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viernes, 9 de noviembre de 2018

NUESTRA ATLETA DE MAÍZ


¡YA ATERRIZÓ EN ESPAÑA! “NUESTRA ATLETA DE MAÍZ” QUE CON CORTE Y CAITES REPRESENTARÁ A GUATEMALA EN CARRERA INTERNACIONAL


 El ser ganadora de dos ediciones de un evento atlético que se realiza en Raxruhá y Fray Bartolomé de las Casas, Alta Verapaz ha sido uno de los motivos por los que Doña María del Carmen Tun Cho de 46 años de edad participe en la “Carrera de la Behobia” en San Sebastián” a realizarse este domingo 11 de noviembre en España.

Doña María “una mujer de maíz” que nació en una comunidad de Raxk’iche’, Raxruhá, Alta Verapaz, ya aterrizó su vuelo en España donde con orgullo se pondrá el corte y los caites para representar a los guatemaltecos en este evento atlético.

Además, se indicó que recibió financiamiento para su viaje de parte de una organización internacional que defiende los derechos de las mujeres indígenas.

“Gané en 2017 en Fray Bartolomé de las Casas y en el 2018 en Raxruhá, pero mi única intención era participar como mujer”, afirma doña María del Carmen Tun Cho. “Mi familia me dijo que no lo iba a conseguir, pero no me desanimé, sino todo lo contrario, me valoré y gané, no todas las mujeres tienen la valentía o el permiso de sus maridos para participar.”
SE PREPARO PARA BEHOBIA.

Doña María se levanta a las 5 de la mañana para que le alcance el tiempo para poder entrenar a diario al menos una hora, utilizando tenis porque a la hora de su práctica en la terracería no se fija si hay vidrios o clavos que la puedan lesionar.

Junto a su entrenadora designada para este evento han manifestado “Nuestra intención no es que gane la carrera, sino darle visibilidad, por eso queremos que corra la Behobia con el corte”.

jueves, 1 de noviembre de 2018

NO TENGAN MIEDO A LA PALABRA: SANTIDAD

Interior de la cúpula de la Basílica de Florencia

Todo el que quiera comenzar un camino de perfección no puede renunciar a la cruz, a la mortificación, a la humillación y al sufrimiento, que asemejan al cristiano con el modelo divino que es el Crucificado.

Todos están llamados a amar a Dios con todo su corazón y con toda el alma, y a amar al prójimo por amor a Dios. Nadie está excluido de esta llamada tan clara de Jesús. Ustedes, por tanto, “sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial”.

La santidad consiste, en vivir con convicción la realidad del amor de Dios, a pesar de las dificultades de la historia y de la propia vida. El Sermón de la Montaña es la única escuela para ser santos.

La santidad consiste, además, en la vida de ocultamiento y de humildad: saberse sumergir en el trabajo cotidiano de los hombres, pero en silencio, sin ruidos crónicos, sin ecos mundanos.

La santidad del hombre es obra de Dios. Nunca será suficiente manifestarle gratitud por esta obra. Cuando veneramos las obras de Dios, veneramos y adoramos sobre todo a Él mismo, el Dios Santísimo. Y entre todas las obras de Dios, la más grande es la santidad de una criatura: la santidad del hombre.

Aunque la santidad nace de Dios mismo, a la vez, desde el punto de vista humano, se comunica de hombre a hombre. De este modo, podemos decir también que los santos “engendran” a los santos.

Un santo es, en su vida y en su muerte, traducción del Evangelio para su país y su época. Cristo no vacila en invitar a sus discípulos al seguimiento, a la perfección.

¿Qué es la santidad? Es precisamente la alegría de hacerla Voluntad de Dios.

¡No tengan miedo ante esa palabra! ¡No tengáis miedo ante la realidad de una vida santa!

sábado, 27 de octubre de 2018

ESCOGIDO DE ENTRE LOS HOMBRES



«Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón».

Lo que se dice del «sumo sacerdote» del Antiguo Testamento vale asimismo para el sacerdote del Nuevo Testamento; estas palabras han servido siempre para diseñar la figura y el papel del sacerdote en medio del pueblo cristiano. El verdadero y perfecto Sumo Sacerdote es, en efecto, Cristo, del que el sacerdote cristiano es un pobre representante.

Ante todo, que él está «escogido de entre los hombres». No es, por lo tanto, un ser desarraigado o bajado del cielo, sino un ser humano, que tiene a sus espaldas una familia y una historia, como todos los demás. De él se puede decir lo que sus paisanos decían de Jesús: «¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros?».

«Escogido de entre los hombres» significa, igualmente, que el sacerdote está hecho como cualquier otra criatura humana: con los deseos, los afectos, las luchas, los titubeos, las debilidades de todos. De la misma naturaleza de todos. De este modo, él estará más preparado para tener compasión, estando, también él, revestido de debilidades. Naturalmente en ello existe, igualmente, una llamada al sacerdote para ser, de hecho, compasivo, humano, comprensivo. Para ser duro consigo mismo y tierno con los demás, no al revés. A Dios no le importa tanto que sus representantes en la tierra sean perfectos cuanto que sean misericordiosos.

Ante los hombres, el sacerdote está además «constituido a favor de los hombres»; esto es, vuelto a darse para ellos, puesto a su servicio. Es cierto, también, que el médico está al servicio del hombre; quien se casa está asimismo al servicio de la vida. Lo que le distingue al sacerdote es que el suyo es un servicio «en las cosas que se refieren a Dios». Un servicio que toca la dimensión más profunda del hombre, su destino eterno.

El gran orador francés Lacordaire describe así el papel del sacerdote entre el pueblo: «Ser miembro de cada familia sin pertenecer a alguna de ellas; compartir cada sufrimiento; estar puesto aparte de todo secreto; curar cada herida; ir cada día desde los hombres a Dios para ofrecerle su devoción y sus oraciones y volver de Dios a los hombres para llevarles su perdón y su esperanza; tener un corazón de acero para la castidad y un corazón de carne para la caridad; enseñar y perdonar, consolar, bendecir y ser bendecido para siempre. Es tu vida, ¡oh sacerdote de Jesucristo!»

Delante de Cristo yo les defiendo a ustedes, para el Señor sea siempre misericordioso y bondadoso con Ustedes, pero delante de ustedes yo defiendo a Cristo.