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miércoles, 19 de enero de 2022

LOS TIPOS DE LAS REDES SOCIALES. TÚ, ¿CUÁL ERES?



La llegada de las redes sociales ha alterado nuestros vínculos y relaciones sociales. No sabemos si para bien o para mal. Pasamos horas tecleando en nuestro smartphone, escribiendo mensajes y actualizaciones, enviando tuits o publicando fotos y selfies. 

Todos, quien más, quien menos, compartimos nuestra vida por medio de una pantalla, intentado presentarla a los demás lo más bella y atractiva posible. De este modo, consciente o inconscientemente, nos estamos convirtiendo en tipos de las redes sociales. 

Pero hay una paradoja. Cuanto más nos exponemos “nosotros mismos” en las redes sociales, publicando nuestras imágenes o manifestando pensamientos personales, más nos convertimos en simples etiquetas dentro de grandes categorías. En Facebook, Instagram o en Twitter, cualquier usuario parece perder su identidad personal para transformarse en una simple tipología de usuario. Hay muchas categorías. 

Como un divertimento, hemos identificado sólo las más representativas. ¿Te reconoces en alguna? 

Los “ZAPPEROS”: son los que miran y controlan todas las noticias, no les gusta hacer entradas de texto y se conforman con ver la vida de los demás. Les gusta hacer "zapping" pasando revista a los muros de noticias, y los perfiles de los demás, en parte aburridos, en parte interesantes. 

Los NCIS: después de años de “voyerismo” han desarrollado el difícil arte del control. Si conocen a alguien, sienten el impulso de lanzar búsquedas. Comprueban si se tienen amigos en común o grupos, conocen al dedillo las informaciones personales, desde la fecha del cumpleaños a cómo se llama el pariente más próximo. No dejan ninguna huella en el escenario del crimen y no toman parte en ningún diálogo. 

Los NIKITA: siempre informados y dispuestos a afirmar con cierta arrogancia: “Si, lo sé, lo ha escrito o lo ha publicado…”. Saben todo de todos. Flirteos y movimientos de sus contactos son el pan de cada día. Como todo espía que se respete, hablan poco y actúan mucho, pero cuando hay que dar juicios de valor están en primera línea, y por supuesto se comunican en chats privados, y lo habitual es que informen a los amigos. 

Los CULTURISTAS/PROVOCADORES: concentrados sobre ellos mismos y siempre dispuestos a exhibir musculatura y sesiones de entrenamiento, carreras, concursos, aman su cuerpo y tienen el like incorporado también a sus fotos. Si se “gustan”, ¿por qué ocultarlo? 

Los PETER PAN: aquellos para los que cualquier rincón del mundo es bello, y sienten la necesidad innata de compartir lo que ven, un ocaso maravilloso o una jornada lluviosa, se contentan con los aforismos porque les gusta suscitar emociones, lanzando fotos por arrobas. 

Los POETAS NAVEGANTES: les gusta hacer crónicas de sus viajes, largos o cortos. Quieren compartir sus desplazamientos, no pueden evitarlo. Conocen de memoria las frases célebres de poetas o cantantes y no desdeñan acoplar fotos con frases. Es obvio que se sienten innovadores. 

Los CONTESTATARIOS: son siempre polémicos. El tema no importa, no pierden ocasión de discutir. No les importa si se trata de política o de un concierto. Toman partido y lanzan granadas de mano con frases inoportunas y, a veces, sin ningún sentido. 

Los VIOLENTOS: pase lo que pase, proclaman a voces que no están de acuerdo: son un tipo evolucionado de los contestatarios que se centran en las discusiones de un “cierto nivel”, de política o economía, por ejemplo. 

Los ODIADORES/INSTIGADORES: definidos com haters (odiadores), tienen que dar su opinión porque el mundo no puede vivir sin ellos. Aborrecen a todos, odian a diestra y siniestra. Ofenden, utilizan un lenguaje grosero, condimentado con frecuencia con evidentes errores gramaticales. 

Los MELODRAMÁTICOS: están enfadados con el mundo todos los días. Comparten frases al azar para que otros, a menudo indefinidos, lean entre líneas. Incansables y tenaces pueden seguir indefinidamente. 

Los RELIGIOSOS: Comparten cualquier cadena de San Antonio, escriben “amén” bajo las fotos y te dan los buenos días compartiendo el santo del día.

miércoles, 5 de enero de 2022

DESDE LAS REDES SOCIALES A LAS REDES REALES. LA SOLIDARIDAD CORRE EN LA WEB


Las redes sociales siguen siendo las herramientas que han tenido el impacto más significativo en nuestra vida de relación. Es una aparente paradoja que, lo que algunos llaman “instrumentos de una comunicación desencarnada", porque eliminan la interacción del cuerpo, se convierten, cada vez más, en un instrumento para que esos mismos cuerpos puedan encontrarse en la vida real, compartiendo eventos y experiencias de naturaleza distinta. 

Son muchas las personas que, a través de las redes sociales, y de la red en general, se conocen, o se encuentran y vuelven a verse; y sucede que esa relación no se limita sólo a la pantalla, sino que, a través de la red, somos capaces de construir verdaderas redes de solidaridad, de participación, que operan en territorios más o menos extensos. 

En todo el mundo se han difundido iniciativas, nacidas en Internet y que han crecido en las redes sociales, que permiten a las familias intercambiar no sólo reflexiones y experiencias, sino también ayudarse mutuamente, apoyarse recíprocamente en la vida cotidiana. 

Redes personales y redes familiares 

Las redes personales en las sociedades occidentales modernas suelen estar compuestas tanto por miembros de la familia como por miembros desconocidos. Las investigaciones muestran que los miembros de la familia fomentan el contacto con otros tipos de miembros de la familia. Las redes de familias, por lo tanto, se amplían y a menudo buscan el encuentro, más allá de la mera conexión, con fines de solidaridad, voluntariado o para compartir experiencias. 



Las redes sociales "virtuales" se convierten así en un instrumento de conexiones "reales" y son vistas, cada vez más, como un remedio para el individualismo y el aislamiento al que muchos se sienten condenados. Sucede, entonces, que la red se utiliza para construir relaciones y amistades que ojalá puedan transformarse, o volver a ser, reales, es decir, hechas de encuentros entre personas de carne y hueso. 

En la página web puedes buscar y contactar con el viejo amigo del colegio, el primo lejano, el profesor de bachillerato, y esto le pasa especialmente a la generación nacida en la segunda mitad del siglo XX; o los millennials y post-millenials pueden conectar con el youtuber más de moda, el influencer con más seguidores. La realidad virtual, ahora, ya no es sólo evasión, sino que se configura como una dimensión de la realidad que afecta profundamente la estructura y organización de nuestra mente y de la forma en que vivimos. 

Por esta razón, cuando hablamos de redes sociales preferimos, de momento, referirnos a las ‘redes sociales híbridas', es decir, constituidas al mismo tiempo por vínculos virtuales y reales. Los estudiosos hablan de un nuevo espacio social, la 'interrealidad', considerado mucho más maleable y dinámico que las redes sociales anteriores, y que caracteriza absolutamente la vida cotidiana de cada uno. 

Facebook, por ejemplo, representa un entorno en el que las relaciones online también se basan en relaciones offline y se mezclan con nuevas relaciones, cuyo propósito, en algunos casos, es compartir un proyecto común. A veces las comunidades virtuales están acompañadas por las existentes, amplificándolas, o bien las preceden, aumentando así las oportunidades y creando interacciones entre personas que no se conocen entre sí, pero que se unen para lograr un objetivo común de carácter social, o incluso económico (crowdfunding). 

Han llamado la atención de la prensa varios eventos que han contado con la participación de miles de personas, involucradas a través de la "plaza virtual", reunidas esta vez en las plazas reales. Pensemos en el eco de las acciones ecológicas de Greta Thunberg que, partiendo de la página web, y contando con la amplificación de los medios tradicionales, ha conseguido reunir en las plazas a millones de personas de todo el mundo. 

Después ha llegado el hashtag, herramienta de agregación inmediata y virtual por excelencia. Cada hashtag es un lugar donde cada uno puede decir lo suyo y ver lo que dicen los demás, y decidir reunirse. Miles de personas, reunidas a través de hashtags particulares, se reúnen en plazas reales para compartir momentos de oración y solidaridad, como ocurrió, por ejemplo, el día después de algunos atentados terroristas. 

Tal vez podamos decir realmente que ya no hay diferencia entre el mundo real y el mundo virtual. Es un hecho cotidiano que, más allá de la mayor o menor alfabetización informática, la vida real también pasa, inevitablemente, a través de los contactos online, y que todo esto, al final, produce el riesgo de aislarnos, aunque a menudo termine uniéndonos y uniéndonos realmente. 



¿Qué riesgos y qué beneficios? ¿Debemos preocuparnos o podemos aprovecharlo? 

La característica de las redes sociales, de ser aceleradoras y organizadoras de relaciones y sociabilidad, no debe asustarnos, si, como sucede con tantas experiencias positivas, estas relaciones son capaces de enriquecer de afectividad y significado profundo la vida dentro y fuera de la pantalla. 

El mensaje, y todo lo que la comunicación social puede transmitir y comunicar, más que identificarse automáticamente con el medio, dependerá principalmente de la persona, protagonista indiscutible de la relación, ya sea online que offline.

jueves, 16 de diciembre de 2021

DESGASTAR LAS SUELAS DE LOS ZAPATOS

© ugurgallen


Pensemos en el gran tema de la información. Opiniones atentas se lamentan desde hace tiempo del riesgo de un aplanamiento en los “periódicos fotocopia” o en los noticieros de radio y televisión y páginas web que son sustancialmente iguales, donde el género de la investigación y del reportaje pierden espacio y calidad en beneficio de una información preconfeccionada, “de palacio”, autorreferencial, que es cada vez menos capaz de interceptar la verdad de las cosas y la vida concreta de las personas, y ya no sabe recoger ni los fenómenos sociales más graves ni las energías positivas que emanan de las bases de la sociedad. 

La crisis del sector editorial puede llevar a una información construida en las redacciones, frente al ordenador, en los terminales de las agencias, en las redes sociales, sin salir nunca a la calle, sin “desgastar las suelas de los zapatos”, sin encontrar a las personas para buscar historias o verificar de visu ciertas situaciones. 

© ugurgallen

Si no nos abrimos al encuentro, permaneceremos como espectadores externos, a pesar de las innovaciones tecnológicas que tienen la capacidad de ponernos frente a una realidad aumentada en la que nos parece estar inmersos. 

Cada instrumento es útil y valioso sólo si nos empuja a ir y a ver la realidad que de otra manera no sabríamos, si pone en red conocimientos que de otro modo no circularían, si permite encuentros que de otra forma no se producirían.

lunes, 13 de diciembre de 2021

QUIZÁ NO TODA LA CULPA ES DE LAS REDES SOCIALES ENSEÑAR A MIRAR, ESCUCHAR, Y EMPATIZAR

© Samyang 

Regularmente siempre buscamos un culpable a todas las cosas malas, lo mismo pasa con los modernos instrumentos de comunicación responsables de muchas deficiencias en el ámbito de las relaciones humanas en la sociedad. 

Ciertamente, estos medios tienen límites y, si no hay equilibrio en quien los usa, pueden ser peligrosos, llegando incluso a causar en algunos casos crisis depresivas. 

De vez en cuando conviene desplazar la atención desde los objetos hacia quienes los utilizan, para recordarnos que siempre somos nosotros los responsables de lo que sucede, y no las cosas que poseemos. 

La capacidad de comunicar auténticamente nace en familia por mucho que las redes sociales puedan contribuir a “aplanar” los sentimientos, a inhibir la capacidad de diálogo, comprensión y análisis, marca la diferencia siempre lo que se siembra en los corazones y en las mentes de los niños. 

Una comunicación personal -en el sentido literal del término– se da cuando se reconoce en el otro un “tú” con el que encontrarse y hacer que salga a la superficie. Una relación de este tipo, una relación “yo - tú”, en lugar de "yo - esto" -como dice el filósofo Martin Buber-, se construye mucho más fácilmente si uno ha sido tratado como un “tú”, desde siempre, es decir, desde pequeño. 

Voy a proponer tres aspectos de la comunicación que, a mi juicio, no deben faltar en una familia, si se quiere educar a los hijos para unas relaciones “reales”, sinceras y profundas:

Mirar al otro con atención: Si muchos jóvenes no saben “mirar a los demás” no es sólo porque estén ofuscados por sus teléfonos, porque en primer lugar, ellos no han sido “mirados”. Es posible que, precisamente porque no saben relacionarse con los demás, rehusan ese trato, escondiéndose detrás de un teclado. 

Si los jóvenes no valoran la belleza del prójimo, quizás es porque, como sostiene el escritor Alessandro D'Avenia, nadie ha visto y les mostrado la belleza que hay en ellos. Todo educador, especialmente los padres, están llamados a hacer esto: mirar con profundidad en la vida de los hijos, prestar atención a cada cosa, a los detalles, a la expresión del rostro. Ha de observar lo que el niño o el joven ama, lo que no le gusta, lo que le produce alegría o dolor. 

Está llamado a mostrarle su belleza. Todo esto implica ponerlo en el centro y no en los márgenes de la vida, sabiendo que quien ha sido tratado como "persona", quien se siente importante para alguien, aprende a tratar como personas a los demás , independientemente de que tenga o no un móvil en el bolsillo. Proximidad y disposición a escuchar.

El egocentrismo y la vanidad imperan en la sociedad

Hablamos, contamos, mostramos de nosotros mucho más de lo que nos preocupamos de los otros. Las redes sociales y la tv ponen mucho de su parte para favorecer estas actitudes: en ellos es más fácil exhibirse que darse al prójimo. 

Si los medios de comunicación tuvieran el poder de cerrar automáticamente los oídos y el corazón de quien los usa, deberíamos decir que quienes los utilizan son obtusos y narcisistas, egocéntricos e insensibles hacia los demás. Pero no es así. La capacidad o incapacidad de acercarse a otro no nacen de las redes sociales: tienen que ver con algo más profundo. 

Tienen que ver con la madurez afectiva, con la vida interior. Y la familia tiene un papel importantísimo en ese enseñar la proximidad, sin la cual no hay comunicación auténticamente humana. 

Como educadores y padres debemos dar ejemplo, escuchando el doble de lo que hablamos, pues, como dice el filósofo griego Zenón de Citio, siglo IV A.C, tenemos dos orejas y una sola boca precisamente por esto. 

Si en la familia se aprende a escuchar y a interesarse por los demás, Instagram o Facebook no harán perder estas preciosas cualidades. 

Educarse y educar para la empatía 

¿Cuántas veces leemos en las redes sociales comentarios frívolos o despectivos, llenos de lugares comunes y de odio? ¿Cuántas veces observamos insensibilidad y superficialidad al aproximarnos a la vida de los demás? 

"Las redes sociales nos han hecho cínicos y despiadados", dicen algunos. Ciertamente, pasar horas y horas ante una pantalla no facilita hablar con otros, percibidos tan distantes que casi resultan irreales. Enseñar a un niño o a un joven a preguntarse qué le pasa por la cabeza y el corazón al otro es una gran riqueza. 

La empatía hay que experimentarla en la familia en primer lugar: no es irrelevante si alguien enjuga las lágrimas de un niño, si se le pregunta cómo está, cómo le va con los compañeros de clase, si hay algo que le hace sufrir, por qué ha hecho un determinado gesto. 

Un niño o un joven que ha experimentado la empatía hacia él mismo será más propenso a tener empatía hacia los demás. Las redes sociales pueden complicar el trabajo del educador, pero no deben convertirse en una coartada ni en el chivo expiatorio, para no admitir carencias educativas y afectivas que no dependen de ellos.

martes, 7 de diciembre de 2021

LOS SIETE PECADOS CAPITALES DE LAS REDES SOCIALES

© mr.kalopsia


Hace algunos años, el fundador de Linkedin, Reid Hoffman, explicó su teoría sobre el éxito de las redes sociales: 

Y decía que “Las redes sociales funcionan cuando representan uno de los siete pecados capitales”. Y añadía: “Zynga es la pereza. Linkedin responde a la avaricia. Facebook, a la vanidad”. No creo que Hoffman solo bromeaba. Las redes sociales de hecho son un verdadero espejo de nuestro carácter, de nuestra personalidad y sobre todo son una representación real de nuestros pecados y nuestros defectos. De hecho, es apropiado decir “Dime qué red social usas y te diré quién eres”. 

Probemos a establecer una posible asociación entre el perfil del usuario de redes sociales y cada uno de los 7 pecados capitales. Será divertido reconocerse en una o más de estas tipologías y hacer un poco de autocrítica. ¡Buena lectura! Te espero hasta el final. 

1. La pereza 
¿Quién es el perezoso en las redes sociales? Es el usuario que vegeta indolentemente durante varias horas al día en las redes sociales, casi en evanescencia delante de la pantalla plana del ordenador o móvil. Esta es su concepción de reposo y relax. Está siempre retrasado con cualquier cosa y, a quien se lo dice, explica con ansia e irritación que la jornada para él es mucho más complicada de lo que se pueda imaginar. 

¿A qué red social podremos asociar la pereza? Seguramente a Zynga, la empresa que produce y gestiona videojuegos por internet como Farmville y CityVille. ¿Quién de nosotros, al menos una vez, no ha probado por curiosidad uno de estos juegos que te hacen ganar caramelos o frutas virtuales, que transforman en crédito para continuar jugando durante horas, abandonados a la inercia de una tableta en el sofá? 

© mr.kalopsia

2. La gula 
El goloso en las redes sociales es el usuario que, como un niño delante de un bote de mermelada, se deja vencer por los impulsos y no consigue controlarse. No sabe vencer su irrefrenable impulso de agarrar cada dos minutos el móvil para ver si hay notificaciones o actualizaciones, para ver fotos o para publicarlas. ¿El resultado final? Un terrible mal de estómago, una verdadera indigestión digital, de la que es posible curarse sólo a través de una desintoxicación de las redes sociales. 

La gula está seguramente representada por Instagram, la red social que permite a los usuarios hacer fotos, aplicar filtros, y compartir todo también en otras redes sociales. En teoría es divertido y sin nada de malo. Pero el problema es cuando se nos va la mano con la tentación de hacer fotos y publicar a manca y a diestra, atrapados por un deseo insaciable de publicar imágenes. Así es como se genera el pecado de gula. 

© mr.kalopsia

3. La soberbia 
¿Quién es el soberbio en las redes sociales? Es, digámoslo claramente, el usuario antipático. Vanidoso como ninguno, no lee mensajes de los otros sino que lee y relee solo los suyos. Valora constantemente y con extrema atención la propia influencia sobre las redes sociales y en forma narcisista lleva la contabilidad de las propias interacciones virtuales, midiendo el éxito de sus publicaciones y de sus estados. Entra en éxtasis cuando ve las propias frases tomadas, compartidas y comentadas por otros como si fueran píldoras de sabiduría. Está obsesionado con la propia imagen, cosa que le lleva a cambiar la foto cada 48 horas. 

Aquí la elección ha sido sencilla: Facebook. Entre todas las redes sociales es sin duda la que más estimula nuestra soberbia, haciendo cosquillas a nuestro ego y nuestra vanidad. Snapchat, la nueva red social que está arrasando entre los jóvenes, basada solo en fotos y vídeos, tampoco es ajena a la posible asociación con este vicio capital. 

Estímulos continuos a hacernos fotos donde todos estamos siempre muy guapos, sonrientes, en perfecta forma y como en vacaciones permanentes. Selfie y continuas estrategias estudiadas ad hoc para tener más me gusta y posibles consensos. Mostrarse como no se es realmente se ha convertido ya en la norma. El peligro en estos casos es creer que la vida real sea la que leemos en los estados y en las publicaciones de Facebook, pensar que nuestros amigos son realmente felices y afortunados sólo porque han publicado un álbum de unas 100 fotos como mínimo después tras regresar de las vacaciones. Y Facebook que nos conoce bien, esta creando ahora el Metaverso. ¡ojo con lo que viene! 

4. La lujuria 
¿Quién es el lujurioso en las redes sociales? Es el usuario obsesionado en dar siempre una ojeada a los perfiles y a las imágenes de los otros, o que busca nuevas posibilidades de encuentro y de relación. La persona permanentemente sujeta a un continuo y frenético tríptico “petición de amistad -me gusta -sigue”, en la esperanza de aprovechar y obtener nuevas relaciones sociales, consenso, admiración. Entre todos, quizá es la tipología de usuario más débil y un claro rehén de las redes sociales, en cuanto que está privado de una vida real satisfactoria. 

Entre todas las redes sociales, Tinder es seguramente la más representativa de la lujuria. Tinder de hecho es una aplicación para móviles con un objetivo único y claro: facilitar las citas y encuentros con personas que están cerca, gracias a la geolocalización con el GPS. A partir de nuestra posición geográfica, la aplicación diseña un círculo más o menos extenso, dentro del cual son elegidos otros usuarios, en base de la edad y del sexo, a quienes podemos decidir contactar o encontrar. 

© mr.kalopsia

5. La avaricia 
¿Quién es avaro en las redes sociales? Es el usuario que, al contrario del soberbio, no comparte nunca sus informaciones. Al máximo se lucra de los otros. Fisgonea en los perfiles de los otros sin hacerse notar. Se mezcla en la red social, pero no emerge. Se mezcla secretamente en lo cotidiano de su entorno, capta y registra todo, pero se cuida mucho de comentar o de interactuar. Cree que los otros faltan al sentido del pudor y no comprende cómo se puede lanzar a los cuatro vientos las propias informaciones de esa forma. 

Piense lo que piense Zuckerberg o diga lo que diga, también este pecado puede ser asociado a su Facebook. 

6. La envidia 
El envidioso en las redes sociales es el usuario que no soporta ver toda esta gente derrochando felicidad o haciendo viajes de ensueño. La continua autopromoción de los propios amigos en las redes sociales lo hace enloquecer y comentar de forma compulsiva e histérica todas las publicaciones y los estados de los otros. 

Digámoslo claramente. La envidia es un pecado que puede atravesar casi todas las redes sociales. Una reciente investigación americana afirma que las representaciones felices y extremadamente idealizadas de la propia vida en las redes sociales (por ejemplo poner fotos de las vacaciones), suscitan fuertes sentimientos de envidia y una visión distorsionada de la realidad, que inducen a pensar que la vida de los otros sea siempre más feliz y más lograda que la propia. 

© mr.kalopsia

7. La ira 
Es el usuario de las redes siempre colérico, irascible, con escasa ironía y menos sentido del humor. Siempre listo para compartir noticias sobre presuntos complots, escándalos y maquinaciones, que difunde con urgencia: “¡Divulga! ¡Importante, absurdo, no te lo puedes creer!” La continua protesta y el insulto fácil son su pan de cada día. Consejo: evitar absolutamente en el muro de amigos gente así. 

La ira es la rabia expresada con actos y palabras. Entre todas las redes sociales, la que seguramente representa este vicio es Twitter. ¿Quién de nosotros, al menos una vez, no ha escrito un tuit para expresar la propia rabia, disgusto o descontento, para enmascarar las propias desilusiones, insuficiencias y frustraciones? El tuit es el medio ideal para manifestar todas nuestras emociones en caliente, pensamientos poco ponderados. El colérico en las redes sociales es el usuario que no pierde nunca ocasión para descargarse contra todos y todo, manifestando la propia desaprobación por esto y por lo de más allá. No tiene pudor por expresar todas sus emociones negativas en público. Tira la máscara y ataca a todos, sin salvar a nadie. 

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Llegamos a la conclusión. Y bien, sí, las tentaciones en la red son muchas. Las más peligrosas son siempre las que no conocemos o infravaloramos. Pero si nos reconocemos, al menos en parte, en alguno de estos 7 vicios capitales, ya habremos hecho la mitad de la obra y estaremos en el buen camino. Como afirmaba Kierkegaard, “la ironía es el ojo seguro que sabe cómo capturar el mal, el absurdo, lo vano de la existencia”.

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"Tu libertad está en tus manos"

jueves, 2 de diciembre de 2021

EL PAPEL DE LA DOPAMINA DE LOS “LIKES” EN LAS REDES SOCIALES

© mr.kalopsia


¿Alguna vez has publicado una foto, un poema, un simple pensamiento, en una red social y luego te pasas horas comprobando, de modo casi compulsivo, si llegan comentarios y “me gusta”?

¿Quién no se siente mejor cuando una foto suya recibe 70, 80, o 100 “me gusta” o, por el contrario, se desanima si no tiene mucho éxito?

Sentir placer por la aprobación de los demás es un fenómeno normal (cuando no se llega a idolatrar la estima del otro hasta perder la propia identidad): sentirse apoyado y estimado es una necesidad inherente a nuestra naturaleza.

¿Por qué somos tan sensibles a la aprobación ajena?

La respuesta está en parte en la química: el cerebro, de hecho, libera dopamina, la llamada hormona del placer y de la recompensa, cada vez que recibimos gratificaciones.

La dopamina es el neurotransmisor que interviene en los mecanismos de recompensa de nuestro cuerpo.

Cuando recibimos estímulos positivos (por ejemplo, comer nuestra comida favorita, escuchar buena música, refrescarnos en la piscina, etc.), el cuerpo libera esta hormona, transmitiendo una sensación de bienestar.

La dopamina también afecta a nuestra relación con las redes sociales: cuando alguien muestra interés en algo que hemos publicado, lo que obtenemos de él, de hecho, genera una sensación de placer.

Sin embargo, este proceso, que en sí mismo es bastante natural, puede desencadenarse artificialmente (por ejemplo, tomando drogas) o quedar fuera del control de la razón (cuando, por ejemplo, se juega de modo compulsivo): en estos casos, hay dependencias.

Adicción social

La adicción es siempre un mecanismo de compensación, que surge de una necesidad natural de gratificación, que no se ha satisfecho en el momento adecuado y de la manera correcta.

La dopamina juega un papel clave en el desarrollo de adicciones a las drogas, al alcohol, al juego, a la pornografía... y también a las redes sociales.

Está científicamente probado que incluso estas plataformas virtuales pueden ser adictivas.

Un estudio de 2014 muestra, por ejemplo, que el 4,4 % de los adolescentes europeos sufren una forma de adicción a una red social o a la web en general.

Los propios mecanismos de las redes sociales (basados en likes, acciones, comentarios, seguidores) favorecen que nos quedemos “pegados a la pantalla" y nos llevan a pasar más tiempo en la plaza virtual.

Quedarse enganchado (a veces un poco más de lo razonable) por una red social sucede con bastante frecuencia (yo también tengo que levantar la mano).

Desde hoy, sabemos que tenemos que culpar en parte a la dopamina. Además, a la dopamina hay que agregar las tendencias humanas equivocadas, como reconoce el fundador de Linkedin, Reid Hoffman: "Las redes sociales funcionan cuando representan uno de los siete pecados capitales".

¿Cómo se activa?

Comienza en el mismo momento en que compartes algo (foto, video, imagen, pensamiento).

Si se recibe “me gusta”, el cerebro interpreta esa información como una recompensa y libera una descarga de dopamina. Este evento agradable nos lleva a repetirlo: compartes otros contenidos y esperas, pegado a la pantalla, nuevas reacciones.

En una adicción confirmada a las redes sociales, el bucle continúa potencialmente de modo indefinido, absorbiendo energías que deberían gastarse en la vida real.

Cuando te das cuenta de que estás esclavizado por una dependencia de las redes sociales, no deberías avergonzarte de pedir ayuda –de hecho, hacerlo es un signo de valor, fuerza, madurez–, como lo harías con cualquier otra adicción.

Si tenemos una actitud compulsiva, si no podemos llevar una vida normal, si quitamos demasiado tiempo al trabajo, a las amistades, a la familia, a las tareas domésticas u otras actividades no virtuales, solo para esperar nuevos “me gusta” y comentarios, es hora de abordar este problema, no solo para cortar la adicción, sino para entender lo que la generó.

sábado, 20 de junio de 2015

MI AMOR, TE VOY A DECIR CÓMO ME SIENTO CUANDO VES PORNOGRAFÍA


“Intimidada, insegura, rechazada, pisoteada, infravalorada, herida”, son algunas de las maneras en las que se siente un grupo de mujeres de todas las edades que están casadas con adictos a la pornografía. Sus expresiones tristes y preocupadas, algunas resignadas o enojadas, nos hacen entender un poco mejor lo que afirman al final: “La pornografía nos está destruyendo a los dos”.

Cuando miré este video y empecé a escribir sobre él, me di cuenta de que cuando me hablan de vicios o adicciones, lo relaciono directamente con alcohol, drogas o incluso juegos de azar, pero no consideraba la adicción a la pornografía, un vicio que también destruye familias, aleja amistades y altera psicológicamente a la persona, dejándole un vacío permanente y un sentimiento de culpa difícil de reparar.


Fuente; Catholic Link