domingo, 5 de enero de 2014

LA MANIFESTACIÓN DEL SEÑOR AL MUNDO

Los tres Reyes Magos

“¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Ésta es la razón que dan aquellos Magos para justificar el largo y penoso camino que emprendieron abandonando la serena ocupación de todos los días. La misma razón que conduce a tantas y tantos a dejarlo todo por el Señor.
Pero a veces la estrella, como a los Magos, se oculta, y las sombras de la noche se adueña de todo, ocultando el camino. En esas horas, siempre hay quien puede ayudarnos porque el camino está ahí.

Pero también hay quienes, aprovechando la oscuridad, engañan al viajero, como Herodes con su información interesada.

¡Cuántas veces, y por diversos motivos, la estrella que guía nuestros pasos se oculta y la oscuridad nos envuelve. La ilusión y el entusiasmo con que se inició un proyecto desaparece. Un ejemplo. Una pareja se casaron. Él y ella decían que no había en el firmamento una estrella más hermosa. Todos decían que parecía que habían nacido el uno para el otro. Hubo años de intensa felicidad. Y más tarde arrastran una existencia enflaquecida y piensan que se equivocaron de pareja.

¿Cómo puede ser que lo que ayer era luz y entusiasmo, y hoy sea oscuridad y decepción? Pasa lo mismo con el compromiso que adquirimos ante Dios. Al amanecer vemos claro, al mediodía dudamos y en la tarde todo parece oscuro.

Cuando aparece la duda hay que preguntar como los magos, preguntar a quien conoce el camino y puede orientarnos. Cristo ha dado a su Iglesia la seguridad de la doctrina, la corriente de gracia de los Sacramentos; y ha dispuesto que haya personas para orientar, para conducir, para traer a la memoria constantemente el camino.
Si nos dejamos guiar por la estrella que brilló al comienzo del camino cristiano, encontraremos al final a María, José y a Jesucristo, Luz y Esperanza de las naciones. 

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