sábado, 17 de noviembre de 2012

TRABAJADORES EN LA MIES DEL SEÑOR



Llegó el día esperado  en que la Diócesis de Sololá-Chimaltenango obtiene por gracia de Dios nuevos trabajadores al servicio del pueblo de Dios, toda la Iglesia está de fiesta con los nuevos ordenandos y agradecidos con Dios por este nuevo regalo a la Diócesis.

 Los presbíteros participan de la autoridad con que Cristo mismo edifica, santifica y gobierna su Cuerpo. Se confiere por aquel especial sacramento con  el que los presbíteros, con la unción del Espíritu Santo, quedan sellados con un carácter o marca particular, y así se configuran con Cristo Sacerdote, de suerte que puedan obrar como en persona de Cristo-Cabeza.  

Los que serán ordenados presbíteros

Será ordenado Diácono


Espere la sección de fotografías después de la ordenación.

LA MAMACITA BUENA



 La Iglesia celebra hoy la memoria de Santa Isabel de Hungría, la Santa, a los 15 años fue dada en matrimonio por su padre el Rey de Hungría al príncipe Luis VI de Turingia, el matrimonio tuvo tres hijos. Se amaban tan intensamente que ella llegó a exclamar un día: "Dios mío, si a mi esposo lo amo tantísimo, ¿Cuánto más debiera amarte a Ti?". Su esposo aceptaba de buen modo las santas exageraciones que Isabel tenía en repartir a los pobres cuanto encontraba en la casa. Él respondía a los que criticaban: "Cuanto más demos nosotros a los pobres, más nos dará Dios a nosotros".

Cuando apenas de veinte años y con su hijo menor recién nacido, su esposo, un cruzado, murió en un viaje a defender Tierra Santa. Isabel casi se desespera al oír la noticia, pero luego se resignó y aceptó la voluntad de Dios. Rechazó varias ofertas de matrimonio y se decidió entonces  a vivir en la pobreza y dedicarse al servicio de los más pobres y desamparados.

El sucesor de su marido la desterró del castillo y tuvo que huir con sus tres hijos, desprovistos de toda ayuda material. Ella, que cada día daba de comer a 900 pobres en el castillo, ahora no tenía quién le diera para el desayuno. Pero confiaba totalmente en Dios y sabía que nunca la abandonaría, ni a sus hijos.  Finalmente algunos familiares la recibieron en su casa, y más tarde el Rey de Hungría consiguió que le devolvieran los bienes que le pertenecían como viuda, y con ellos construyó un gran hospital para pobres, y ayudó a muchas familias necesitadas.

Un Viernes Santo, después de las ceremonia, cuando ya habían desvestido los altares en la iglesia, se arrodilló ante uno y delante de varios religiosos hizo voto de renuncia de todos sus bienes y voto de pobreza, como San Francisco de Asís,  y consagró su vida al servicio de los más pobres y desamparados. Cambió sus vestidos de princesa por un simple hábito de hermana franciscana, de tela burda y ordinaria, y los últimos cuatro años de su vida (de los 20 hasta los 24 años) se dedicó a atender a los pobres enfermos del hospital que había fundado. Se propuso recorrer calles y campos pidiendo limosna para sus pobres, y vestía como las mujeres más pobres del campo. Vivía en una humilde choza junto al hospital. Tejía y hasta pescaba, con tal de obtener con qué compararles medicinas a los enfermos.

Cuando apenas cumplía 24 años, el 17 de noviembre del año 1231, pasó de esta vida a la eternidad. A sus funerales asistieron el emperador Federico II y una multitud tan grande formada por gentes de diversos países y de todas las clases sociales, que los asistentes decían que no se había visto ni quizá se volvería a ver en Alemania un entierro tan concurrido y fervoroso como el de Isabel de Hungría, la patrona de los pobres. Aquí

Santa Isabel de Hungría

viernes, 16 de noviembre de 2012

LO QUE EL MUNDO NECESITA SON TESTIGOS DE LA FE




Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin.

Que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada» (2 Ts 3, 1): que este Año de la fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero.

Las palabras del apóstol Pedro proyectan un último rayo de luz sobre la fe: «Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe; la salvación de vuestras almas (1 P 1, 6-9).

La vida de los cristianos conoce la experiencia de la alegría y el sufrimiento. Cuántos santos han experimentado la soledad. Cuántos creyentes son probados también en nuestros días por el silencio de Dios, mientras quisieran escuchar su voz consoladora. Las pruebas de la vida, a la vez que permiten comprender el misterio de la Cruz y participar en los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1, 24), son preludio de la alegría y la esperanza a la que conduce la fe: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12, 10).

Nosotros creemos con firme certeza que el Señor Jesús ha vencido el mal y la muerte. Con esta segura confianza nos encomendamos a él: presente entre nosotros, vence el poder del maligno (cf. Lc 11, 20), y la Iglesia, comunidad visible de su misericordia, permanece en él como signo de la reconciliación definitiva con el Padre.

jueves, 15 de noviembre de 2012

CUALIDADES DE LA MÚSICA LITÚRGICA




1.   Fácil y sencilla en cuanto a su estructura, lo cual no significa vulgar o sin ideas.  La melodía  requiere forma, fraseo, cuadratura.
2.   Melódica y no estridente.
3.   Que a cada sílaba corresponda su nota musical.
4.   Que evoque un mundo de misterio y trascendencia.
5.   Que sea servidora de la Palabra: es decir que sea una melodía con gran adherencia al texto, que permita cantar la palabra, en resumen la música debe hacer gustar el texto.

Por consiguiente “hay que lograr una simbiosis lo más perfecta posible entre el género musical y el contenido del texto, entre el momento ritual y la comunidad concreta que canta.  No toda música es válida para una letra, para un momento litúrgico o para una asamblea concreta, sino que a veces la música dispersa y distorsiona.”

De esta unión de la plegaria (oración) y del canto, brota la plegaria cantada, que es la forma más perfecta que el alma puede emplear para expresar a Dios su fe y su amor.

Hay que hacer resaltar que las  buenas melodías han nacido para un texto determinado concreto, por tanto hay que respetar el texto de la melodía y no cambiar, adaptar o traducir textos para una melodía, por muy bonita que sea. “La melodía dice San Basilio hace deseable y agradable el texto como la miel que se añade a la medicina para darle buen sabor.  La melodía ha de permitirnos cantar y alabar a Dios con gusto y júbilo, con alegría y sencillez de corazón.”


miércoles, 14 de noviembre de 2012

LA VERDAD DE LA BIBLIA



Si lo que afirman los hagiógrafos lo afirma el Espíritu Santo, no puede haber error en la Biblia. Así en DV 11. Hasta el Vaticano II se usaba más la manera negativa: “sin error”. Después se ha preferido expresar el aspecto positivo; la Biblia es veraz.

La veracidad de los libros sagrados proviene de dos principios: Dios es el autor principal de la Biblia y Dios no puede engañarse ni engañarnos. Esta verdad es de “hecho” y de “derecho”. Hay libros humanos donde de hecho no hay errores; pero la Biblia excluye la posibilidad de error.

Cuando se habla de error, se entiende del “error lógico”, que es la falta de conformidad entre el juicio del hagiógrafo y la realidad objetiva. Son afirmaciones auténticas del hagiógrafo, escritas por él mismo o por un amanuense. Puede haber errores materiales en algunas copias o versiones no conformes con el original. También puede haber algún error material (en la sintaxis), como falta de pericia del hagiógrafo.

Así aparece al examinar los escritos antiguos de los Padres. San Justino, en el siglo II, es el primero que hace alusión a la veracidad bíblica, a pesar de los ataques de autores paganos y herejes. San Agustín, escribiendo a san Jerónimo, afirma que si hay algún error en la Biblia es debido a un códice defectuoso o a un mal traductor.

La inerrancia bíblica no ha sido definida como dogma. Sin embargo, por pertenecer a la enseñanza ordinaria y universal de la Iglesia se habla de ella como si fuese “dogma”.

 La encíclica Pascendi de Pio X (1907) condena a los modernistas que afirmaban encontrar muchos errores en la Biblia. Eso significaba hacer al Espíritu Santo autor de errores. La Spiritus Paraclitus(1920) condena a los que afirman que la Biblia no tiene error sólo el elemento principal o religioso, mientras que puede tenerlo el secundario o profano. La Humani generis(1950) de Pio XII condena a los que separan, como realidades diversas, un sentido humano y un sentido divino, éste sólo infalible, en la Biblia.

 La Dei Verbumresume todo con esta fórmula: “ Como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman, se debe considerar afirmado por el Espíritu Santo, hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación”. Dos cosas distingue el Concilio Vaticano II en la fórmula: el fundamento, que es el “origen divino” de la Escritura; y la finalidad, que es “nuestra salvación”.