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jueves, 1 de noviembre de 2018

NO TENGAN MIEDO A LA PALABRA: SANTIDAD

Interior de la cúpula de la Basílica de Florencia

Todo el que quiera comenzar un camino de perfección no puede renunciar a la cruz, a la mortificación, a la humillación y al sufrimiento, que asemejan al cristiano con el modelo divino que es el Crucificado.

Todos están llamados a amar a Dios con todo su corazón y con toda el alma, y a amar al prójimo por amor a Dios. Nadie está excluido de esta llamada tan clara de Jesús. Ustedes, por tanto, “sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial”.

La santidad consiste, en vivir con convicción la realidad del amor de Dios, a pesar de las dificultades de la historia y de la propia vida. El Sermón de la Montaña es la única escuela para ser santos.

La santidad consiste, además, en la vida de ocultamiento y de humildad: saberse sumergir en el trabajo cotidiano de los hombres, pero en silencio, sin ruidos crónicos, sin ecos mundanos.

La santidad del hombre es obra de Dios. Nunca será suficiente manifestarle gratitud por esta obra. Cuando veneramos las obras de Dios, veneramos y adoramos sobre todo a Él mismo, el Dios Santísimo. Y entre todas las obras de Dios, la más grande es la santidad de una criatura: la santidad del hombre.

Aunque la santidad nace de Dios mismo, a la vez, desde el punto de vista humano, se comunica de hombre a hombre. De este modo, podemos decir también que los santos “engendran” a los santos.

Un santo es, en su vida y en su muerte, traducción del Evangelio para su país y su época. Cristo no vacila en invitar a sus discípulos al seguimiento, a la perfección.

¿Qué es la santidad? Es precisamente la alegría de hacerla Voluntad de Dios.

¡No tengan miedo ante esa palabra! ¡No tengáis miedo ante la realidad de una vida santa!

sábado, 9 de febrero de 2013

INDICACIONES DE MARíA EN EL AÑO DE LA FE

Nuestra Madre, nos alienta en este año

1. Pronuncia un "sí" cuando tengas que responder afirmativamente en aras a la justicia y al bien común. Por el contrario, recuerda que a veces un "no" a tiempo, es -a la larga- un "sí".

2. No huyas de tus responsabilidades. Hay cosas que, si tú no las haces, nadie las realizará por ti. Nadie somos imprescindibles, pero todos necesarios. En Nazaret, Dios, me hizo ver, en mi pequeñez, mi papel a desempeñar.

3. Sal de ti mismo. No te cierres en tus problemas, inquietudes o alegrías. Cuando yo me enteré de que estaba llena de Dios, sin pensarlo dos veces, marché corriendo para ayudar a mi pariente Isabel.

4. No te preocupes por lo qué dirán de ti o qué pensarán de ti. Por sorpresa recibí el anuncio del ángel y con muy poca compañía, acogí el nacimiento de mi hijo Jesús. Lo importante es tener y ser feliz con lo que uno ama. Lo demás, es secundario y te quita energías.

5. Deja que los demás disfruten de tu alegría. Cuando ésta se comparte, se multiplica. Los pastores y los reyes, me hicieron ver que el gozo hay que vivirlo con los primeros que llaman a tu puerta.

6. Protege a los tuyos. Sobre todo si crees que el peligro puede frustrar su felicidad, su trabajo, su fama o su destino. Con José y Jesús, camino de Egipto, aprendí que no es bueno instalarse en la comodidad.

7. Intenta comprender y entender las ideas que, más allá de la ideología, fomenten la fraternidad y la presencia de Dios. De Jesús, en más de un momento, me costó asumir sus palabras, actitudes y comportamiento. Luego, concluí, que Dios andaba por medio.

8. Potencia la verdad de la fiesta. No te conformes con una fiesta maquillada y rocambolesca. El éxito de un banquete no lo da lo que llena la mesa, sino la suma de todas las actitudes de los comensales. En Caná, con una indicación, me sumé a lo que podría haber sido un fracaso. Jesús quiere una auténtica diversión para vosotros.

9. Muéstrate agradecido. No te importe decir gracias mil veces o las que hagan falta. La gratitud, además de producir bienestar en la otra persona, hace que nuestro interior quede más relajado y con la conciencia más tranquila. Cuando Dios me visitó, lo único que le dije es: ¡gracias!

10. No olvides de "estar ahí" en los momentos donde, otras personas, sufran, lloren o mueran. La soledad es una de las peores cruces que el hombre de la sociedad moderna lleva. Mi hijo murió, en la dureza de una cruz, abandonado, pero conmigo a sus pies. Miles de hombres siguen muriendo sin otros tantos percatarse de esa tragedia.

viernes, 8 de febrero de 2013

LA FE

La Fe
No todo lo importante es siempre visible al ojo humano ni explicable al entendimiento. Hay un componente que nos debe de causar sentimientos hondos y devoción. Existe una parte de misterio que se nos escapa pero que, por momentos, nos hace estar cosidos al Cristo del Calvario, unidos Cristo del Jueves Santo, alegres con el Cristo de la mañana de Pascua.

sábado, 26 de enero de 2013

¿QUÉ ES SER SACERDOTE?

Ya no os llamo siervos, sino amigos. Este es el significado profundo del ser sacerdote: llegar a hacer amigos de Jesucristo. Por esta amistad debemos comprometernos cada día de nuevo. Amistad significa comunión de pensamiento y de voluntad. En esta comunión de pensamiento con Jesús debemos ejercitarnos, como nos dice San Pablo en la carta a los Filipenses. Y esta comunión de pensamiento no es algo meramente intelectual. Sino también una comunión de sentimientos y de voluntad, y por tanto también de obrar.

Eso significa que debemos conocer a Jesús de un modo cada vez más personal, escuchándolo, viviendo con Él, estando con Él. Debemos escucharlo en la Sagrada escritura no de un modo académico sino espiritual. Debemos razonar y reflexionar, delante de Él y con Él, en sus palabras y en su manera de actuar.


FELIZ DÍA A TODOS LOS SACERDOTES QUE DAN LA VIDA PREDICANDO EL EVANGELIO.

sábado, 10 de noviembre de 2012

¿CUÁL ES LA CONSECUENCIA DEL PECADO?


El pecado tiene una doble consecuencia. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la “pena eterna” del pecado.

Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las creaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio.

Esta purificación libera de la que se llama la “pena temporal” del pecado. Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado.

Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la total purificación del pecado, de modo que no subsistiría ninguna pena (cf. Concilio de Trento: DS 1712-1713; 1820)

La pena en nuestra alma

martes, 6 de noviembre de 2012

FE, PERSONA E IGLESIA SEGÚN JOSEPH RATZINGER



El acto de fe debe ser un acto de toda la persona, que debe abarcar toda su existencia  y que nace a su vez de una relación interpersonal. Pero también es un acto en la comunidad de la Iglesia, que requiere como condición previa el ingreso en ella por medio del Bautismo y de la confesión del credo.
        Las palabras claves que utiliza el Cardenal Ratzinger, es la, Fe, Persona, Existencia, Iglesia y Bautismo.

        El Cardenal para explicar mejor el tema de la fe, retoma una famosa historia contada por el filósofo Kierkegaard. En ella se cuenta, que “en Dinamarca, un circo fue presa de las llamas. Entonces el dueño del circo mandó pedir auxilio a una aldea vecina a un payaso que ya estaba disfrazado para actuar, el payaso corrió a la aldea y pidió a los vecinos que fueran lo más rápido posible a apagar el fuego del circo en llamas. Pero los vecinos creyeron que se trataba de un magnífico truco para que asistieran a la función; aplaudían y hasta lloraban de la risa”.

        Y dice el Cardenal Ratzinger que esta es la situación del creyente y del teólogo en el mundo actual. Sin embargo, entonces el que quiera predicar la fe y al mismo tiempo ser suficientemente crítico, se dará cuenta en seguida, no sólo de lo difícil que es traducirla, sino también de lo vulnerable que es la propia fe, la cual al querer creer, experimenta en sí mismas el inquietante poder de la incredulidad. Por eso, el que quiera hoy día dar honradamente razón de la fe cristiana ante sí mismo y ante los demás, debe hacerse a la idea de que su situación no es distinta a la de los demás, a la de aquellos que no cree.

        Por eso la situación del creyente, es sobre todo, una actitud, la palabra “Creo” entraña una opción fundamental ante la realidad como tal; no significa afirmar esto o aquello, sino una forma primaria de situarse ante el ser, la existencia, lo real. Explicando de otro modo: “la fe es una decisión por la que afirmamos que, en lo más íntimo de la existencia humana, hay un punto que no puede ser sustentada ni sostenido por lo visible y comprensible, sino que se limita de tal modo con lo que no se ve.

        A esta actitud se llega sólo por medio de lo que la Biblia llama “conversión”. El hombre tiene que cambiar para darse cuenta de lo ciego que es el fiarse solamente en lo que sus ojos pueden ver. La fe siempre ha sido una decisión que afecta a la profundidad de la propia existencia. Por tanto es necesaria la conversión para alcanzar la fe, el cambio del modo de ser, que pasa de la adoración de lo visible y factible a la confianza en lo invisible.

Dice el Cardenal que formalmente, la expresión “Yo creo” se podría traducir por “Yo paso a”, “yo acepto” el Cardenal al final de todo este rodeo dice que la fe es: “la forma de situarse todo hombre de modo firme ante la realidad; creer cristianamente significa confiarse al sentido que me sostiene a mí y al mundo, considerarlo como fundamento firme sobre el que puedo permanecer sin miedo alguno. 

Explicando de otro modo podemos decir: creer cristianamente significa comprender nuestra existencia como respuesta a la palabra, al Logos que todo lo sostiene y lo soporta. Significa afirmar que el sentido que nosotros no podemos construir, que sólo podemos recibir, se nos ha regalado; de manera que lo único que hemos de hacer es aceptarlo y fiarnos de Él.