jueves, 23 de agosto de 2012

CATEQUESIS MISTAGOGICA IV


Relato de la Institución

El cual, cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomen y Coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes. Del mismo modo acabada la cena, tomó el cáliz y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo: Tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la nueva alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía.

 En la consagración: se repiten los gestos y las palabas de Jesús en la Última Cena, renovándose y actualizándose el acontecimiento salvador que se significa. Se trata de perpetuar el misterio Pascual, cumpliendo el mandato del Señor haced esto en memoria mía. El relato tiene una introducción que lo enlaza con el texto anterior de la epíclesis y que alude siempre ala marcha voluntaria de Cristo en la Cruz.

Los dos ritos (gestos y palabras) del pan y del vino están tomados de los textos del Nuevo Testamento, pero son una adaptación libre.

Al relatar La Última Cena, repitiendo las palabras y los gestos de Jesús, proclamamos de la Pascua de Jesús, la que realizó en la Cruz y la que se realiza sacramentalmente ahora por la acción del Espíritu Santo que hemos invocado.

Aclamación, Memorial y Ofrenda

Éste es el Sacramento de nuestra fe. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección ¡Ven, Señor Jesús!

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

La comunidad responde al relato de la institución cantando su aclamación: interpreta las palabras de Cristo y toda la celebración eucarística como un anuncio de la muerte de Cristo, como una presencia del resucitado y como un anticipo de su segunda venida.

La Eucaristía es un verdadero memorial (anamnesis) que actualiza la muerte, resurrección y la ascensión de Cristo. Se lleva a su culminación lo que comenzó en la presentación de los dones. En este momento la comunidad entera y por ello la misma Iglesia, ofrece al Padre a Cristo y se ofrece a sí misma.


miércoles, 22 de agosto de 2012

LA FAMILIA


   En esta semana me corresponderá dirigir un programa en el canal parroquial y en esta ocasión me pidieron que hablara sobre la familia. Es un tema complicado porque en nuestro mundo se ha perdido el sentido de la familia, se ha olvidado el papel de la familia en la sociedad. Y dentro de la familia el papel de los padres e hijos. Veamos algunos datos que nos pueden ayudar.  

   La familia es una comunidad de hombre, mujer e hijos, una comunidad de valores con plenitud humana, formada de acuerdo con el plan divino del mundo. La familia, es núcleo natural y primario de la sociedad. Por eso; La familia es insustituible y, como tal, ha de ser defendida con todo vigor. Es necesario hacer lo imposible para que la familia no sea suplantada. Lo requiere, no sólo el bien «privado» de cada persona, sino también el bien común de toda sociedad, nación y estado. 

   La familia ocupa el centro mismo del bien común en sus varias dimensiones, precisamente porque en ella es concebido y nace el hombre. Es necesario hacer todo lo posible para que, desde su momento inicial, desde su concepción, este ser humano sea querido, esperado, vivido como valor particular único e irrepetible (JUAN PABLO II, Aloc. 3-I-1979). La familia, fundada sobre el matrimonio contraído libremente, uno e indisoluble, es y ha de ser considerada como el núcleo primario y natural de la sociedad (JUAN XXIII, Enc. Pacem in terris, 11-IV-1963).

   El matrimonio debe incluir una apertura hacia el don de los hijos. La señal característica de la pareja cristiana es su generosa apertura a aceptar de Dios los hijos como regalo de su amor. Respetad el ciclo de la vida establecido por Dios, porque este respeto forma parte de nuestro respeto a Dios mismo (JUAN PABLO II, Hom. Limerick, 1-X-1979).

   Los esposos deben edificar su convivencia sobre un cariño sincero y limpio, y sobre la alegría de haber traído al mundo los hijos que Dios les haya dado la posibilidad de tener, sabiendo, si hace falta, renunciar a comodidades personales y poniendo fe en la providencia divina: formar una familia numerosa, si tal fuera la voluntad de Dios, es una garantía de felicidad y de eficacia, aunque afirmen otra cosa los fautores equivocados de un triste hedonismo (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 25). 

Los padres, primeros educadores. Responsabilidad

   El primer ambiente natural y necesario de la educación es la familia, destinada precisamente para esto por el Creador. De modo que, regularmente, la educación más eficaz y duradera es la que se recibe en la familia cristiana bien ordenada y disciplinada, tanto más eficaz cuanto resplandezca en ella más claro y constante el buen ejemplo de los padres, sobre todo, y de los demás miembros de la familia (Pio Xl, Divini illius Magistri, 31-X11-1929).

   Tratándose de un deber fundado sobre la vocación primordial de los cónyuges a cooperar con la obra creadora de Dios, le compete el correspondiente derecho de educar a los propios hijos. Dado su origen, es un deber-derecho primario en comparación con la incumbencia educativa de otros; insustituible e inalienable, esto es, que no puede delegarse totalmente en otros ni otros pueden usurparlo. (JUAN PABLO, 11, Hom. a las familias cristianas. Madrid 2-XI- 1982)

   Es necesario que los padres encuentren tiempo para estar con sus hijos y hablar con ellos. Los hijos son lo más importante: más importante que los negocios, que el trabajo, que el descanso. En esas conversaciones conviene escucharles con atención, esforzarse por comprenderlos, saber reconocer la parte de verdad—o la verdad entera—que pueda haber en algunas de sus rebeldías (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 27).


    No dice el gorrión: «Daré de comer a mis hijos para que ellos me alimenten cuando me haga viejo». Nada de esto; ama gratuitamente, alimenta sin pedir paga (SAN AGUSTIN, Sermón 90).

martes, 21 de agosto de 2012

EL SEÑOR DE LAS TORTILLAS


     Me llamó la atención este reportaje que lleva como título, “El señor de las tortillas”, me sonó un poco extraño porque no había visto algo semejante, pero ya analizándolo mejor, es de admirar la honradez de este hermano, y la dignidad de este trabajo. Les dejo con el texto original, y espero sus comentarios.

Con orgullo se dedica a este oficio desde hace más de una década.

     Froilán Gómez Xuyá se despierta a eso de las 5 horas y una hora más tarde ya está trabajando. Su oficio: torteador. Él es uno de los pocos hombres en Guatemala que se dedican a esa tarea que, por lo general, ejecutan las mujeres.

     “La gente se extraña cuando me ve. Dicen: ¡Es hombre!”, cuenta con una tímida sonrisa. “Algunos me felicitan y otros se burlan. Yo no digo nada; solo veo el teatro que hacen. Lo que pienso es que trabajo es trabajo, y lo que se hace con honradez, Dios lo bendice y uno se dignifica”, comenta.

     Gómez Xuyá, de 35 años, tortea desde hace 13. Asegura que nadie le enseñó el oficio. “Ha sido la necesidad de ganarse la vida”, refiere. Debe mantener a su esposa —quien le ayuda— y a tres hijos: dos hombres y una mujer.

     El lugar donde reside y trabaja está ubicado en el lote 122, entre 7a. y 6a. avenida A, y 3a. calle, colonia Las Margaritas, zona 10, San Miguel Petapa.

     Es un espacio sencillo, con piso de tierra, algunas paredes de bloc y otras de madera o lámina.

     Adentro se escuchan los palmoteos hasta darle forma redonda a la masa. ¡Plap! ¡plap! ¡plap! suena una y otra vez. Luego coloca las tortillas en un comal que funciona con gas. Al terminar cada tortilla da una especie de aplauso. Es como un tic. “No sé por qué lo hacemos; es costumbre”, refiere Gómez Xuyá. La rapidez con que tortea es impresionante. Las tortillas quedan redondas y de buen tamaño.

     “Cuando la venta es buena usamos entre 60 y 90 libras de masa durante el día”, explica. “Es difícil salir con los gastos del mes. Casi que todo el esfuerzo es para pagar el alquiler y comer”, añade.

     La gente llega poco a poco al negocio, sobre todo unos minutos antes de los tiempos de comida. Es después de ese lapso de mayor demanda que Gómez Xuyá se alimenta. “Me encantan las tortillas, y mejor con frijolitos”, comenta, sonriente. Al finalizar la jornada, a eso de las 21.30 horas, acude a las reuniones del movimiento carismático, “para rezar por los enfermos y por todos aquellos que lo necesitan”.

     Por último se va a dormir y a esperar el día siguiente, para volver a su trabajo, ese que lo honra y dignifica. Aqui

Froilán Gómez Xuyá
Dios bendiga a todas las personas que se ganan el pan de cada día honradamente.

lunes, 20 de agosto de 2012

LA CARIDAD


Víveres
     El sábado pasado tuvimos aquí en la parroquia de San Martín, la misa de la caridad, tuve la dicha de celebrar esta misa y fue una experiencia muy hermosa, pude observar la enseñanza de los padres a los hijos de la importancia de esta virtud y todos colaborando de poner su granito de arena para ayudar a nuestros hermanos más necesitados. Agradecemos a todos nuestros  hermanos de San Martín que colaboraron para esta noble causa. Dios multiplicará sus bendiciones en sus hogares.

     La caridad tiene una importancia vital para la vida cristiana. En esta virtud se encuentran la esencia y el núcleo del cristianismo, es el centro de la predicación de Cristo y es el mandato más importante. No se puede vivir la moral cristiana haciendo a un lado a la caridad. Podemos decir que es la virtud reina, es la base de toda espiritualidad cristiana. Es el distintivo de los auténticos cristianos.

     La caridad es la virtud sobrenatural por la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios. La Caridad le da vida a todas las demás virtudes, pues es necesaria para que éstas se dirijan a Dios. Sin la caridad, las demás virtudes están como muertas.

      Al hablar de la caridad, hay que hablar del amor. El amor “no es un sentimiento bonito” o la carga romántica de la vida. El amor es buscar el bien del otro. Es preocuparme de los demás sin esperar recompensas.

El amor al prójimo

     El amor a nuestros hermanos es parte de la virtud de la caridad que nos hace buscar el bien de ellos por amor a Dios. Podemos mencionar algunas características del amor al prójimo: Sobrenatural: se ama a Cristo en el prójimo, por su dignidad especial como hijo de Dios. Universal: comprende a todos los hombres porque todos son creaturas de Dios. Como Cristo, incluso a pecadores y a los que hacen el mal. Ordenado: es decir, se debe amar más al que está más cerca o al que lo necesite más. Interna y externa: para que sea auténtica tiene que abarcar todos los aspectos, pensamiento, palabra y obras. 

Ayudando
El diácono ayudando






Así se entregarán

domingo, 19 de agosto de 2012

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO


   Estamos llegando a la cumbre del discurso de la Eucaristía, que la gracia de Dios nos ayude a entender la grandeza de este sacramento.

   San Gregorio de Nisa explica que el hombre tomó un alimento de muerte (con el pecado original) y debe, por tanto, tomar una medicina que le sirva de antídoto, como quienes han tomado algún veneno deben tomar un contraveneno. Esta medicina de nuestra vida no es otra que el Cuerpo de Cristo, “que ha vencido a la muerte y es la fuente de la Vida.

   Jesucristo, que es Camino, Verdad y Vida, habla de sí mismo diciéndonos que es Pan. Y el pan, como bien sabemos, se hace para comerlo. Y para comer —debemos recordarlo— hay que tener hambre. ¿Cómo podremos entender qué significa, en el fondo, ser cristiano, si hemos perdido el hambre de Dios? Hambre de conocerle, hambre de tratarlo como a un buen Amigo, hambre de darlo a conocer, hambre de compartirlo, como se comparte el pan de la mesa.


Feliz día del Señor a todos

sábado, 18 de agosto de 2012

DEVOCIÓN A LA SANTISIMA VIRGEN



     Hoy sábado recordamos a nuestra Señora, nuestra Madre María, es muy importante la devoción que como hijos debemos tener con María Santísima, pero para empezar a tener una devoción debemos conocer un poco de su vida, conocer esa participación que tuvo en la historia de la salvación.

     Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer... (Gal 4, 4). Esta Mujer, mencionada en diversas ocasiones en la Sagrada Escritura, había sido predestinada desde toda la eternidad. Ninguna otra obra de la creación cuidó Dios con más esmero, con más amor y sabiduría que aquella que, con su consentimiento libre, sería su Madre.

     Nuestra Señora fue anunciada ya en los comienzos como triunfadora de la serpiente, que simboliza la entrada del mal en el mundo (Gen 3, 15), como la Virgen que dará a luz al Emmanuel, al Dios con nosotros (Is 7, 14); y estuvo prefigurada en el arca de la alianza, en la casa de oro, por la torre de marfil... La escogió Dios entre todas las mujeres antes de los siglos, la amó más que a la totalidad de las criaturas, con un amor tal que puso en Ella, de un modo único, todas sus complacencias, la colmó de todas las gracias y dones, más que a los ángeles y los santos, la preservó de toda mancha de pecado o de imperfección, de tal manera que no se puede concebir una criatura más bella y más santa que quien había sido escogida para Madre del Salvador (Cfr. PIO IX, Bula Ineffabilis Deus, 8-XII-1854).

     Nuestra Señora, cuando dio su consentimiento a los requerimientos de Dios, se convirtió en Madre del Hijo de Dios encarnado, pues "así como todas las madres, en cuyo seno se engendra nuestro cuerpo, pero no el alma racional, se llaman y son verdaderamente madres, así también María, por la unidad de la Persona de su Hijo, es verdaderamente Madre de Dios.

     Dios te salve, María, hija de Dios Padre: Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo: Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo... ¡Más que tú, sólo Dios!" (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 496.

     Desde los inicios de la Iglesia, el culto mariano está destinado a favorecer esta adhesión  fiel a Cristo. Venerar a la Madre de Dios es afirmar la divinidad de Cristo, pues los padres del concilio de Éfeso, al proclamar a María Theotókos, «Madre de Dios», querían confirmar la fe en Cristo, verdadero Dios.

     Por eso, en las letanías, el primer título de gloria que se da a Nuestra Señora es el de Sancta Dei Genitrix, y los títulos que le siguen son los que convienen a la maternidad de Dios: Santa Virgen de las vírgenes, Madre de la divina gracia, Madre purísima, Madre castísima...

     Con su desvelo de Madre, Nuestra Señora sigue prestando a su Hijo los cuidados que le ofreció aquí en la tierra. Ahora lo hace con nosotros, pues somos miembros del Cuerpo Místico de Cristo.

!Oh Madre! Cuida a tus hijos siempre


viernes, 17 de agosto de 2012

PERFECCIONAMIENTO DEL MATRIMONIO


   Hoy en el evangelio hemos escuchado cómo los fariseos insistan sobre el repudio de la mujer por cualquier motivo, pero el Señor respondió lo que estaba escrito en el Génesis, “en el principio…” El Señor es quien lo elevará en Sacramento el matrimonio.

   Entre los efectos de la gracia sacramental del matrimonio el más característico es el perfeccionamiento del amor conyugal. Los esposos se hacen partícipes de la alianza entre Cristo y la Iglesia. El genuino amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo.  El Señor se ha dignado sanar este amor, perfeccionarlo y elevarlo con el don especial de la gracia y la caridad.  

   La gracia sana el amor conyugal, y modera y dirige a fines más altos el placer sensible, y adhiere a los cónyuges al verdadero bien superando el egoísmo. El amor conyugal es perfeccionado desde el interior, en su razón de amor.  La caridad no sustituye el amor conyugal, sino que lo perfecciona.

   El amor conyugal, perfeccionado de este modo, se convierte envía segura que conduce a Dios, es decir al fin de la vida cristiana, a la unión con Dios.  De acuerdo con esta perspectiva, la paternidad y la maternidad se convierten en una auténtica tarea que hay que realizar según el designio divino. 

El matrimonio
   En este mismo relato también hemos escuchado, el celibato por el reino de los cielos.

   El matrimonio pertenece al tiempo presente, anterior a la consumación final, en la que ya no habrá unión conyugal, ni transmisión de la vida humana, ni enriquecimiento mutuo mediante la recíproca donación de la propia masculinidad del hombre a la mujer y de l apropia feminidad de la mujer al hombre. 

   Dice Jesús “Cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos”[1]. Esto indica que hay una condición de vida, sin matrimonio, en la que el hombre, varón y mujer, halla a un tiempo la plenitud de la donación personal y de la intersubjetiva comunión de las personas, gracias a la glorificación de todo su ser psicosomático en la unión perenne con Dios[2].

   El matrimonio no es para todos.  Algunos han recibido un don todavía más grande, el del celibato por el reino de los cielos.  El celibato es un don que no se concede a todos[3].

   El celibato es un don. Pero abrazarlo es un acto libre y sobrenatural.  Libre, porque se hace célibe.  Sobrenatural, porque es célibe por el Reino de los cielos, no por tener una visión negativa del matrimonio.  Jesús abrazó el celibato por el Reino de los cielos.  Muchos cristianos ya en la primitiva Iglesia, imitando a Jesús, abrazaron el celibato por el Reino de los cielos.

   El matrimonio es bueno.  Pero el celibato por el Reino de los cielos es mejor.  ¿Por qué?  “Porque el tiempo es corto”, “porque la apariencia de este mundo pasa”.  Porque el matrimonio forma parte de las realidades actuales que pasan, no de las últimas. 

   El Concilio de Trento dice: “Si alguno dijere que el estado conyugal debe anteponerse al estado de virginidad o de celibato, y que no es mejor y más perfecto permanecer en virginidad o celibato que unirse en matrimonio, sea anatema[4].   

El sacerdocio



[1] Mc 12, 25.
[2] Juan Pablo II, Alocución, 10-3 1082, n. 1:Enchiridium Familiae, n. 4
[3] Mt 19,11.
[4] Dz, n. 1810.

jueves, 16 de agosto de 2012

CATEQUESIS MISTAGOGICA III


III  Plegaria Eucarística

Empieza el centro y culmen de toda la celebración: es una la plegaria de acción de gracias y de consagración. Significa que todos los fieles se unen con Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios y en la ofrenda del sacrificio. Consta de las siguientes partes:

* Acción de gracias (sobre todo en el prefacio)
* Aclamación (Santo)
* Epíclesis (invocación al Espíritu Santo)
* Narración de la Institución y Consagración
* Anamnesis (memorial)
Oblación
*Intercesiones
* Doxología final (con el “Amén” del pueblo)

La Plegaria eucarística es presidencial: es proclamada por alguien que ha sido ordenado por el obispo para presidir la Eucaristía. La Plegaria, es también de toda la comunidad, porque toda ella participa, ante todo escuchándola en silencio, con reverencia y atención, y haciendo propias las actitudes que la misma Plegaria expresa.

Diálogo introductorio

V. El Señor este con ustedes.
R. Y con tu espíritu
V. Levantemos el corazón
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios
R. es justo y necesario

Tras el intercambio de saludos entre el celebrante y la asamblea, como al inicio de la Misa, hay una invitación a levantar el corazón al Señor y a darle gracias.
 
Prefacio

Verdaderamente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, por Jesucristo tu Hijo amado. Por Él, que es tu palabra, hiciste todas las cosas, con sabiduría y amor; tu nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de la Virgen María, fuera nuestro salvador y redentor. Él, en cumplimiento de tu voluntad para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz y así adquirió para Ti un pueblo santo.  Por eso, con los ángeles y los santos cantamos tu gloria diciendo:

El primer elemento de la Plegaria Eucarística, expresa de modo destacado el carácter de acción de gracias de la Eucaristía.  Es una bendición dirigida a Dios Padre, que recuerda las grandes cosas que ha realizado y sigue realizando en la historia de la Salvación. El Prefacio varía según lo que celebramos y tiene como centro la salvación obrada por Cristo.

Aclamación o Santo

Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo.  Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo

La comunidad interrumpe al celebrante con una explosión de gloria a Dios. Es como la unión explicita y gozosa de la asamblea a la alabanza que acaba de proclamar el celebrante. Es una aclamación festiva, cuyo contenido expresa nuestra unión con los ángeles y los santos en una única alabanza dirigida a Dios Padre

Primera Epíclesis

Santo ere en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros Cuerpo y Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.


El vere sanctus Continúa la acción de gracias por la historia de la Salvación y la alabanza divina, y sirve de enlace  con la primera invocación al Espíritu Santo. Dios es santo y le pedimos que envíe su Espíritu santo sobre nuestra celebración, para que consagre nuestras ofrendas.

Invocamos al Padre sobre los dones de pan y vino, y le pedimos que le pedimos, por medio del Espíritu, los santifique y transforme con su fuerza salvadora en la realidad del Señor glorioso, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y para que la víctima inmaculada que van a recibir en la comunión sea para la salvación de quienes la reciban.

miércoles, 15 de agosto de 2012

LA GLORIFICACIÓN DE NUESTRA MADRE

En Sololá
     Hoy Celebramos la Solemnidad de la Asunción de la bienaventurada Virgen María, Madre de nuestro Dios y Señor Jesucristo, que, acabado el curso de su vida en la tierra, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria de los cielos. Esta verdad de fe, recibida de la tradición de la Iglesia, fue definida solemnemente por el papa Pío XII en 1950.

     En la línea de la bula Munificentissimus Deus, de mi venerado predecesor Pío XII, el concilio Vaticano II afirma que la Virgen Inmaculada “terminada el curso de su vida en la tierra fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo” (Lumen gentium, 59).

     El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio.

     El 1 de noviembre de 1950, al definir el dogma de la Asunción, Pío XII no quiso usar el término “resurrección” y tomar posición con respecto a la cuestión de la muerte de la Virgen como verdad de fe. La bula Munificentissimus Deus se limita a afirmar la elevación del cuerpo de María a la gloria celeste, declarando esa verdad “dogma divinamente revelado”.

     Y el Catecismo de la Iglesia Católica dice lo siguiente en el número 966, “Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte” (LG 59; cf. la proclamación del dogma de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María por el Papa Pío XII en 1950: DS 3903). La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos.


      En tu parto has conservado la virginidad, en tu dormición no has abandonado el mundo, oh Madre de Dios: tú te has reunido con la fuente de la Vida, tú que concebiste al Dios vivo y que, con tus oraciones, librarás nuestras almas de la muerte.

!Oh Madre hermosa! interceda siempre por nuestra Diócesis de Sololá-Chimaltenango.