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jueves, 7 de septiembre de 2017

A SOÑAR UNA VEZ MÁS

A QUÉ VAMOS

“¡Qué alegría cuando me dijeron:
Vamos a la casa del Señor.
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales Jerusalén!”

“Mi visita es una peregrinación personal y un viaje espiritual del Obispo de Roma a los orígenes de nuestra fe en "el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob" (Ex 3, 15). Forma parte de una peregrinación más amplia de oración y acción de gracias que me ha llevado primero al Sinaí, el monte de la Alianza, el lugar de la revelación decisiva que marcó la sucesiva historia de la salvación. Ahora tendré el privilegio de visitar algunos de los lugares más estrechamente vinculados a la vida, a la muerte y a la resurrección de Jesucristo”.
     San Juan Pablo II

















martes, 25 de julio de 2017

SANTIAGO APÓSTOL; RUEGA POR NOSOTROS

Hermosa celebración en la fiesta de Santiago Apóstol, que interceda por nosotros en la perseverancia de nuestra fe.

La Iglesia de Patzicía



Increible la participación de losfieles
 

sábado, 8 de julio de 2017

OTRO AMIGO EN EL CIELO


Monseñor Gonzalo se une al dolor de la muerte del padre José Ignacio Scheifler sj. A sus 91 años. La Diócesis de Sololá-Chimaltenango le debe mucho a la labor realizada por el padre, ya que estuvo frente del CAPS, una institución que ayudó a muchos hermanos en la construcción de sus oratorios en las comunidades.  Nuestra oraciones por su eterno descanso y fortaleza a sus familiares. 

jueves, 6 de julio de 2017

LA FAMILIA TAMBIÉN HAY QUE SALVARLA


UNA MIRADA A LA HISTORIA RECIENTE

Tradicionalmente la doctrina católica sobre el matrimonio recogía la enseñanza de San Agustín que él mismo sistematizó en torno a los bienes del matrimonio: el bien de la prole (bonum prolis), el bien de la fidelidad (bonum fidei) y el bien del sacramento (bonum sacramenti). El matrimonio era visto como un contrato singular cuyas notas características son la unidad y la indisolubilidad. Los fines propios de esta institución natural eran descritos como la procreación y la educación de los hijos, la ayuda mutua entre los esposos y el remedio de la concupiscencia.

En las décadas anteriores a la celebración del Concilio Vaticano II, desde perspectivas más personalistas, se reclamaba una revisión de los fines del matrimonio y se abogaba por incidir más en la relevancia del amor conyugal: se insistía en la necesidad de revisar el término contrato y la división entre fin primario (procreación) y fines secundarios.

El Concilio Vaticano II Con este contexto inmediato, el Concilio Vaticano II al afrontar los temas del matrimonio y de la familia en la Gaudium et spes los trata como el primero de los problemas y necesidades urgentes en el mundo actual (GS 46). En expresión del mismo Concilio “la salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar” (GS 47).

Después de describir las sombras que oscurecen la dignidad de esta institución, se propone exponer la doctrina sobre la dignidad del matrimonio y de la familia (GS 48). 1 Cf. San Agustín, De bono coniugali: pc 40,375-376 y 394; Pío XI, Enc. Casti connubii: AAS 22 (1930) 543-555. 10 11 En este apartado de la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual (GS 48) el Concilio ofrece una síntesis en la que se guarda un equilibrio entre el carácter institucional del matrimonio y los nuevos acentos que venían propiciados por la corriente personalista. En primer lugar llama la atención la descripción que se hace del matrimonio como “íntima comunidad de vida y amor conyugal”.

La expresión “íntima comunidad” y la referencia directa al “amor conyugal” son una clara expresión de la perspectiva en la que se sitúa el Concilio. Esta “íntima comunidad”, continua el Concilio, esta “fundada por el Creador y provista de leyes propias” que no se especifican. El término “contrato” es sustituido por la palabra “alianza” (foedus) de mayor relevancia bíblica y que hace referencia al consentimiento matrimonial: “esta comunidad […] se establece con la alianza del matrimonio, es decir, con un consentimiento personal irrevocable” (GS 48).

El Concilio hace compatible estas nuevas expresiones con el lenguaje más tradicional: “Así, por el acto humano con el que los cónyuges se entregan y aceptan mutuamente nace una institución estable por ordenación divina, también ante la sociedad” (Ibíd). La palabra “institución” es completada con el término “vínculo sagrado” que apunta a la esencia del matrimonio: “este vínculo sagrado, con miras al bien tanto de los cónyuges y de la prole como de la sociedad, no depende del arbitrio humano” (Ibíd). Así pues, siguiendo el lenguaje del Concilio Vaticano II, por el consentimiento matrimonial entre un hombre y una mujer (alianza) se ingresa en una” institución” fundada por el Creador y que tiene “leyes específicas”.

Estas leyes hacen referencia a la unidad y a la indisolubilidad, que se describen en el mismo párrafo: “Así el hombre y la mujer, que por la alianza conyugal ya no son dos, sino una sola carne (Mt 19,6), se prestan mutuamente ayuda y servicio mediante la unión íntima de sus personas y sus obras, experimentando el sentido de la unidad y lográndola más cada día. Esta íntima unión, en cuanto donación mutua de dos personas, como el bien de los hijos exige la fidelidad plena de los cónyuges y urge su indisoluble unidad” (Ibíd). 10 11 Esta síntesis, como un mosaico completo en el que se unen las palabras comunidad, alianza, amor conyugal, institución y vínculo sagrado, es rematada por el Concilio con la siguiente afirmación:

“El mismo Dios es el autor del matrimonio al que ha dotado con varios bienes y fines, todo lo cual es sumamente importante para la continuación del género humano, para el provecho personal y la suerte eterna de cada miembro de la familia, para la dignidad, estabilidad, paz y prosperidad de la misma familia y de toda la sociedad humana” (Ibíd). Al hablar de los varios bienes y fines del matrimonio el Concilio no los especifica ni los subordina, aunque los Padres conciliares remiten en nota específica a San Agustín, santo Tomás y a la carta encíclica de Pío XI “Casti connubii”.

En continuidad con la doctrina católica, el Concilio destaca la llamada a la santidad de los esposos que deriva del origen del matrimonio y de su condición de sacramento de la nueva alianza: “Cristo, el Señor, ha bendecido abundantemente este amor multiforme, nacido de la fuente divina de la caridad y construido a semejanza de su unión con la Iglesia. Pues de la misma manera que Dios en otro tiempo salió al encuentro de su pueblo con una alianza de amor y fidelidad, ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia, mediante el sacramento del matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos. 

EL ALCOHOLISMO ¿ES MALO?


El alcohol, desde el punto de vista bíblico, no es malo en sí mismo, sino el uso que le demos. El alcohol procede de vegetales, de plantas, seres vivos creados por Dios. No es malo de por sí lo que Dios ha creado, sí puede serlo el mal uso que hagamos seres pecaminosos y tan tendentes a equivocarnos como somos los hombres.

¿Nos advierte la Biblia frente al alcohol? Indudablemente:

Proverbios 20:1: “El vino lleva a la insolencia, y la bebida embriagante al escándalo; ¡nadie bajo sus efectos se comporta sabiamente!”

Proverbios 21:17: “El que ama el placer se quedará en la pobreza; el que ama el vino y los perfumes jamás será rico”.

Proverbios 23:20: “No te juntes con los que beben mucho vino, ni con los que se hartan de carne, pues borrachos y glotones, por su indolencia, acaban harapientos y en la pobreza”.

1 Corintios 6:10: “Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.

Efesios 5:18: “No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu”.

1 Timoteo 3:8: “Los diáconos, igualmente, deben ser honorables, sinceros, no amigos del mucho vino ni codiciosos de las ganancias mal habidas”.

Tito 1:7: “El obispo tiene a su cargo la obra de Dios, y por lo tanto debe ser intachable: no arrogante, ni iracundo, ni borracho, ni violento, ni codicioso de ganancias mal habidas”.

Tito 2:3: “A las ancianas, enséñales que sean reverentes en su conducta, y no calumniadoras ni adictas al mucho vino. Deben enseñar lo bueno”.

En Deuteronomio 21 se establecía como castigo, en la nación de Israel, la muerte para el hijo que fuera rebelde contumaz y borracho (¿se imaginan eso hoy con los botelloneros actuales? ¡La población juvenil acabaría casi diezmada!).

“Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere; entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva; y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá”.

sábado, 1 de julio de 2017

FOTOGRAFÍAS DE LA ORDENACIÓN DIACONAL EN NUHUALÁ


La palabra diácono (diakonos) únicamente significa ministro o servidor y es utilizada en este sentido tanto en los Setenta (aunque sólo en el libro de Ester, 2,2; 4, 3) como en el Nuevo Testamento (Mat. 20, 28; Rom. 15, 25; Ef 3,7; etc.) Pero en los tiempos apostólicos la palabra empezó a adquirir un significado más definido y técnico. En sus escritos de alrededor del año 63 d.C., san Pablo se dirige "a todos los santos que viven en Filipo, junto con los obispos y los diáconos" (Fil 1,1). Unos pocos años más tarde (1 Tim 3,8 ss) él insiste a Timoteo que "los diáconos deben ser castos, no mal hablados, no dados a beber mucho vino ni a negocios sucios, que guarden el misterio de la fe con una conciencia pura."















viernes, 30 de junio de 2017

EMPEZÓ LA FIESTA, POR ESTOS SEIS AÑOS DE LA PRESENCIA DEL SEÑOR EN LA CAPILLA


Muchos se preguntan ¿Por qué una capilla de adoración perpetua?, si ya está el sagrario en la Iglesia. Con la adoración perpetua tenemos la oportunidad de dar una respuesta constante en el tiempo hacia Quien no deja de ser Dios y de amarnos con amor eterno.

Pero, la Adoración Eucarística Perpetua lleva otro fin, otro mérito: en tiempos en los que nuestras iglesias está cerrada, una capilla siempre abierta, para quienquiera llegar a cualquier hora del día o de la noche, es como los brazos siempre abiertos de Jesús, dispuesto a acoger a todo hombre.

Es también una respuesta al clamor de los Papas Juan Pablo II y también de Benedicto XVI: “¡Abridle las puertas a Cristo! ¡Abrídselas de par en par!”

Los motivos que hacen única a la Adoración Perpetua son; que el Señor sea adorado incesantemente y que la iglesia esté siempre abierta.

domingo, 25 de junio de 2017

MI MEJOR GOL FUE CONOCER A JESÚS


Un hermoso testimonio de un futbolista, vale la pena ver el video. no tengamos miedo de hablar y anunciar el Reino de Dios.

video

EXCESO INDEFENDIBLE

Con motivo del mes mundial lobby gay hay excesos indefendibles como muestra la primera foto. Hay manipulaciones por parte del poderoso, inquisitorial y dogmático lobby gay como muestra la segunda y hay actuaciones institucionales frívolas y seguramente cobardes como muestra la tercera. El respeto a las personas homosexuales es una exigencia de justicia pero la ideologización de la causa promovida por el lobby gay es una imposición no amante de la libertad. 

Gonzalo de Villa



NO TEMAN A LOS QUE MATAN EL CUERPO


El profeta ha abierto con confianza su alma a Dios y se ha quejado. La misión que le ha confiado sólo le trae desgracias. Cuando Jeremías proclama la palabra de Dios no escucha más respuesta que las acusaciones y calumnias de la gente. Le gustaría olvidarse de todo, pero no puede, pues Dios es «como fuego abrasador» que le enciende en su interior. 

En medio de tamaño dolor brilla y vence el celo por el Señor. En efecto, al igual que le sucede a Jeremías, quienes han experimentado el amor de Dios no pueden contener el afán de hablar de Él a quienes no lo conocen, o se han olvidado del Señor. Las palabras del profeta reflejan la confianza en que Dios no le dejará. Jeremías no abandonó su misión, sino que perseveró en ella hasta el final de sus días. El reconocimiento de su debilidad y la posterior fidelidad son como un anticipo de lo que el Señor manifestó a San Pablo cuando éste también se encontraba en graves dificultades: «La fuerza se perfecciona en la flaqueza».

San Pablo enseña dos cosas; la Gracia y la vida, pecado y muerte. a) el pecado de Adán y sus consecuencias, entre ellas, la muerte, que afecta a todos los hombres y la gracia como frutos de la Redención de Cristo.

Este pasaje San Pablo nos revela que, a la luz de la muerte y resurrección de Cristo, podemos conocer que todos estamos implicados en el pecado de Adán, «que se trasmite, juntamente con la naturaleza humana, por propagación, no por imitación y que es propio en cada uno» (CEC, n. 419). Así como el pecado entró en el mundo por obra de quien representaba a toda la humanidad, así también la justicia nos llega a todos por un solo hombre, por el «nuevo Adán», Jesucristo, «el primogénito de toda criatura», «cabeza del cuerpo, que es la Iglesia» Cristo, por su obediencia a la voluntad del Padre, se contrapone a la desobediencia de Adán, devolviéndonos la felicidad y la vida eterna que habíamos perdido. Porque donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.

La existencia del pecado original es verdad de fe. El Papa Pablo VI lo volvió a proclamar: «Creemos que todos pecaron en Adán; lo que significa que la culpa original cometida por él hizo que la naturaleza, común a todos los hombres, cayera en un estado tal en el que padeciese las consecuencias de aquella culpa (Credo del Pueblo de Dios, n. 16).

En el Evangelio se recoge un conjunto de instrucciones y advertencias sobre el modo de llevar a cabo la propagación del Evangelio: son como un protocolo de la misión. Se refieren no sólo a los Apóstoles, sino a todos los discípulos de Cristo que en el desempeño de su tarea habrán de sufrir contradicciones y persecuciones como Él mismo las padeció, pues «no está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su señor» (Mt 10,24).

Y nos dice el Señor; «No les tengan miedo». Jesús invita a la confianza en la paternal providencia de Dios, de la que habló extensamente en el Discurso de la Montaña. Ahora lo hace en el contexto de las persecuciones que espe­ran a sus discípulos, pero a las que no debemos temer. «Si los pajarillos, que son de tan bajo precio, no dejan de estar bajo providencia y cuidado de Dios, Pero esta providencia está en el marco de una misión: hay que confesar a Cristo y hacerlo en voz alta, para que su verdad llegue hasta el último rincón del mundo.

sábado, 24 de junio de 2017

SANTIFICAR SU MATRIMONIO Y SANTIFICARSE EN ESA UNIÓN


Los casados están llamados a santificar su matrimonio y a santificarse en esa unión; cometerían por eso un grave error, si edificaran su conducta espiritual a espaldas y al margen de su hogar. La vida familiar, las relaciones conyugales, el cuidado y la educación de los hijos, el esfuerzo por sacar económicamente adelante a la familia y por asegurarla y mejorarla, el trato con las otras personas que constituyen la comunidad social, todo eso son situaciones humanas y corrientes que los esposos cristianos deben sobrenaturalizar.

La fe y la esperanza se han de manifestar en el sosiego con que se enfocan los problemas, pequeños o grandes, que en todos los hogares ocurren, en la ilusión con que se persevera en el cumplimiento del propio deber. La caridad lo llenará así todo, y llevará a compartir las alegrías y los posibles sinsabores; a saber sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para atender a los demás; a escuchar al otro cónyuge o a los hijos, mostrándoles que de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en montañas; a poner un gran amor en los pequeños servicios de que está compuesta la convivencia diaria.

Santificar el hogar día a día, crear, con el cariño, un auténtico ambiente de familia: de eso se trata. Para santificar cada jornada, se han de ejercitar muchas virtudes cristianas; las teologales en primer lugar y, luego, todas las otras: la prudencia, la lealtad, la sinceridad, la humildad, el trabajo, la alegría... Hablando del matrimonio, de la vida matrimonial, es necesario comenzar con una referencia clara al amor de los cónyuges.