jueves, 10 de abril de 2014

¿NO ES SUFICIENTE PEDIR PERDÓN A DIOS? ¿QUÉ TIENE QUE VER EL SACERDOTE, QUE ES UN HOMBRE COMO LOS DEMÁS?

Negación de Pedro

Claro que es Dios quien perdona; es su amor que nos empuja a darnos cuenta de nuestro pecado y a pedir perdón. Tu capacidad de pedir perdón viene de Él.

Pero el perdón de Dios no es algo privado entre Dios y tú, necesita una señal  que lo haga visible, y dicha visibilidad la da el sacerdote, que a pesar de ser hombre pecador como los demás, en la Confesión está en lugar de Dios, lo representa y tiene sus mismos poderes.

Representa también la comunidad que, como dijimos antes, queda afectada negativamente por nuestro pecado. Esto puede producirse en manera directa (criticar a otras personas), o indirecta (no se refiere a una persona particular pero compromete a otros en situación de  pecado), o rebajando el nivel moral y religioso del ambiente, o aumentado el poder del mal en el mundo. Jesús mismo dio  a los sacerdotes el poder de perdonar los pecados. {Él les volvió a decir: La paz esté con ustedes. Así como el Padre me envió a mí, así los envió a ustedes”. Dicho esto sopló sobre ellos: “Reciban el Espíritu Santo: a quienes ustedes perdonen, quedes perdonados, y a quienes no libren de sus pecados, queden atados (Jn 20, 21-23).

En el sacramento de la Reconciliación es evidente la misericordia de Dios. De hecho, la Confesión no es un lujo sino una necesidad; no  se merece, es donada. Confesar los pecados no es problema para quien es consciente de sus faltas, está arrepentido y quiere mejorar.

Entonces lo tomaron preso y lo llevaron a la casa del sumo sacerdote, donde entraron, Pedro lo seguía de lejos. Como los servidores habían encendido el fuego en medio del patio y estaban sentados alrededor, Pedro vino a sentarse con ellos. Una muchacha de la  casa lo vio sentado junto al fuego y, mirándolo fijamente, dijo: Este también estaba con él. Pero Pedro lo negó, diciendo: Mujer, no lo conozco. 

Poco después, otro exclamó al verlo: Tú también eres uno de ellos. Pero Pedro respondió: No, hombre, no  lo soy. Como una hora más tarde, otro afirmaba con insistencia: Seguramente éste también estaba con él, y además es galileo, Pedro dijo entonces: Amigo, no entiendo lo que dices.

Y en el mismo momento en que Pedro hablaba, un gallo cantó. El Señor se volvió y fijó la mirada en Pedro. Entonces  Pedro se acordó de que el Señor e había dicho: Hoy, antes que cante el gallo, tú me negarás tres veces”. Y, saliendo afuera, lloró amargamente (Lc 22, 54-62).

Pedro ha entendido su erro, en la mirada de Jesús ha descubierto la misericordia y su amor que ha triunfado sobre el pecado.

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