sábado, 18 de abril de 2015

¿"CRISTIANOS MURCIÉLAGOS"?


El pasaje evangélico que hemos escuchado terminaba con las palabras: De esto ustedes son testigos. Era una señal difícil que Jesús daba a los suyos. Ellos vivían todavía escondidos después de su muerte, temerosos de ser reconocidos por las autoridades como discípulos del Nazareno. Y he aquí que Jesús les pide que salgan afuera para proclamar que él había resucitado de los muertos el tercer día y para predicar en su nombre a todas las naciones la conversión y el perdón, comenzando precisamente por Jerusalén.

Y lo hemos escuchado en la primera lectura. Al día siguiente de Pentecostés, Pedro dice al pueblo de Jerusalén: Ustedes mataron al autor de la vida, pero Dios lo ha resucitado de los muertos y de esto nosotros somos testigos... Arrepiéntanse y cambien de vida. Quedando pocos y solos, con el encargo de predicar el evangelio en todo el mundo.

Los apóstoles no se desanimaron. Comprendieron que su tarea: dar testimonio de lo que habían oído y visto cumplirse en Jesús de Nazaret: es el resumen de su predicación y la nuestra.

En la segunda lectura l apóstol nos recuerda, que para llevar una vida de unión con Dios, el cristiano debe reconocerse pecador y luchar contra el pecado. Así, Cristo, que es el abogado ante el Padre, le purifica de todo pecado con su sangre. La acogida de la misericordia divina exige de cada uno de nosotros la confesión de sus faltas. La penitencia impuesta en el sacramento de la Reconciliación nos ayuda a configurarnos con Cristo que es el Único que expió nuestros pecados de una vez por todas.

En el evangelio nos recuerda el papa, hay muchos cristianos que tienen “miedo a la alegría”. Cristianos “murciélagos”, que van con “cara de funeral”, moviéndose en la sombra en lugar de dirigirse “a la luz de la presencia del Señor”.

El Salvador nos asegura su presencia real entre nosotros a través de la Palabra y la Eucaristía. Tal como los discípulos de Emaús, que reconocieron a Jesús al partir el pan, así también nosotros encontramos al Señor en la celebración eucarística. 

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