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sábado, 9 de febrero de 2013

INDICACIONES DE MARíA EN EL AÑO DE LA FE

Nuestra Madre, nos alienta en este año

1. Pronuncia un "sí" cuando tengas que responder afirmativamente en aras a la justicia y al bien común. Por el contrario, recuerda que a veces un "no" a tiempo, es -a la larga- un "sí".

2. No huyas de tus responsabilidades. Hay cosas que, si tú no las haces, nadie las realizará por ti. Nadie somos imprescindibles, pero todos necesarios. En Nazaret, Dios, me hizo ver, en mi pequeñez, mi papel a desempeñar.

3. Sal de ti mismo. No te cierres en tus problemas, inquietudes o alegrías. Cuando yo me enteré de que estaba llena de Dios, sin pensarlo dos veces, marché corriendo para ayudar a mi pariente Isabel.

4. No te preocupes por lo qué dirán de ti o qué pensarán de ti. Por sorpresa recibí el anuncio del ángel y con muy poca compañía, acogí el nacimiento de mi hijo Jesús. Lo importante es tener y ser feliz con lo que uno ama. Lo demás, es secundario y te quita energías.

5. Deja que los demás disfruten de tu alegría. Cuando ésta se comparte, se multiplica. Los pastores y los reyes, me hicieron ver que el gozo hay que vivirlo con los primeros que llaman a tu puerta.

6. Protege a los tuyos. Sobre todo si crees que el peligro puede frustrar su felicidad, su trabajo, su fama o su destino. Con José y Jesús, camino de Egipto, aprendí que no es bueno instalarse en la comodidad.

7. Intenta comprender y entender las ideas que, más allá de la ideología, fomenten la fraternidad y la presencia de Dios. De Jesús, en más de un momento, me costó asumir sus palabras, actitudes y comportamiento. Luego, concluí, que Dios andaba por medio.

8. Potencia la verdad de la fiesta. No te conformes con una fiesta maquillada y rocambolesca. El éxito de un banquete no lo da lo que llena la mesa, sino la suma de todas las actitudes de los comensales. En Caná, con una indicación, me sumé a lo que podría haber sido un fracaso. Jesús quiere una auténtica diversión para vosotros.

9. Muéstrate agradecido. No te importe decir gracias mil veces o las que hagan falta. La gratitud, además de producir bienestar en la otra persona, hace que nuestro interior quede más relajado y con la conciencia más tranquila. Cuando Dios me visitó, lo único que le dije es: ¡gracias!

10. No olvides de "estar ahí" en los momentos donde, otras personas, sufran, lloren o mueran. La soledad es una de las peores cruces que el hombre de la sociedad moderna lleva. Mi hijo murió, en la dureza de una cruz, abandonado, pero conmigo a sus pies. Miles de hombres siguen muriendo sin otros tantos percatarse de esa tragedia.

viernes, 8 de febrero de 2013

LA FE

La Fe
No todo lo importante es siempre visible al ojo humano ni explicable al entendimiento. Hay un componente que nos debe de causar sentimientos hondos y devoción. Existe una parte de misterio que se nos escapa pero que, por momentos, nos hace estar cosidos al Cristo del Calvario, unidos Cristo del Jueves Santo, alegres con el Cristo de la mañana de Pascua.

jueves, 24 de enero de 2013

LA RELIQUIA DE SAN PEDRO DE SAN JOSÉ DE BETANCOURT


Santo hermano Pedro
En nuestra parroquia recibimos hoy con gran alegría la reliquia del “hermano Pedro” nacido en Tenerife, Islas Canarias (España). Terciario Franciscano, vivió en la ciudad de la Antigua Guatemala, Centro América. Primer Santo guatemalteco.

Entregó su vida al Señor en servicio a los más pobres y enfermos. Se destacó por su caridad, humildad, penitencia, amor a la Eucaristía y a la Virgen, a los pobres, enfermos y a las almas del purgatorio.

Murió el 25 de abril, 1667. Sus restos descansan en la Iglesia de San Francisco el Grande, Antigua Guatemala. Beatificado por S.S. Juan Pablo II el 22 de Junio de 1980 en la Basílica de San Pedro, Roma.

Canonizado durante la tercera visita del S.S. Juan Pablo II a Guatemala (viaje pastoral # 97), 30 de julio del 2002.

martes, 8 de enero de 2013

RETIRO MENSUAL


El día de hoy tuvimos nuestro retiro mensual, en la parroquia de Santa Apolonia, fue una mañana con bastante frio, pero con el ambiente de saludar y felicitar a algunos compañeros sacerdotes se fue alegrando el día.

En esta ocasión el retiro fue predicado por monseñor Gonzalo de Villa, y el tema del retiro fue; la fe, para profundizar el año de la fe. Fueron dos meditaciones con ideas claras, fueron muy edificantes, muchas gracias Monseñor por dirigirnos el pequeño retiro. 

viernes, 16 de noviembre de 2012

LO QUE EL MUNDO NECESITA SON TESTIGOS DE LA FE




Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin.

Que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada» (2 Ts 3, 1): que este Año de la fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero.

Las palabras del apóstol Pedro proyectan un último rayo de luz sobre la fe: «Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe; la salvación de vuestras almas (1 P 1, 6-9).

La vida de los cristianos conoce la experiencia de la alegría y el sufrimiento. Cuántos santos han experimentado la soledad. Cuántos creyentes son probados también en nuestros días por el silencio de Dios, mientras quisieran escuchar su voz consoladora. Las pruebas de la vida, a la vez que permiten comprender el misterio de la Cruz y participar en los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1, 24), son preludio de la alegría y la esperanza a la que conduce la fe: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12, 10).

Nosotros creemos con firme certeza que el Señor Jesús ha vencido el mal y la muerte. Con esta segura confianza nos encomendamos a él: presente entre nosotros, vence el poder del maligno (cf. Lc 11, 20), y la Iglesia, comunidad visible de su misericordia, permanece en él como signo de la reconciliación definitiva con el Padre.

martes, 13 de noviembre de 2012

NO HAY FE SIN CARIDAD, NO HAY CARIDAD SIN FE




El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. San Pablo nos recuerda: “Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de ellas es la caridad (1 Co 13, 13).

Con palabras aún más fuertes -que siempre atañen a los cristianos-, el apóstol Santiago dice: ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos de alimento diario y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, abrigaos y saciaos”, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro. Pero alguno dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe” (St 2, 14-18).

La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo.

Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada uno a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo.

sábado, 10 de noviembre de 2012

¿CUÁL ES LA CONSECUENCIA DEL PECADO?


El pecado tiene una doble consecuencia. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la “pena eterna” del pecado.

Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las creaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio.

Esta purificación libera de la que se llama la “pena temporal” del pecado. Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado.

Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la total purificación del pecado, de modo que no subsistiría ninguna pena (cf. Concilio de Trento: DS 1712-1713; 1820)

La pena en nuestra alma

martes, 6 de noviembre de 2012

FE, PERSONA E IGLESIA SEGÚN JOSEPH RATZINGER



El acto de fe debe ser un acto de toda la persona, que debe abarcar toda su existencia  y que nace a su vez de una relación interpersonal. Pero también es un acto en la comunidad de la Iglesia, que requiere como condición previa el ingreso en ella por medio del Bautismo y de la confesión del credo.
        Las palabras claves que utiliza el Cardenal Ratzinger, es la, Fe, Persona, Existencia, Iglesia y Bautismo.

        El Cardenal para explicar mejor el tema de la fe, retoma una famosa historia contada por el filósofo Kierkegaard. En ella se cuenta, que “en Dinamarca, un circo fue presa de las llamas. Entonces el dueño del circo mandó pedir auxilio a una aldea vecina a un payaso que ya estaba disfrazado para actuar, el payaso corrió a la aldea y pidió a los vecinos que fueran lo más rápido posible a apagar el fuego del circo en llamas. Pero los vecinos creyeron que se trataba de un magnífico truco para que asistieran a la función; aplaudían y hasta lloraban de la risa”.

        Y dice el Cardenal Ratzinger que esta es la situación del creyente y del teólogo en el mundo actual. Sin embargo, entonces el que quiera predicar la fe y al mismo tiempo ser suficientemente crítico, se dará cuenta en seguida, no sólo de lo difícil que es traducirla, sino también de lo vulnerable que es la propia fe, la cual al querer creer, experimenta en sí mismas el inquietante poder de la incredulidad. Por eso, el que quiera hoy día dar honradamente razón de la fe cristiana ante sí mismo y ante los demás, debe hacerse a la idea de que su situación no es distinta a la de los demás, a la de aquellos que no cree.

        Por eso la situación del creyente, es sobre todo, una actitud, la palabra “Creo” entraña una opción fundamental ante la realidad como tal; no significa afirmar esto o aquello, sino una forma primaria de situarse ante el ser, la existencia, lo real. Explicando de otro modo: “la fe es una decisión por la que afirmamos que, en lo más íntimo de la existencia humana, hay un punto que no puede ser sustentada ni sostenido por lo visible y comprensible, sino que se limita de tal modo con lo que no se ve.

        A esta actitud se llega sólo por medio de lo que la Biblia llama “conversión”. El hombre tiene que cambiar para darse cuenta de lo ciego que es el fiarse solamente en lo que sus ojos pueden ver. La fe siempre ha sido una decisión que afecta a la profundidad de la propia existencia. Por tanto es necesaria la conversión para alcanzar la fe, el cambio del modo de ser, que pasa de la adoración de lo visible y factible a la confianza en lo invisible.

Dice el Cardenal que formalmente, la expresión “Yo creo” se podría traducir por “Yo paso a”, “yo acepto” el Cardenal al final de todo este rodeo dice que la fe es: “la forma de situarse todo hombre de modo firme ante la realidad; creer cristianamente significa confiarse al sentido que me sostiene a mí y al mundo, considerarlo como fundamento firme sobre el que puedo permanecer sin miedo alguno. 

Explicando de otro modo podemos decir: creer cristianamente significa comprender nuestra existencia como respuesta a la palabra, al Logos que todo lo sostiene y lo soporta. Significa afirmar que el sentido que nosotros no podemos construir, que sólo podemos recibir, se nos ha regalado; de manera que lo único que hemos de hacer es aceptarlo y fiarnos de Él.