martes, 13 de agosto de 2013

UNO ES EL MISMO, PERO NO LO MISMO

Nuestro Obispo

En este día la Diócesis de Sololá-Chimaltenando agradece  a Dios por el don tan alto del sacerdocio en la persona de nuestro Obispo, Gonzalo de Villa, 30 años de lucha, de fidelidad, del SI a Jesucristo. Un regalo tan grande para la Iglesia especialmente para nuestra Diócesis, muchas felicidades Monseñor Gonzalo, gracias por corresponder al llamado de Dios. Lo que presentamos a continuación, es la realidad que representa Monseñor Gonzalo.

La identidad del sacerdote no puede ser otra que la de Cristo: Que los hombres nos consideren como ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios (I Cor. 4, 1). Así lo Recordaba Juan Pablo II a los sacerdotes en Czestochowa: Este servicio alto y exigente no podrá ser prestado sin una clara y arraigada convicción acerca de vuestra identidad como sacerdotes de Cristo, depositarios y administradores de los misterios de Dios, instrumento de salvación para los hombres, testigos de un reino que se inicia en este mundo, pero que se completa en el más allá (Discurso, 6-VI-1979).

En la Misa

Todo esto significa que, si cada fiel es otro Cristo, y Cristo mismo se identifica con los miembros de su Cuerpo Místico (cfr. Hechos 9, 4-5) con mayor razón hay que afirmarlo del sacerdote, cuya consagración y misión son una específica identificación con Jesucristo, a quien representa.


Del sacerdote depende en gran parte la vida sobrenatural de los fieles, ya que solamente ellos pueden hacer presente a Jesucristo sobre el altar y perdonar los pecados. Aunque éstas son las dos funciones principales del ministerio sacerdotal, su misión no se agota ahí: administra también los otros sacramentos, predica la palabra divina, dirige espiritualmente, etc. Es decir, participa del triple poder de Cristo.

En la Tertulia

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