miércoles, 31 de julio de 2013

DIRECTRICES SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD Y LOS DERECHO DE LA MUJER


Las palabras del papa Francisco sobre la homosexualidad y la presencia de la mujer en la Iglesia siguen las líneas marcadas por el Catecismo de la Iglesia Católica en el caso de los gais y reiteran lo aprobado por Juan Pablo II, que cerró las puertas al sacerdocio femenino.

Francisco dijo durante el vuelo de regreso de Río de Janeiro a Roma a los periodistas que le acompañaban que si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad quien soy yo para juzgarla?, palabras que han levantado una gran expectación y que han sido interpretadas por algunos como un cambio de época  en la Iglesia.

Sin embargo, el papa Bergoglio con la frase que siguió a la anterior: el Catecismo de la Iglesia Católica explica y dice que no se debe marginar a esas personas y que deben ser integradas en la sociedad, mostró que no hay nada nuevo en sus palabras, salvo tal vez la forma y el tono, sencillo, llano, de decir lo mismo.

El catecismo dice en el apartado (2357-2359) que un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas y que esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba.

Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

El papa Bergoglio siguió esa línea a la hora de expresarse sobre los gais y no manifestó ningún comentario que fuese contrario o supusiese un cambio radical a lo que dice el Catecismo.

Este, apoyándose en la Sagrada Escritura, considera las relaciones homosexuales depravaciones graves, actos intrínsecamente desordenados, contrarios a la ley natural y que no pueden recibir aprobación en ningún caso.

Sobre las mujeres, Francisco abogó por un mayor papel para ellas en la Iglesia, pero rechazó que puedan acceder al sacerdocio al señalar que sobre ese tema la Iglesia ha hablado y ha dicho no.

Lo dijo Juan Pablo II con una formulación definitiva. Esa puerta está cerrada, afirmó. Más claro no pudo ser.

No obstante, al igual que el papa Wojtyla, que publicó la carta Apostólica sobre la dignidad de las mujeres Mulieris Dignitatem, y Benedicto XVI que exigió que se les reconozcan los mismos derechos que al hombre, Francisco está de acuerdo en que debe aumentar el papel de la mujer en la Iglesia, pero no hasta el sacerdocio.



Su papel no es sólo la maternidad, ser madre de familia. Es más fuerte, es el icono de la Virgen, la que ayuda a crecer a la Iglesia, dijo Francisco, que insistió en que una mujer tiene que ser en la Iglesia “algo más que ser monaguillo o presidenta de Cáritas.

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