. Y ponerlo sobre tu mesa de trabajo. Y besarlo antes de darte al descanso y al despertar: y cuando se rebele contra tu alma el pobre cuerpo, bésalo también».