martes, 30 de julio de 2013

LA PORNOGRAFÍA DESTRUYE AL HOMBRE

Adicción

¿De qué manera?

Simplemente, privándole de la capacidad de ser varón, ya que la masculinidad consiste en saber renunciar a uno mismo por la persona amada. Precisamente por eso, San Pablo recuerda a los maridos cómo tiene que ser su amor: “Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella”. Así es la verdadera masculinidad, ya que solamente un hombre maduro resulta capaz de amar de esta manera.

La pornografía crea en el hombre una imagen falsa de la masculinidad y de la feminidad basada en comportamientos sexuales, y con frecuencia en desviaciones sexuales. En vez de buscar el bien de la mujer, renunciando a sí mismo, el varón despoja a la mujer de su dignidad, para satisfacer sus propios deseos.

No nos engañemos: nadie siente respeto ni admiración por las mujeres que se exhiben en la pornografía. Si una imagen pornográfica no produce excitación, nadie le presta atención. El valor de la mujer en la pornografía se reduce a su capacidad de estimular excitación, independientemente de qué tipo de persona sea.

Como consecuencia de ello, el hombre rechaza el amor de Dios, a quien debería de imitar en el amor, lo cual conduce únicamente a la frustración y al descontento.

En la pornografía el hombre percibe a la mujer solo como una fuente de placer, como algo que tiene que saciar sus necesidades eróticas. La pornografía crea adicción, pero no da la satisfacción.

Solamente el amor verdadero ofrece una satisfacción autentica, que se expresa al experimentar el amor mutuo y en la presencia de Jesús dentro de la unión conyugal.


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