Para hacernos una idea de
lo que el Señor nos dirá en este fin de semana, las imágenes del crecimiento
vegetal son bastante idóneas para comprender el proceso de maduración en la fe.
Semillas que crecen sin que el agricultor consiga descifrar el proceso de la
siembra, la germinación y la fructificación, pero que indudablemente es un
dinamismo asombroso que ahora comprendemos y nos sigue admirando.
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sábado, 13 de junio de 2015
sábado, 9 de febrero de 2013
INDICACIONES DE MARíA EN EL AÑO DE LA FE
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| Nuestra Madre, nos alienta en este año |
1. Pronuncia un "sí" cuando tengas que responder
afirmativamente en aras a la justicia y al bien común. Por el contrario,
recuerda que a veces un "no" a tiempo, es -a la larga- un
"sí".
2. No huyas de tus responsabilidades. Hay cosas que, si tú no las
haces, nadie las realizará por ti. Nadie somos imprescindibles, pero todos
necesarios. En Nazaret, Dios, me hizo ver, en mi pequeñez, mi papel a
desempeñar.
3. Sal de ti mismo. No te cierres en tus problemas,
inquietudes o alegrías. Cuando yo me enteré de que estaba llena de Dios, sin
pensarlo dos veces, marché corriendo para ayudar a mi pariente Isabel.
4. No te preocupes por lo qué dirán de ti o qué pensarán de ti. Por sorpresa
recibí el anuncio del ángel y con muy poca compañía, acogí el nacimiento de mi
hijo Jesús. Lo importante es tener y ser feliz con lo que uno ama. Lo demás, es
secundario y te quita energías.
5. Deja que los demás disfruten de tu alegría. Cuando ésta
se comparte, se multiplica. Los pastores y los reyes, me hicieron ver que el
gozo hay que vivirlo con los primeros que llaman a tu puerta.
6. Protege a los tuyos. Sobre todo si crees que el peligro
puede frustrar su felicidad, su trabajo, su fama o su destino. Con José y
Jesús, camino de Egipto, aprendí que no es bueno instalarse en la comodidad.
7. Intenta comprender y entender las ideas que, más allá de la
ideología, fomenten la fraternidad y la presencia de Dios. De Jesús, en
más de un momento, me costó asumir sus palabras, actitudes y comportamiento.
Luego, concluí, que Dios andaba por medio.
8. Potencia la verdad de la fiesta. No te conformes con una fiesta
maquillada y rocambolesca. El éxito de un banquete no lo da lo que llena la
mesa, sino la suma de todas las actitudes de los comensales. En Caná, con una
indicación, me sumé a lo que podría haber sido un fracaso. Jesús quiere una
auténtica diversión para vosotros.
9. Muéstrate agradecido. No te importe decir gracias mil veces o
las que hagan falta. La gratitud, además de producir bienestar en la otra
persona, hace que nuestro interior quede más relajado y con la conciencia más tranquila.
Cuando Dios me visitó, lo único que le dije es: ¡gracias!
10. No olvides de "estar ahí" en los momentos donde,
otras personas, sufran, lloren o mueran. La soledad es una de las peores
cruces que el hombre de la sociedad moderna lleva. Mi hijo murió, en la dureza
de una cruz, abandonado, pero conmigo a sus pies. Miles de hombres siguen
muriendo sin otros tantos percatarse de esa tragedia.
viernes, 8 de febrero de 2013
LA FE
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| La Fe |
No todo lo importante es
siempre visible al ojo humano ni explicable al entendimiento. Hay un componente
que nos debe de causar sentimientos hondos y devoción. Existe una parte de
misterio que se nos escapa pero que, por momentos, nos hace estar cosidos al
Cristo del Calvario, unidos Cristo del Jueves Santo, alegres con el Cristo de
la mañana de Pascua.
viernes, 25 de enero de 2013
LAS RELIQUIAS
¿Por qué los
católicos creen en reliquias de santos cuando la Biblia enseña que sólo debemos
recurrir a Jesucristo?
Estamos de acuerdo
que todo poder viene de Jesús. Pero la Biblia enseña que Jesús confirió su
poder a los suyos para que cooperen con El. Convocando a los Doce, les dio
autoridad y poder sobre los demonios, y para curar enfermedades escuchamos en
el evangelio de Lucas.
No solo a los
Apóstoles sino también todos los miembros de la Iglesia podemos y debemos
ayudarnos mutuamente ya que somos un cuerpo de Jesucristo. Esta facultad de
ayudarnos no termina con la muerte. Los santos en el cielo interceden por
nosotros, por su unión más íntima con Cristo.
Así se vivió la
visita de la reliquia del hermanito Pedro en nuestra parroquia.
| Entrega de la reliquia |
| Caminata |
| La fe de los fieles |
martes, 13 de noviembre de 2012
NO HAY FE SIN CARIDAD, NO HAY CARIDAD SIN FE
El
Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio
de la caridad. San Pablo nos recuerda: “Ahora subsisten la fe, la esperanza y
la caridad, estas tres. Pero la mayor de ellas es la caridad (1 Co 13, 13).
Con
palabras aún más fuertes -que siempre atañen a los cristianos-, el apóstol
Santiago dice: ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no
tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan
desnudos y faltos de alimento diario y alguno de vosotros les dice: “Id en paz,
abrigaos y saciaos”, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?
Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro. Pero
alguno dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las
obras, y yo con mis obras te mostraré la fe” (St 2, 14-18).
La
fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento
constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de
modo que una permite a la otra seguir su camino. En
efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo,
marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más
importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo
de Cristo.
Gracias
a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor
resucitado es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos
las maravillas que Dios hace por nosotros. Tratando de percibir los signos de
los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada uno a convertirnos en
un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo.
martes, 6 de noviembre de 2012
FE, PERSONA E IGLESIA SEGÚN JOSEPH RATZINGER
El
acto de fe debe ser un acto de toda la persona, que debe abarcar toda su
existencia y que nace a su vez de una
relación interpersonal. Pero también es un acto en la comunidad de la Iglesia,
que requiere como condición previa el ingreso en ella por medio del Bautismo y
de la confesión del credo.
Las palabras claves que utiliza el
Cardenal Ratzinger, es la, Fe, Persona, Existencia, Iglesia y Bautismo.
El Cardenal para explicar mejor el tema
de la fe, retoma una famosa historia contada por el filósofo Kierkegaard. En
ella se cuenta, que “en Dinamarca, un circo fue presa de las llamas. Entonces
el dueño del circo mandó pedir auxilio a una aldea vecina a un payaso que ya
estaba disfrazado para actuar, el payaso corrió a la aldea y pidió a los
vecinos que fueran lo más rápido posible a apagar el fuego del circo en llamas.
Pero los vecinos creyeron que se trataba de un magnífico truco para que
asistieran a la función; aplaudían y hasta lloraban de la risa”.
Y dice el Cardenal Ratzinger que esta es
la situación del creyente y del teólogo en el mundo actual. Sin embargo,
entonces el que quiera predicar la fe y al mismo tiempo ser suficientemente
crítico, se dará cuenta en seguida, no sólo de lo difícil que es traducirla,
sino también de lo vulnerable que es la propia fe, la cual al querer creer,
experimenta en sí mismas el inquietante poder de la incredulidad. Por eso, el
que quiera hoy día dar honradamente razón de la fe cristiana ante sí mismo y
ante los demás, debe hacerse a la idea de que su situación no es distinta a la
de los demás, a la de aquellos que no cree.
Por eso la situación del creyente, es
sobre todo, una actitud, la palabra “Creo” entraña una opción fundamental ante
la realidad como tal; no significa afirmar esto o aquello, sino una forma
primaria de situarse ante el ser, la existencia, lo real. Explicando de otro
modo: “la fe es una decisión por la que afirmamos que, en lo más íntimo de la
existencia humana, hay un punto que no puede ser sustentada ni sostenido por lo
visible y comprensible, sino que se limita de tal modo con lo que no se ve.
A esta actitud se llega sólo por medio
de lo que la Biblia llama “conversión”. El hombre tiene que cambiar para darse
cuenta de lo ciego que es el fiarse solamente en lo que sus ojos pueden ver. La
fe siempre ha sido una decisión que afecta a la profundidad de la propia
existencia. Por tanto es necesaria la conversión para alcanzar la fe, el cambio
del modo de ser, que pasa de la adoración de lo visible y factible a la
confianza en lo invisible.
Dice
el Cardenal que formalmente, la expresión “Yo creo” se podría traducir por “Yo
paso a”, “yo acepto” el Cardenal al final de todo este rodeo dice que la fe es:
“la forma de situarse todo hombre de modo firme ante la realidad; creer
cristianamente significa confiarse al sentido que me sostiene a mí y al mundo,
considerarlo como fundamento firme sobre el que puedo permanecer sin miedo
alguno.
Explicando de otro modo podemos decir: creer cristianamente significa
comprender nuestra existencia como respuesta a la palabra, al Logos que todo lo
sostiene y lo soporta. Significa afirmar que el sentido que nosotros no podemos
construir, que sólo podemos recibir, se nos ha regalado; de manera que lo único
que hemos de hacer es aceptarlo y fiarnos de Él.
martes, 30 de octubre de 2012
¿QUÉ SENTIDO TIENE VIVIR?
Nosotros necesitamos no sólo el pan
material, necesitamos amor, sentido y esperanza, un fundamento seguro, un
terreno sólido que nos ayude a vivir con un sentido auténtico, incluso en la crisis,
en la oscuridad, en las dificultades y problemas cotidianos. La fe nos dona
precisamente esto: en una confiada entrega a un "Tú", que es Dios,
que me da una certeza diferente, pero no menos sólida que la que proviene del
cálculo exacto o de la ciencia.
La fe no es un mero asentimiento intelectual
del hombre a las verdades particulares sobre Dios, es un acto con el cual me
entrego libremente a un Dios que es Padre y que me ama, es adhesión a un "Tú"
que me da esperanza y confianza. Ciertamente, esta unión con Dios no carece de
contenido: con ella, sabemos que Dios se ha revelado a nosotros en Cristo, que
hizo ver su rostro y se acercó realmente a cada uno de nosotros.
Con el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, Dios desciende hasta el fondo de
nuestra humanidad, para llevarla nuevamente hacia Él, para elevarla hasta que
alcance su altura. La fe es creer en este amor de Dios, que nunca falla ante la
maldad de los hombres, ante el mal y la muerte, sino que es capaz de
transformar todas las formas de esclavitud, brindando la posibilidad de la salvación.
Tener fe, entonces, es encontrar a ese
"Tú," a Dios, que me sostiene y me concede la promesa de un amor
indestructible, que no sólo aspira a la eternidad, sino que la da; es
entregarme a Dios con la actitud confiada de un niño, que sabe que todas sus
dificultades y todos sus problemas están a salvo en el "tú" de la
madre.
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