martes, 26 de febrero de 2013

AMAR A LOS ENEMIGOS

Un claro ejemplo

Enemigos son aquellos que nos hicieron una injuria y no la han reparado todavía o aquellos que  nos odian. Hay que amar a los enemigos no en cuanto enemigo, sino en cuanto hombre capaz de la eterna bienaventuranza. En el A.T. se anunció el amor a los enemigos, pero Jesucristo elevó el perdón y amor a los enemigo a la categoría de ley fundamental de la Nueva Alianza. «Amen a sus enemigos oren por los que os persigue…» «si ustedes perdonan también los perdonará...»

Odio de enemistad: es el que desea algún mal a una persona por considerarla mala en sí misma, se opone al amor de benevolencia y de amistad y es la forma más extremista del odio a una persona.

Deseo de venganza: no podemos pecar contra quien primero nos ha inferido un mal, antes vence el mal con el bien.

Obligación de otorgar signos comunes de amistad y afecto: Son los que se ofrece de ordinario a los vecinos o conocidos, (saludo, responder a sus preguntas) signos especiales, (conversar familiarmente, visitarse, escribirse) y estas señales no se le puede negar al enemigo.

Amar al enemigo obliga la reconciliación lo más pronto posible: de lo interior es perdonar inmediatamente la ofensa ahora lo exterior, hay que esperar el momento oportuno. En cuanto al orden: deberá tomar la iniciativa el ofensor. Y si se ofendieron mutuamente deberá iniciar el que ofendió primero o el que ofendió gravemente. El ofendido está obligado a perdonar al ofensor que le pide perdón, si se niega, comete un pecado grave y no podrá ser absuelto.

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