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domingo, 6 de octubre de 2013

NO OLVIDEMOS QUE ESTAMOS EN EL AÑO DE LA FE

Tener fe

La Fe es ante todo “la respuesta del hombre a la revelación/invitación” de Dios a la vida, libertad y felicidad “verdaderas”: ¿En qué sentido “verdaderas”?:

La fe es “aceptar, abrirse, responder” al Dios que llama al hombre para que tenga lo que “antes de conocer a Cristo” tiene pero solo parcialmente: vida, libertad, felicidad. En los relatos del Evangelio el  “encuentro histórico y  personal con Jesucristo”:  Jesús le dijo: “¿Crees en el Hijo del hombre?” Él dijo: “Creo, Señor”. Y se postró ante él (cfr. Jn 9, 35-38). Ello sucede también cuando ese encuentro se da en la predicación de la Iglesia, como en el caso de Pedro: Así pues, los que acogieron su palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas tres mil personas (cfr. Hch 2,41)

Como reacción a la Revelación, como efecto del “encuentro con Jesucristo”  la Fe es una “respuesta u obedientia fidei = “obediencia de la Fe” que se da  “ante la Palabra” escuchada, tal y como sucede  en la celebración litúrgica dominical: a las lecturas que son “la revelación de Dios y la vocación o encuentro con Jesucristo, la invitación a sus caminos”  se responde luego con el Credo y se acompaña la misma con las preces.


Respuesta u “obediencia” que no es solo verbal: sino que es camino, una dinámica de movimiento espiritual, tal y como Abraham, el “padre en la Fe” hizo”: “comenzó a caminar” y ellos se le retuvo como “justicia”. “Cuando Dios revela el hombre tiene que someterse con la fe” o la escucha como “entrar en alianza” según nuestro Padre Abraham que realizó la “pre-alianza del Sinaí” por su escuchar y seguir la llamada Ven, sal de tu tierra.

lunes, 9 de septiembre de 2013

LA FE NO ES UNA OPINIÓN SUBJETIVA

Tener fe.

“la fe no solo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver”. Una parte de la nueva lógica que inaugura la fe es que “no es algo privado, una concepción individualista, una opinión subjetiva, sino que nace de la escucha y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio”.

“Si el amor necesita la verdad, también la verdad tiene necesidad del amor. Amor y verdad no se pueden separar”

“La fe, sin verdad, no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad” o bien se reduce a un “sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de ánimo o de la situación de los tiempos, es incapaz de dar continuidad al camino de la vida”.


En el clima cultural actual, se ve con sospecha la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto. Se la considera casi como responsable de “los grandes totalitarismos del siglo pasado, una verdad que imponía su propia concepción global”. En el nexo entre religión y verdad estaría, según esa visión, “la raíz del fanatismo”.

jueves, 8 de agosto de 2013

INCIDENCIA DE LA ILUSTRACIÓN Y LA POSMODERNIDAD EN LA FE CREÍDA Y VIVIDA DE LOS MINISTROS ORDENADOS



Estos cambios bruscos en la concepción de Dios, del hombre, del mundo, de la sociedad, de la historia, de la vida… traen consecuencias en todos los ámbitos de la vida social, impactando todo, también, naturalmente, la religión. 

Nos interesa en este momento, como pastores de la Iglesia, saber cómo este fenómeno afecta nuestra vida ministerial y la búsqueda infatigable del Rostro de Dios, interpelados en esta hora por nuevos lenguajes del dominio técnico, que no siempre revelan sino que también ocultan el sentido divino de la vida humana redimida en Cristo. Sin una percepción clara del misterio de Dios, se vuelve opaco el designio amoroso y paternal de una vida digna para todos los seres humanos (Cfr. Aparecida 35).

miércoles, 7 de agosto de 2013

¿QUÉ LE PASÓ A NUESTRA FE?


Así empezó nuestra formación permanente en la provincia de los Altos el día de ayer. Fue un día de mucha enseñanza, dos intervenciones que alimentó mucho nuestro conocimiento, muy agradecido con todos los Obispos, gracias por la preocupación de sus sacerdotes. Algunos textos del p. Nelson fue lo siguiente:

Siempre se ha hablado bien y mal de los sacerdotes. Pensar que hacerlo es una moda de la posmodernidad no es del todo preciso. Santos, historiadores, literatos, filósofos, analistas, psicólogos, científicos, creyentes y ateos, han dicho algo bueno o malo sobre la persona del sacerdote, desde San Agustín hasta Pepe Rodríguez hay crítica creyente o increyente sobre su comportamiento. Ciertamente han existido siempre escándalos lamentables que producen daño a la Iglesia y a su credibilidad (DMVP 82), pero tal vez ese no sea el centro de la crisis presbiteral de que tanto se habla hoy.

Es más preciso poner el acento en otro punto que es esencial a nuestra condición cristiana. El documento de síntesis de Aparecida (100f) había vislumbrado como peligrosa para la fe de nuestros pueblos una tendencia a la supresión de la trascendencia y consecuente abandono de la práctica religiosa.

Por el mismo camino se encauza el Nuevo Directorio para el Ministerio y Vida de los presbíteros, que en su presentación ha fijado su atención en el elemento trascendental de la existencia humana y cristiana, afirmando que la crisis general del cristianismo y de la sociedad, en todos sus estamentos se debe precisamente a la tendencia a vivir la vida en una proyección horizontal, dejando a un lado o neutralizando la dimensión de lo trascendente. 

El efecto más deletéreo que ha causado esta situación, según el directorio, es la crisis del ministerio sacerdotal, crisis que por una parte se manifiesta en la sensible reducción de las vocaciones y, por otra, en la difusión de un espíritu de verdadera pérdida de sentido sobrenatural de la misión sacerdotal.


jueves, 18 de julio de 2013

LOS CAMINOS QUE CONDUCEN AL CONOCIMIENTO DE DIOS

Seguir a Dios
Hay caminos que pueden abrir el corazón del hombre al conocimiento de Dios, hay signos que conducen hacia Dios. Ciertamente, a menudo corremos el riesgo de ser deslumbrados por los resplandores de la mundanidad, que nos hacen menos capaces de recorrer tales caminos o de leer tales signos.
Dios, sin embargo, no se cansa de buscarnos, es fiel al hombre que ha creado y redimido, permanece cercano a nuestra vida, porque nos ama. Esta es una certeza que nos debe acompañar cada día, incluso si ciertas mentalidades difundidas hacen más difícil a la Iglesia y al cristiano comunicar la alegría del Evangelio a toda criatura y conducir a todos al encuentro con Jesús, único Salvador del mundo.

Esta, sin embargo, es nuestra misión, es la misión de la Iglesia y todo creyente debe vivirla con gozo, sintiéndola como propia, a través de una existencia verdaderamente animada por la fe, marcada por la caridad, por el servicio a Dios y a los demás, y capaz de irradiar esperanza. Esta misión resplandece sobre todo en la santidad a la cual todos estamos llamados.

martes, 7 de mayo de 2013

LA CARIDAD, ALMA DE LA MISIÓN

La caridad

La misión, si no está orientada por la caridad, es decir, si no brota de un profundo acto de amor divino, corre el riesgo de reducirse a mera actividad caritativa  y social.

El amor que Dios tiene por cada persona constituye el centro de la experiencia y del anuncio del Evangelio, y a los que lo acogen se convierten a su vez en testigos. El amor de Dios que da vida al mundo es el amor que nos ha sido dado en Jesús, Palabra de Salvación, Imagen perfecta de la misericordia del Padre celestial.

De esta manera, toda comunidad cristiana está llamada a dar a conocer a Dios, que es Amor. Dios penetra con su amor toda la creación y la historia humana. El hombre, en su origen, salió de las manos del Creador como fruto de una iniciativa de amor.

Nuestros primeros padres, Adán y Eva, engañados por el maligno,  abandonaron la relación de confianza con su Señor, cediendo a la tentación del maligno, que infundió en ellos la sospecha de que él era el rival y quería limitar su libertad. De este modo, en lugar del amor gratuito divino, se prefirieron a sí mismos. Las consecuencias que podemos sacar de estos es el perder la felicidad original y experimentando la amargura de la tristeza del pecado y la muerte.

Dios, sin embargo, no los abandonó y les prometió a ellos y a su descendencia la salvación, anunciando el envío de su Hijo unigénito, Jesús, que en la plenitud de los tiempos revelaría su amor de Padre, un amor capaz de rescatar a toda  criatura humana de la esclavitud del  mal y de la muerte.

En Cristo hemos recibido la vida inmortal, la misma vida de la Trinidad, Gracias a Cristo, el buen pastor, que no abandona a la oveja perdida, los hombres de todo los tiempos tienen la posibilidad de entrar en la comunión con Dios, Padre Misericordioso, dispuesto a volver a acoger en su casa al hijo que realmente quiere regresar a su Padre, que es Dios.

sábado, 4 de mayo de 2013

ACTIVIDADES PARROQUIALES


En nuestra parroquia “San Francisco de Asís”, se dio inicio a un pequeño curso sobre el Concilio Vaticano II con motivos del Año de Fe. Como bien sabemos este año fue convocado para conmemorar los 50 años del inicio del Concilio Vaticano II, un acontecimiento que ha marcado la vida de la Iglesia en los tiempos presentes, y también los 20 años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica como fruto del Concilio.

Fue convocado por el Papa Juan XXIII en 1962 y clausurado por el Papa Paulo VI en 1965. Ha sido el concilio más representativo de todos. Asistieron más de dos mil Padres Conciliares procedentes de todas las partes del mundo y de una gran diversidad de lenguas y razas.

En este año estamos invitados a releer los documentos del Concilio (16 Documentos)

4  Constituciones: Lumen Gentium, Dei Verbum, Sacrosanctum Concilium, Gaudium et Spes.

9  Decretos: Ad Gentes, Inter Mirifica, Orientalium Ecclesiarum, Unitatis Redintegratio, Christus Dominus, Optatam Totius, Presbyterorum Ordinis, Perfectae Caritatis, Apostolicam Actuositatem.

3  Declaraciones: Gravissimum Educationis, Dignitatis Humanae, nostra Aetate.

Y el medio mas accesible a todos, EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA.

       

miércoles, 3 de abril de 2013

ACTITUDES EUCARÍSTICAS PARA EL AÑO DE LA FE

Actitudes

ENCUENTRO
Vamos hacia el Salvador, pues sabemos que, cruzando el umbral de una puerta, al otro lado (en una iglesia) Jesús siempre espera con un sitio libre para alguien con nombre, historia y apellidos: ¡Tú!
CELEBRANDO
Detenemos, durante un espacio de tiempo, el reloj de nuestra vida haciendo memoria, con gestos y con palabras, de aquella tarde inolvidable del Jueves Santo donde, Jesús, nos dejó este gran regalo: la eucaristía
DIALOGO
Dios siempre ofrece una palabra oportuna para cada situación y para cada persona que está dispuesto a encontrarse, celebrar y esperar en El y con El.
HONRA
Supone una gran satisfacción por estar con Jesús a pesar de nuestras limitaciones y pequeñeces. El Señor, aun conociendo las pequeñas deserciones y traiciones de sus seguidores, nos da audiencia para estar cerca de El y compartir su cuerpo y su sangre.
ALABANZA
Demos gracias a Dios por ofrecernos, una vez más, su amor en Jesús. Nos lo dio pequeño en Belén, como pan en Jueves Santo y –el amor sin límites- clavado en cruz. ¿No merece Dios, por todo ello, nuestro homenaje?
ACOGIDA
Hay que llevar a la propia vida el estilo y el modo de vivir de Jesús. La eucaristía nos lanza a indagar y sumergirnos en lo que fue indicativo en la persona de Jesús: el Reino de Dios. Su corazón es resumen de los mejores sentimientos de Cristo.
PERDON
Con el mismo fondo, es decir hasta las últimas consecuencias, que lo tuvo en Jesús. Sin contar las veces, sin mirar atrás, sin exigir condiciones. La eucaristía, cuando se vive de verdad, crea lazos de hermandad, fraternidad y reconciliación.
ALEGRIA
Nos alegramos por haber sido invitados al banquete con Jesús. Muchos son llamados y…no siempre todos responden. El Señor, una vez más, ha saltado a la encrucijada de nuestros caminos y ha dado con nosotros para ocupar un puesto junto a El en la eucaristía. Ser invitado del Señor, además de emoción, conlleva alegría por tal deferencia.
CONTEMPLACION
La eucaristía, por Jesús, nos hace sentir la presencia de un Dios que nos ama con locura. Participar en ella es dar también un espacio al silencio y a la escucha. Es dejar que, el anfitrión, nos hable antes de servirnos y de alimentarnos. Contemplar es mirar con los ojos de la fe.
ANUNCIO
Participar en la eucaristía es saber que ella es un pregón de la muerte del Señor hasta el día en que, El , vuelva. Rodear el altar, escuchar su Palabra, entrar en comunión con Cristo....es saber que todo eso es un gran aperitivo de lo que nos queda por gustar el día de mañana.
ESPERANZA
Con la eucaristía, salimos fortalecidos para hacer frente a las pruebas de cada jornada. Entramos a ella cargados y llenos de contrariedades. Salimos, de ella, y aunque los acontecimientos sigan siendo los mismos...nosotros somos distintos al haber sido fortalecidos por la medicina del encuentro eucarístico.
FE
No todo lo importante es siempre visible al ojo humano ni explicable al entendimiento. Hay un componente que nos debe de causar sentimientos hondos y devoción. Existe una parte de misterio que se nos escapa pero que, por momentos, nos hace estar cosidos al Cristo del Calvario, unidos Cristo del Jueves Santo, alegres con el Cristo de la mañana de Pascua.

lunes, 11 de marzo de 2013

EL CONCEPTO CÓNCLAVE


El vocablo “cónclave” es una palabra de origen latino admitida en el uso de la lengua española y definida por la RAE como “junta de cardenales de la Iglesia Católica, reunida para elegir al Papa”. La segunda acepción de “cónclave”, cuyo significado etimológico es “lo que se cierra con llave”, define a esta palabra como el “lugar donde se reúnen los cardenales para elegir Papa”. Su sentido eclesial y canónico es el mismo que acaba de ser descrito. 

En las vísperas ahora de un nuevo cónclave, el que ha de elegir el sucesor del Papa Benedicto XVI, he aquí los orígenes de las elecciones pontificas –con una mención expresa y glosada al cónclave más célebre de la historia, el de Viterbo, en 1270-1271, y algunos sobre ante el cónclave de marzo de 2013. 

Los orígenes 

La elección del Obispo de Roma -y, por ende, el pastor supremo de la Iglesia Universal- experimento durante el primer milenio del cristianismo algunas oscilaciones. Entre los siglos I al IV, años y centurias de implantación primera, de catacumbas y de persecución, el clero y el pueblo cristiano de Roma elegían a quien había de ser su pastor, generalmente un diácono, quien debía ser ordenado obispo. El clero y el pueblo romano continuaron como electores de su obispo en los siglos IV al VIII, si bien, una vez que el Imperio Romano y Bizantino profesó la fe cristiana, esta elección debía ser ratificada por el Emperador, que otorgaba esta confirmación a través del Exarca de Rávena habida cuenta de que la capital del Imperio se desplazó a Constantinopla. 

Tras ensayarse distintas fórmulas mixtas en los siglos IX y X, siglos oscuros y de hierro, en el año 1059 el Papa Nicolás II, uno de los llamados Papas reformadores de Lorena, en referencia a la localidad franco-alemana del mismo nombre, hace público un decreto sobre la elección papal, reservándola a los cardenales obispos, abriéndola a personas no romanas y requiriéndose todavía el asentimiento del clero y del pueblo. 

En 1130 comenzó a aplicarse ya de manera definitiva esta normativa, que, en 1179, incluyó, mediante decretal del Papa Alejandro III, la necesidad de que el candidato elegido obtuviera los dos tercios de los votos para que la elección fuera válida. 

Votaciones y “fumatas” 

En la primera sesión de votaciones en la tarde del día primero, que solo hay una votación y correspondiente comunicado a través de la “fumata”, en el resto de las sesiones hay dos votaciones. Cada sesión electoral de mañana y de tarde es seguida de la “fumata”. Esto es, en el día primero, por la tarde, tras la primera votación; y a partir de ahí, salvo elección, cada dos votaciones, en torno, pues, a las 12 horas o a las 19 horas. 

Eso sí, si la mayoría requerida de dos tercios, se produjera en la segunda, cuarta, sexta u octava votación, se adelantaría la “fumata”, de color, pues, blanco, con la inequívoca señal de la elección pontificia. 

Después de tres días de votaciones sin resultado, el cuarto día los cardenales tendrían una jornada de retiro y de reflexión, y así hasta el escrutinio treinta y tres –que según disposición de Benedicto XVI, de 11 de junio de 2007- las votaciones tendrían como únicos candidatos a los dos cardenales más votados y se alcanzaría la elección con, al menos, la mayoría cualificada de los votos, los dos tercios. 

Durante todos los días del cónclave, tanto en la capilla sixtina como en la residencia de Santa Marta –donde se alojan- los cardenales, está terminantemente prohibido y bajo graves penas canónicas, cualquier tipo de comunicación con el exterior, incluidas, por supuesto, las nuevas tecnologías. 

El humo de la chimenea 

El humo que de la chimenea de la capilla sixtina comunica los resultados –la “fumatta bianca o la fumatta nera”- sale de la destrucción de las papeletas, que son quemadas, en las que los cardenales electores han escrito sus votos y de las notas que hayan podido tomar durante los escrutinios. Todos estos papeles se atan y cosen en una especie de cuerda. Se pide además a los cardenales que, en la medida de lo posible, disimulen su letra para evitar ser reconocidos por la caligrafía. 

En esta ocasión, se han instalado dos estufas, una para que produzca la fumata blanca y otra la negra. Se queman con papeles, amén de con un producto químico para darle el color correspondiente, con paja. Si la paja es húmeda y las papeletas se queman humedecidas, el color que saldrá al exterior será blanco, la señal inequívoca, inefable y gozosa del “Habemus Papam”. Si se queman sin humedecer, el color será negro: los cardenales han seguir votando… 

!Habemus Papam! 

Mientras tanto, la Plaza de San Pedro se habrá llenado ya de cientos de miles de personas, alertadas por la “fumata bianca”, los medios de comunicación y el repiquetear solemne y festivo de las campanas. 

El cardenal prodiácono, el francés ya citado Jean-Louis Tauran, acompañado de ceremonieros, saldrá al balcón o logia central de la basílica vaticana para anunciar a la urbe (Roma) y al orbe (el mundo entero) el nombre del nuevo Papa. Lo hará también en una bien consagrada y conocida fórmula latina: Anunúntio bobis gaudim magnum; habemus Papam!: emnimentisismus ac reverendisimus dóminun, dóminum… (citará en latín el nombre propio), sanctae romanae ecclesiae cardinalem (dirá el apellido), qui sibi nomen imposuit…. (dirá el nombre que ha elegido para ser Papa).

VIRTUDES TEOLOGALES Y CARDINALES


Existen siete virtudes principales: tres llamadas “teologales” porque tienen relación inmediata con Dios, y son; la fe, la esperanza y la caridad.



Las virtudes llamadas “cardinales” son; prudencia, justicia, fortaleza y templanza.



¿Cuál es la mayor de las virtudes en orden de la perfección? San Pablo al hablar de las tres virtudes teologales, nos dice que la mayor, la más excelsa es la caridad (1 Cor. 13, 13) y así es por ser la que más une íntimamente con Dios, y porque es la única que permanece eternamente en el cielo, ya que la fe desaparece al ser sustituida por la visión de Dios y lo mismo la esperanza.

Y ¿Cuál es la primera virtud cristiana? La primera virtud cristiana, en cuando que es el fundamento de la vida sobrenatural, es la fe, porque todas las virtudes incluso la caridad presuponen la fe, pues, como dice San Ambrosio: “la fe es el fundamento sólido de todas las virtudes”. Sin en realidad yo no tengo fe, ¿Cómo he de esperar yo en Dios y amarle? Si yo no creo en Dios, ¿Cómo puedo esperar en Él?

viernes, 25 de enero de 2013

LAS RELIQUIAS


¿Por qué los católicos creen en reliquias de santos cuando la Biblia enseña que sólo debemos recurrir a Jesucristo?

Estamos de acuerdo que todo poder viene de Jesús. Pero la Biblia enseña que Jesús confirió su poder a los suyos para que cooperen con El. Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre los demonios, y para curar enfermedades escuchamos en el evangelio de Lucas.

No solo a los Apóstoles sino también todos los miembros de la Iglesia podemos y debemos ayudarnos mutuamente ya que somos un cuerpo de Jesucristo. Esta facultad de ayudarnos no termina con la muerte. Los santos en el cielo interceden por nosotros, por su unión más íntima con Cristo.

Así se vivió la visita de la reliquia del hermanito Pedro en nuestra parroquia.

Entrega de la reliquia
Caminata

La fe de los fieles

domingo, 20 de enero de 2013

SEGUIMIENTO A JESUCRISTO

La aventura de seguir a Jesús

La vocación cristiana es una llamada a la adhesión personal a Cristo para compartir su misma vida y misión. "Seguir" a Cristo equivale a un "encuentro", que se hace relación personal y que incluye una "renuncia" a otros criterios, escala de valores y actitudes, para vivir la misma vida del Señor (Mt 16,24).

1. Ser cristiano no es simplemente hacer el bien y evitar el mal.
2. Ser cristiano no es simplemente creer en Dios.
3. Ser cristiano no consiste simplemente en cumplir unos ritos determinados.
4. Ser cristiano no se limita a aceptar unas verdades de fe, en unos dogmas, recitar el Credo o saberse el catecismo de memoria. Muchos que profesan la doctrina cristiana recta, están en la práctica muy lejos del Evangelio. Es necesario aceptar la fe de la Iglesia, conocer sus leyes y preceptos, pero esto no basta para ser cristiano. El cristianismo no es sólo una doctrina.

No se puede ser cristiano al margen de la figura histórica de Jesús de Nazaret, que murió y resucitó por nosotros y Dios Padre le hizo Señor y Cristo (Hch 2,36). Lo cristiano no es simplemente una doctrina, una ética, un rito o una tradición religiosa, sino que cristiano es todo lo que dice relación con la persona de Jesucristo. Sin él no hay cristianismo. Lo cristiano es El mismo. Los cristianos son seguidores de Jesús, sus discípulos. En Antioquía, por primera vez los discípulos de Jesús fueron llamados cristianos (Hch 11,26).

La vida cristiana es un camino (Hch 9,2), el camino de seguimiento de Jesús. Los Apóstoles, primeros seguidores de Jesús, son el modelo de la vida cristiana. Ser cristiano es imitar a los Apóstoles en el seguimiento de Jesús. De los Apóstoles se dice que siguieron a Jesús. (Lc 5,11) y a este seguimiento es llamado todo bautizado en la Iglesia. 

Los Apóstoles no fueron únicamente los discípulos fieles del Maestro, que aprendieron sus enseñanzas, como los jóvenes de hoy aprenden de sus profesores. Ser discípulo de Jesús comportaba para los Apóstoles estar con él, entrar en su comunidad, participar de su misión y de su mismo destino (Mc 3,13-14; 10, 38-39). 

Seguir a Jesús hoy no significa imitar mecánicamente sus gestos, sino continuar su camino "pro-seguir su obra, per-seguir su causa, con-seguir su plenitud" (L. Boff). El cristiano es el que ha escuchado, como los discípulos de Jesús, su voz que le dice: "Sígueme" (Jn 1,39-44; 21,22) y se pone en camino para seguirle.

Seguir el camino de la cruz

FELIZ DOMINGO A TODOS.

martes, 30 de octubre de 2012

¿QUÉ SENTIDO TIENE VIVIR?



Nosotros necesitamos no sólo el pan material, necesitamos amor, sentido y esperanza, un fundamento seguro, un terreno sólido que nos ayude a vivir con un sentido auténtico, incluso en la crisis, en la oscuridad, en las dificultades y problemas cotidianos. La fe nos dona precisamente esto: en una confiada entrega a un "Tú", que es Dios, que me da una certeza diferente, pero no menos sólida que la que proviene del cálculo exacto o de la ciencia.

La fe no es un mero asentimiento intelectual del hombre a las verdades particulares sobre Dios, es un acto con el cual me entrego libremente a un Dios que es Padre y que me ama, es adhesión a un "Tú" que me da esperanza y confianza. Ciertamente, esta unión con Dios no carece de contenido: con ella, sabemos que Dios se ha revelado a nosotros en Cristo, que hizo ver su rostro y se acercó realmente a cada uno de nosotros.


Con el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, Dios desciende hasta el fondo de nuestra humanidad, para llevarla nuevamente hacia Él, para elevarla hasta que alcance su altura. La fe es creer en este amor de Dios, que nunca falla ante la maldad de los hombres, ante el mal y la muerte, sino que es capaz de transformar todas las formas de esclavitud, brindando la posibilidad de la salvación.

Tener fe, entonces, es encontrar a ese "Tú," a Dios, que me sostiene y me concede la promesa de un amor indestructible, que no sólo aspira a la eternidad, sino que la da; es entregarme a Dios con la actitud confiada de un niño, que sabe que todas sus dificultades y todos sus problemas están a salvo en el "tú" de la madre.