jueves, 17 de marzo de 2022

¿DESEOS O DERECHOS, USTEDES QUE PIENSAN?

foto: página Chicco


Si no hay un bien común mínimamente objetivo, si no se reconoce una naturaleza y una dignidad común en los seres humanos, entonces cada uno puede inventarse lo que es bueno, aunque eso implique matar un inocente por el simple parecer o deseo. 

Hay dos supuestos que se han vuelto valores absolutos e incuestionables en la opinión pública: que la libertad es un fin bueno en sí mismo sin importar para que se use y que la verdad es siempre subjetiva y relativa, abriendo la puerta a graves deformaciones del concepto de derecho. 

En primer lugar, se asume con naturalidad que la libertad de hacer lo que cada uno considere bueno mientras no perjudique a otros es “lo correcto”, sin importar el fin de esa acción, es decir, una libertad como fin en sí misma, sin importar para qué, sin importar el sentido ni la finalidad de las acciones, ni los valores que deben guiar la acción en orden al bien personal y social. 

Se lleva así el derecho hacia planteos absurdos que terminan oponiendo unos derechos a otros, como si se tratara de gustos y preferencia subjetivas, como si el bien y el mal fueran intercambiables a todo nivel. 

Es cierto que lo que para unos es bueno, para otros no lo es tanto, pero no es aplicable a todos los ámbitos. Y que los mismos valores no siempre son compartidos en una sociedad plural, es algo obvio, pero el problema se manifiesta con claridad cuando no queda ni siquiera en pie la dignidad humana. Esto y no otra cosa, explica que en Colombia se haya aprobado que una mujer pueda abortar a su hijo con seis meses de vida. 

En segundo lugar, predomina un subjetivismo radical que hace de la perspectiva particular y emocional un criterio de verdad que los demás deben aceptar y hasta promover, confundiendo deseos con derechos, donde la verdad es lo que cada uno quiere que sea, haciendo imposible la aceptación de verdades universales válidas para todos, aunque sean mínimas. Se llega incluso a negar los hechos y la evidencia científica en nombre de la propia “verdad”. 

La gravedad de la cuestión es que, si no hay un bien común mínimamente objetivo, si no se reconoce una naturaleza y una dignidad común en los seres humanos, entonces cada uno puede inventarse lo que es bueno, aunque eso implique matar un inocente por el simple parecer o deseo. 

Se confunde el sano pluralismo de perspectivas con el relativismo de que son todas igualmente válidas y entonces ningún valor estaría por encima de otro. Lo que no suele decirse es que el mismo relativismo es dogmático porque no acepta relativizar sus tesis y termina imponiendo su visión, cuestionando a todo el que intente defender la verdad de las cosas. 

La manipulación del lenguaje 

Cualquier pretensión de objetividad en las normas es etiquetada de intolerante cuando nos encontramos en una cultura dominada por un subjetivismo hipertrofiado y un relativismo radical. En este contexto, si alguien intenta defender un derecho fundamental frente un propuesto “nuevo derecho” que atenta contra la dignidad humana, paradójicamente será tratado de “persona antiderechos”. 

Manipulaciones del lenguaje para negar la dignidad de algunas personas, como llamarle “pre-embrión” a un embrión, “vidas indignas”, o eufemismos como “ayudar a morir” o “muerte digna”, para referirse a formas de homicidio o de ayuda al suicidio, crean mayor confusión todavía, para simplemente lograr aceptación y que puedan convivir absurdamente supuestos derechos que en realidad son violaciones de derechos fundamentales. 

Cuando se pierde el respeto por la dignidad humana, todo se vuelve una pugna por imponer los propios gustos, valores e intereses particulares al resto de la sociedad. 

Fuente; Aleteia

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