viernes, 21 de junio de 2013

RESENTIMIENTO Y AMARGURA

Resentimiento 
El hombre que opta por la venganza debe cavar dos tumbas. Proverbio chino

Aunque justicia sea lo que reclamas, considera que a ninguno de nosotros bastará la justicia para salvarse. Todos te suplicamos piedad, y es la súplica misma la que nos enseña a practicar clemencia. William Shakespeare “el mercader de Venecia”, acto iv, escena 1ª

El perdón es el camino hacia la paz y la felicidad. También es un misterio, y a menos que lo busquemos, permanecerá oculto de nosotros.

En realidad, ¿qué significa el perdón? C. S. Lewis dice que no se trata solamente de ecuanimidad humana, sino de excusar hasta lo que no tiene disculpa. Y más aún. Cuando excusamos a alguien, hacemos caso omiso de su error sin exigir pena ninguna. Cuando perdonamos, no solamente perdonamos una falla o un pecado, sino que abrazamos al pecador y buscamos rehabilitarlo y restaurarlo. Puede que no siempre sea aceptado el perdón ofrecido, pero una vez extendida la mano, desaparecen los resentimientos.

Puede que siempre vamos a sentir una herida muy honda, pero no usaremos el propio dolor para infligir más dolor a otros. Cuando revivimos un recuerdo negativo, llevando cuenta de ofensas que se nos han causado, el recuerdo se convierte en rencor. No importa si la causa del rencor es real o imaginada, su veneno nos carcome poco a poco hasta que se derrama y corroe todo lo que nos rodea.

Todos hemos conocido a personas amargadas. Tienen una memoria extraordinaria para los más insignificantes detalles, se consumen en quejarse y se ahogan en resentimientos. Llevan cuenta minuciosa de las ofensas sufridas, y siempre están listos para demostrar a los demás cuánto han sido ofendidos. Por fuera aparentan tranquilos y serenos, pero por dentro revientan de su odio reprimido. Estas personas constantemente defienden su indignación. Sienten que el hecho de haber sido heridas tan profunda y frecuentemente les exime de la obligación de perdonar. Pero son precisamente estas personas las que más necesitan perdonar. A veces tienen el corazón tan lleno de rencor que ya no hay capacidad para amar.

La amargura no es sólo una perspectiva negativa de la vida es un pecado. El aferrarse a rencores contra otra persona tiene un efecto desastroso para el alma. Abre las puertas al mal y nos deja vulnerables a pensamientos homicidas. Además le quita todo el poder a la oración. Por eso es que Cristo nos ordena a resolver nuestras diferencias con los demás antes de “presentar nuestra ofrenda al altar”. Podemos orar el día entero, pero si guardamos rencores la puerta de Dios permanecerá cerrada. La amargura destruye el alma y es capaz de destruir el cuerpo también.

Las heridas que causa el abuso sexual llevan años en sanar; en muchos casos dejan cicatrices permanentes. Sin embargo, no es inevitable que resulten en una vida atormentada o en el suicidio. Pero sí significa que se debe tomar una decisión consciente de dejar de odiar, porque el odio no ayuda nunca. Como un cáncer, el odio se extiende a través del alma hasta destruirla por completo.

martes, 18 de junio de 2013

LA IGLESIA PERMITIÓ EN ORIENTE LA ORDENACIÓN PRESBITERAL DE PERSONAS CASADAS. ¿NO PODRÍA HACER TAMBIÉN LO MISMO LA IGLESIA LATINA?


Eso iría en contra de la tradición más antigua, reconocida incluso por los orientales, que exigía a los sacerdotes una perfecta continencia. En estas últimas décadas, un número creciente de expertos en investigación histórica sostiene que la praxis de la Iglesia en los primeros siglos admitió sacerdotes casados, pero a condición de que, tras ser ordenados, viviesen en perfecta y perpetua continencia.

En efecto desde el principio se intuía que el sacerdote debía estar libre de cualquier otro vínculo para poder entregarse a la Iglesia con plenitud esponsal, según el ejemplo de Cristo. De ahí que se pida a los candidatos casados la continencia perfecta e incluso se prohibía la cohabitación con la esposa.

Por ejemplo, el Concilio de Nicea I (325) estableció: “se prohíbe absolutamente a los obispos, sacerdotes y diáconos, y en general a cualquier miembro del clero, tener consigo una mujer, a menos de que se trate de su madre, de una hermana, de una tía o de una persona que esté por encima de toda sospecha”.

En Oriente a partir del sínodo bizantino de Trullo (691) se permitió el uso del matrimonio a los clérigos casados mientras no ejercieran el servicio del altar, rebajando así la evidencia del carácter totalizador de la dimensión esponsal del sacerdocio. Consecuentemente, decayó en Oriente la celebración diaria de la Eucaristía por parte de los sacerdote casados (pues, si no, habrían tenido que abstenerse siempre del uso del matrimonio).

Recientemente, también la Iglesia siro-malankar y siro-malabar han corroborado libremente la exigencia del celibato para sus sacerdotes.  

sábado, 15 de junio de 2013

ORDENACIONES EN NUESTRA DIÓCESIS

Que regalo más grande a la Iglesia, fue la ordenación de un presbítero y dos diáconos para la Diócesis de Sololá-Chimaltenango. El diácono Rubín Isaías (presbítero) nació en San Lucas Tolimán, Sololá, el 8 de marzo en una familia muy cristiana y numerosa. Y Santos Feliciano Ramos (diácono) nació el 9 de junio en San Jorge La Laguna, Sololá. Actualmente sirviendo al pueblo de San Martín Jilotepeque. Rosalío (diácono) de él conocemos poco, es un apóstol de la palabra. Que Dios les sostenga en su gracia para ejercer el ministerio sacerdotal y diaconal a estos hermanos nuestros.

Sacerdote del Señor,
ungidas tienes las manos.
En ellas llevas a Dios
Pan Divino y Soberano.

Tanto ha podido el amor,
que Dios del cielo ha bajado,
y un sagrario se ha buscado
en tu pobre corazón

Junto al Divino Jesús,
como el discípulo amado,
sientes el dulce latir
de su divino costado.

¡Quien gozará del favor
de vivir junto a su lado!
Que es dicha vivir reclinado
junto al pecho de Jesús.

Presentación
Los ordenandos
imposición de las manos


El nuevo presbítero
Beso de las manos

Ejerciendo su diaconado

El pueblo de Dios

LA IMPOSICIÓN DE LAS MANOS

Imposición de las manos
Desde las religiones más antiguas la imposición de las constituye un símbolo de bendición. Profetas, sacerdotes y otras personas consagradas imponían las manos para bendecir representando a la misma divinidad. Se imponen también las manos para la curación de enfermedades.

En el Antiguo Testamento la imposición de las manos constituye una expresión visible de la transmisión de una bendición. El mismo gesto expresa la transmisión de un cargo o misión, el gesto significaba también la liberación de una opresión como la impureza o el pecado.

Jesús impone las manos a los niños como señal de bendición. La transmisión de la bendición mediante la imposición de las manos se manifiesta también en las numerosas curaciones milagrosas de Jesús.

En la reconciliación de los penitentes o Confesión, al absolver al pecador, el sacerdote impone las manos o al menos la mano derecha. Es señal de reconciliación, de perdón, de acogida y al mismo tiempo de transmisión del don del Espíritu Santo, para que mediante el don de la Penitencia el pecador pueda evitar el pecado y vivir siempre en actitud de conversión.

En la Celebración Eucaristía, la consagración es precedida por la imposición de las manos sobre las ofrendas, acompañada por una fórmula de invocación del Espíritu Santo.


La Unción de los enfermos también es precedida por una imposición de las manos, señal de bendición, de sanación, de alivio y de transmisión de la fuerza del Espíritu Santo para que el enfermo pueda ser aliviado.    

viernes, 14 de junio de 2013

LA EUCARISTÍA Y EL ENFERMO

El viático
La santa misa es la renovación del sacrificio de la Cruz y de la resurrección gloriosa de nuestro Redentor. Sacrificio perfecto, eterno en el cual Jesucristo es a la vez Sacerdote, Víctima y Altar.

El enfermo, por sus limitaciones, no puede asistir físicamente a la santa misa, aunque en muchos casos la sigue por televisión, no sin provecho. Pero el mismo sufrimiento y trance de muerte lo pone en estrecha participación del misterio pascual de Jesucristo, de su pasión y de su muerte, que se renueva constantemente en la misa.

Por la fe, iluminada por la palabra de Dios, descubre el enfermo que sus sufrimientos, como dice San Pablo, son parte integrante de los sufrimientos de Cristo: “Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo”. Cristo sufre y muere en el enfermo y el enfermo sufre y muere en Cristo.


El enfermo y el anciano, además, reciben en la Comunión la fortaleza y el alimento espiritual que necesitaban en su camino al calvario. Aquí es muy oportuna la exhortación de la Introducción al Misal Romano: “Instrúyase diligentemente a los fieles sobre el hecho de que también cuando comulgan fuera de la misa se unen íntimamente con el sacrificio de la cruz y participan de los bienes del Sacrificio Pascual, que renueva la Nueva Alianza entre Dios y los hombres.

miércoles, 12 de junio de 2013

EL PÁRROCO (SACERDOTE)


Es el hombre de Dios que hace viva y sensible la presencia de Jesucristo en medio del pueblo cristiano.

Es el hombre de Dios que está entre Dios y su rebaño, para dar a Dios el honor, la alabanza, la adoración por sus hijos, aún por aquellos que no reconocen u olvidan a su Pastor celestial.

Es el hombre de Dios que da al pueblo la verdad que salva, la gracia que santifica, que señala con el servicio y el ejemplo el camino de la felicidad eterna.

Es el hombre de Dios que implora la misericordia de Dios con la hostia divina y consigo mismo, hecho víctima por los pecados del pueblo; y por esto ora, suplica y llora ante el sagrario.

Es el hombre de Dios, a veces incomprendido, que se sacrifica trabajando en un terreno arenoso o lleno de cizaña y de espinas; que a menudo es calumniado, criticado y atacado.

Es el hombre de Dios a quien se le recuerdan muchos deberes y poco sus derechos; es un silencioso bienhechor de la humanidad, de los pobres, los enfermos, los afligidos, los infelices y los marginados del mundo.

Es el hombre de Dios que representa al Obispo en su parroquia; y que a través del Obispo representa a Dios. Todos deben estimarlo y seguirlo como el hombre de Dios; todos deben cooperar con el hombre de Dios.


Recemos por nuestros sacerdotes especialmente por nuestro párroco porque son los que llevan el peso de la parroquia. 

viernes, 7 de junio de 2013

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Sagrado Corazón de Jesús
Ê La oración de la Iglesia venera y honra al Corazón de Jesús, como invoca su Santísimo Nombre. Adora al Verbo encarnado y a su Corazón que, por amor a los hombres, se dejó traspasar por nuestros pecados.
Ê Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: "El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20). Nos ha amado a todos con un corazón humano. Por esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación (cf. Jn 19, 34), "es considerado como el principal indicador y símbolo...del amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres (Pío XII, Enc."Haurietis aquas": DS 3924; cf. DS 3812).
Ê La difusión de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se debe a santa Margarita de Alacoque a quien Jesús se le apareció con estas palabras: "Mira este corazón mío, que a pesar de consumirse en amor abrasador por los hombres, no recibe de los cristianos otra cosa que sacrilegio, desprecio, indiferencia e ingratitud, aún en el mismo sacramento de mi amor. Pero lo que traspasa mi Corazón más desgarradamente es que estos insultos los recibo de personas consagradas especialmente a mi servicio."

ü He aquí las promesas que hizo Jesús a Santa Margarita, y por medio de ella a todos los devotos de su Sagrado Corazón:

1.     Les daré todas las gracias necesarias a su estado.
2.     Pondré paz en sus familias.
3.     Les consolaré en sus penas.
4.     Seré su refugio seguro durante la vida, y, sobre todo, en la hora de la muerte.
5.     Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas.
6.     Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.
7.     Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente, el Océano infinito de la misericordia.
8.     Las almas tibias se volverán fervorosas.
9.     Daré a los sacerdotes el talento de mover los corazones más empedernidos.
10. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón, y jamás será borrado de Él.
11. Les prometo en el exceso de mi misericordia, que mi amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulgaren por nueve primeros viernes consecutivos, la gracia de la perseverancia final; no morirán sin mi gracia, ni sin la recepción de los santos sacramentos. Mi Corazón será su seguro refugio en aquel momento supremo.

    Las condiciones para ganar esta gracia son tres:
1.     Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción.
2.     Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.

3.     Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.

En esta solemnidad pido al Sagrado Corazón de Jesús la paz en Guatemala, celebré esta fiesta en una de las aldeas de Tecpán Guatemala, así se vivió:

Comunidad Sagrado Corazón de Jesús, Panabajal


jueves, 6 de junio de 2013

PLAN DIOCESANO DE PASTORAL 2013-2020 PARA NUESTRA DIÓCESIS

Con alegría y agradecimiento a Dios pudimos celebrar la VIII asamblea diocesana de pastoral convocada y presidida por nuestro Obispo diocesano Monseñor Gonzalo de Villa. La asamblea se realizó en el contexto del año de la fe, con el eco pascual del Corpus Christi y la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

El objetivo primordial de la asamblea fue el presentar y conocer de manera oficial el PLAN DIOCESANO DE PASTORAL 2013-2020. Encantarnos, enamorarnos y comprometernos en su ejecución, a través de los ejes pastorales de nuestra diócesis de Sololá-Chimaltenango.


Que Dios nos bendiga a todos de poder realizar lo que se nos pide en el plan en cada uno de nuestras parroquias.

Reunión por decanato

Preparándonos para la misa

En la homilía

ALGUNAS REFLEXIONES DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL DOMUND 2013 (II parte)

Papa Francisco
4. En nuestra época, la movilidad general y la facilidad de comunicación a través de los nuevos medios de comunicación han mezclado entre sí los pueblos, el conocimiento, las experiencias. Por motivos de trabajo familias enteras se trasladan de un continente a otro; los intercambios profesionales y culturales, así como el turismo y otros fenómenos análogos empujan a un gran movimiento de personas. 

A veces es difícil, incluso para las comunidades parroquiales, conocer de forma segura y profunda a quienes están de paso o a quienes viven de forma permanente en el territorio. Además, en áreas cada vez más grandes de las regiones tradicionalmente cristianas crece el número de los que son ajenos a la fe, indiferentes a la dimensión religiosa o animados por otras creencias. Por tanto, no es raro que algunos bautizados escojan estilos de vida que les alejan de la fe, convirtiéndolos en necesitados de una “nueva evangelización”.A esto se suma el hecho de que a una gran parte de la humanidad todavía no le ha llegado la buena noticia de Jesucristo. Y que vivimos en una época de crisis que afecta a muchas áreas de la vida, no sólo la economía, las finanzas, la seguridad alimentaria, el medio ambiente, sino también la del sentido profundo de la vida y los valores fundamentales que la animan. 

La convivencia humana está marcada por tensiones y conflictos que causan inseguridad y fatiga para encontrar el camino hacia una paz estable. En esta situación tan compleja, donde el horizonte del presente y del futuro parece estar cubierto por nubes amenazantes, se hace aún más urgente el llevar con valentía a todas las realidades, el Evangelio de Cristo, que es anuncio de esperanza, reconciliación, comunión, anuncio de la cercanía de Dios, de su misericordia, de su salvación, anuncio de que el poder del amor de Dios es capaz de vencer las tinieblas del mal y conducir hacia el camino del bien.

El hombre de nuestro tiempo necesita una luz fuerte que ilumine su camino y que sólo el encuentro con Cristo puede darle. ¡Traigamos a este mundo, a través de nuestro testimonio, con amor, la esperanza donada por la fe! La naturaleza misionera de la Iglesia no es proselitista, sino testimonio de vida que ilumina el camino, que trae esperanza y amor. 

La Iglesia - lo repito una vez más - no es una organización asistencial, una empresa, una ONG, sino que es una comunidad de personas, animadas por la acción del Espíritu Santo, que han vivido y viven la maravilla del encuentro con Jesucristo y desean compartir esta experiencia de profunda alegría, compartir el mensaje de salvación que el Señor nos ha dado. Es el Espíritu Santo quién guía a la Iglesia en este camino. 


5. Quisiera animar a todos a ser portadores de la buena noticia de Cristo y estoy agradecido especialmente a los misioneros y misioneras, a los presbíteros fidei donum, a los religiosos y religiosas y a los fieles laicos - cada vez más numerosos - que, acogiendo la llamada del Señor, dejan su patria para servir al Evangelio en tierras y culturas diferentes de las suyas. Pero también me gustaría subrayar que las mismas iglesias jóvenes están trabajando generosamente en el envío de misioneros a las iglesias que se encuentran en dificultad - no es raro que se trate de Iglesias de antigua cristiandad - llevando la frescura y el entusiasmo con que estas viven la fe que renueva la vida y dona esperanza. 

Vivir en este aliento universal, respondiendo al mandato de Jesús «Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones» (Mt. 28, 19) es una riqueza para cada una de las iglesias particulares, para cada comunidad, y donar misioneros y misioneras nunca es una pérdida sino una ganancia. Hago un llamamiento a todos aquellos que sienten la llamada a responder con generosidad a la voz del Espíritu Santo, según su estado de vida, y a no tener miedo de ser generosos con el Señor. Invito también a los obispos, las familias religiosas, las comunidades y todas las agregaciones cristianas a sostener, con visión de futuro y discernimiento atento, la llamada misionera ad gentes y a ayudar a las iglesias que necesitan sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos para fortalecer la comunidad cristiana. 

Y esta atención debe estar también presente entre las iglesias que forman parte de una misma Conferencia Episcopal o de una Región: es importante que las iglesias más ricas en vocaciones ayuden con generosidad a las que sufren de escasez. Al mismo tiempo exhorto a los misioneros y a las misioneras, especialmente los sacerdotes fidei donum y a los laicos, a vivir con alegría su precioso servicio en las iglesias a las que son destinados, y a llevar su alegría y su experiencia a las iglesias de las que proceden, recordando cómo Pablo y Bernabé, al final de su primer viaje misionero «contaron todo lo que Dios había hecho a través de ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles» (Hechos 14:27). Ellos pueden llegar a ser un camino hacia una especie de “restitución” de la fe, llevando la frescura de las Iglesias jóvenes, de modo que las Iglesias de antigua cristiandad redescubran el entusiasmo y la alegría de compartir la fe en un intercambio que enriquece mutuamente en el camino de seguimiento del Señor. 

La solicitud por todas las Iglesias, que el Obispo de Roma comparte con sus hermanos en el episcopado, encuentra una actuación importante en el compromiso de las Obras Misionales Pontificias, que tienen como propósito animar y profundizar la conciencia misionera de cada bautizado y de cada comunidad, ya sea llamando a la necesidad de una formación misionera más profunda de todo el Pueblo de Dios, ya sea alimentando la sensibilidad de las comunidades cristianas a ofrecer su ayuda para favorecer la difusión del Evangelio en el mundo. 


Por último, dirijo un pensamiento a los cristianos que, en diversas partes del mundo, se encuentran en dificultades para profesar abiertamente su fe y ver reconocido el derecho a vivirla con dignidad. Ellos son nuestros hermanos y hermanas, testigos valientes - aún más numerosos que los mártires de los primeros siglos - que soportan con perseverancia apostólica las diversas formas de persecución actuales. Muchos también arriesgan su vida para permanecer fieles al Evangelio de Cristo. Deseo asegurarles que me siento cercano en la oración a las personas, a las familias y a las comunidades que sufren violencia e intolerancia y les repito las palabras consoladoras de Jesús: «Confiad, yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). 

Benedicto XVI exhortaba: «Que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada» (2 Ts 3, 1): que este Año de la fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero» (Carta Ap. Porta fidei, 15). Este es mi deseo para la JOrnada Mundial de las Misiones de este año. Bendigo de corazón a los misioneros y misioneras y a todos los que acompañan y apoyan este compromiso fundamental de la Iglesia para que el anuncio del Evangelio pueda resonar en todos los rincones de la tierra, y nosotros, ministros del Evangelio y misioneros, experimentaremos “la dulce y confortadora alegría de evangelizar” (Pablo VI, Exhort. Ap. Evangelii nuntiandi, 80).

miércoles, 5 de junio de 2013

ALGUNAS REFLEXIONES DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL DOMUND 2013 (I parte )

Papa Francisco
1. La fe es un don precioso de Dios, el cual abre nuestra mente para que lo podamos conocer y amar, Él quiere relacionarse con nosotros para hacernos participes de su misma vida y hacer que la nuestra esté más llena de significado, que sea más buena, más bella. ¡Dios nos ama! Pero la fe, necesita ser acogida, es decir, necesita nuestra respuesta personal, el coraje de poner nuestra confianza en Dios, de vivir su amor, agradecidos por su infinita misericordia. Es un don que no se reserva sólo a unos pocos, sino que se ofrece a todos generosamente. ¡Todo el mundo debería poder experimentar la alegría de ser amados por Dios, el gozo de la salvación! Y es un don que no se puede conservar para uno mismo, sino que debe ser compartido. Si queremos guardarlo sólo para nosotros mismos, nos convertiremos en cristianos aislados, estériles y enfermos. El anuncio del Evangelio es parte del ser discípulos de Cristo y es un compromiso constante que anima toda la vida de la Iglesia. 

«El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial» (Benedicto XVI, Exhort. ap. Verbum Domini, 95). Toda comunidad es “adulta”, cuando profesa la fe, la celebra con alegría en la liturgia, vive la caridad y proclama la Palabra de Dios sin descanso, saliendo del propio ambiente para llevarla también a los “suburbios”, especialmente a aquellos que aún no han tenido la oportunidad de conocer a Cristo. La fuerza de nuestra fe, a nivel personal y comunitario, también se mide por la capacidad de comunicarla a los demás, de difundirla, de vivirla en la caridad, de dar testimonio a las personas que encontramos y que comparten con nosotros el camino de la vida. 

2. El Año de la fe, a cincuenta años de distancia del inicio del Concilio Vaticano II, es un estímulo para que toda la Iglesia reciba una conciencia renovada de su presencia en el mundo contemporáneo, de su misión entre los pueblos y las naciones. 

La misionariedad no es sólo una cuestión de territorios geográficos, sino de pueblos, de culturas e individuos independientes, precisamente porque los “límites” de la fe no sólo atraviesan lugares y tradiciones humanas, sino el corazón de cada hombre y cada mujer. El Concilio Vaticano II destacó de manera especial como la tarea misionera, la tarea de ampliar los límites de la fe es un compromiso de todo bautizado y de todas las comunidades cristianas: «Viviendo el Pueblo de Dios en comunidades, sobre todo diocesanas y parroquiales, en las que de algún modo se hace visible, a ellas pertenece también dar testimonio de Cristo delante de las gentes» (Decr. Ad gentes, 37). 

Por tanto, se pide y se invita a toda comunidad a hacer propio el mandato confiado por Jesús a los Apóstoles de ser sus «testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8), no como un aspecto secundario de la vida cristiana, sino como un aspecto esencial: todos somos enviados por los senderos del mundo para caminar con nuestros hermanos, profesando y dando testimonio de nuestra fe en Cristo y convirtiéndonos en anunciadores de su Evangelio. Invito a los Obispos, a los Sacerdotes, a los Consejos presbiterales y pastorales, a cada persona y grupo responsable en la Iglesia a dar relieve a la dimensión misionera en los programas pastorales y formativos, sintiendo que el propio compromiso apostólico no está completo si no contiene el propósito de “dar testimonio de Cristo ante las naciones”, ante todos los pueblos. La misionariedad no es sólo una dimensión programática en la vida cristiana, sino también una dimensión paradigmática que afecta a todos los aspectos de la vida cristiana. 

3. A menudo, la obra de evangelización encuentra obstáculos no sólo fuera, sino dentro de la comunidad eclesial. A veces el fervor, la alegría, el coraje, la esperanza en anunciar a todos el mensaje de Cristo y ayudar a la gente de nuestro tiempo a encontrarlo son débiles; en ocasiones todavía se piensa que llevar la verdad del Evangelio es violentar la libertad. Pablo VI usa palabras iluminadoras al respecto: «Sería... un error imponer cualquier cosa a la conciencia de nuestros hermanos. Pero proponer a esa conciencia la verdad evangélica y la salvación ofrecida por Jesucristo, con plena claridad y con absoluto respeto hacia las opciones libres que luego pueda hacer... es un homenaje a esta libertad» (Exhort, Ap. Evangelii nuntiandi, 80). Siempre debemos tener el valor y la alegría de proponer, con respeto, el encuentro con Cristo, de hacernos heraldos de su Evangelio, Jesús ha venido entre nosotros para mostrarnos el camino de la salvación, y nos ha confiado la misión de darlo a conocer a todos, hasta los confines de la tierra. 

Con frecuencia vemos que son la violencia, la mentira, el error las cosas que destacan y se proponen. Es urgente hacer que resplandezca en nuestro tiempo la vida buena del Evangelio con el anuncio y el testimonio, y esto desde el interior mismo de la Iglesia. Porque, en esta perspectiva, es importante no olvidar un principio fundamental de todo evangelizador: no se puede anunciar a Cristo sin la Iglesia. Evangelizar nunca es un acto aislado, individual, privado, sino que es siempre eclesial. Pablo VI escribía que «Cuando el más humilde predicador, catequista o Pastor, en el lugar más apartado, predica el Evangelio, reúne su pequeña comunidad o administra un sacramento, aun cuando se encuentra solo, ejerce un acto de Iglesia», Este no actúa «por una misión que él se atribuye o por inspiración personal, sino en unión con la misión de la Iglesia y en su nombre» (Exhort, ap. Evangelii nuntiandi, 60).Y esto da fuerza a la misión y hace sentir a cada misionero y evangelizador que nunca está solo, que forma parte de un solo Cuerpo animado por el Espíritu Santo. 

domingo, 2 de junio de 2013

LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI

Así vivimos hoy la Solemnidad del Corpus Christi en nuestra Parroquia San Francisco de asís. 
En la Misa 

La devoción de los fieles 





Divino Redentor,
Pan cotidiano,
Vida del mundo,
venga tu reino.
Señor de los señores,
Jesús Eucarístico,
Pastor amable,
presérvanos de los peligros.
Jesús, buen pastor,
Jesús, pan de vida,
Jesús, nuestra única mesa,
Sacramento de amor,
salva a tu pueblo.
Nos regocijamos en ti,
¡Oh! Jesús bendito.

Amén.

sábado, 1 de junio de 2013

PREPARACIÓN

Saliendo por las calles de Tecpán me encontré estos hermosos altares para mañana, agradecemos a nuestros hermanos por el esfuerzo de preparar los altares para el Señor que saldrá a bendecir nuestras calles.

Nos unimos a las intenciones del Santo Padre, que Dios nos bendiga a todos.

La Iglesia de Tecpán
Primer altar


Segundo altar
Tercer altar
Cuarto altar

Oh Dulcísimo Jesús,
que escondido bajo los velos eucarísticos,
escuchas piadoso nuestras súplicas humildes,
para presentarlas al trono del Altísimo,
acoge ahora los anhelos ardientes 
de nuestros corazones.
Ilumina nuestras inteligencias,
reafirma nuestras voluntades,
revitaliza nuestra constancia
y enciende en nuestros corazones 
la llama de un santo entusiasmo,
para que, superando nuestra pequeñez 
y venciendo toda dificultad,
sepamos ofrecerte un homenaje 
no indigno de tu grandeza 
y majestad y adecuado 
a nuestras ansias y santos deseos. Amen,