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jueves, 18 de septiembre de 2025

DIOS NOS SALE AL ENCUENTRO


¿Por qué tuvo Dios que mostrarse para que sepamos cómo es? 

El hombre, mediante la razón, puede conocer que existe Dios, pero no cómo es Dios realmente. Pero como Dios quería ser conocido, se ha revelado a sí mismo. 

Dios no estaba obligado a revelarse a los hombres. Lo ha hecho por amor. Como en el amor humano podemos saber algo de la persona amada sólo cuando nos abre su corazón, del mismo modo sólo sabemos algo de los más íntimos pensamientos de Dios porque el Dios eterno y misterioso se ha abierto por amor a nosotros. Desde la creación, pasando por los patriarcas y profetas hasta la REVELACIÓN definitiva en su Hijo Jesucristo. 

¿Cómo se revela Dios en el Antiguo Testamento? 

En el ANTIGUO TESTAMENTO Dios se revela como el Dios que ha hecho el mundo por amor y que es fiel al hombre incluso cuando éste se separa de él por el pecado. Dios se da a conocer en la historia: Sella con Noé una Alianza para salvar a todos los seres vivos. Llama a Abraham para hacer de él "padre de muchedumbre de pueblos. El pueblo de Israel, nacido de Abraham, será su propiedad personal. Dios se da a conocer a Moisés por su nombre. Su nombre misterioso [YAHVÉ] significa "Yo soy". Libera a Israel de la esclavitud en Egipto, sella una alianza en el Sinaí y por medio de Moisés da a su pueblo la ley. Una y otra vez envía Dios profetas a su pueblo, para llamarlo a la conversión y a la renovación de la Alianza. Los profetas anuncian que Dios establecerá una Alianza nueva y eterna, que realizará una renovación radical y la redención definitiva. Esta Alianza estará abierta a todos los hombres. 

¿Qué nos muestra Dios de sí cuando nos envía a su Hijo? 

En Jesucristo Dios nos muestra toda la profundidad de su amor misericordioso. Por medio de Jesucristo el Dios invisible se hace visible. Se hace hombre como nosotros. Esto nos enseña hasta dónde alcanza el amor de Dios. Lleva toda nuestra carga. Anda todos los caminos con nosotros. Está en nuestro abandono, nuestro dolor, nuestro miedo ante la muerte. Está allí donde no podemos avanzar más, para abrirnos la puerta hacia la Vida. 

¿Por qué transmitimos la fe?

Transmitimos la fe porque Jesús nos encarga: "Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos" Ningún cristiano auténtico deja la transmisión de la fe sólo en manos de los especialistas (maestros, sacerdotes, misioneros). Uno es cristiano para los demás. Esto quiere decir que todo cristiano auténtico desea que Dios llegue también a los demás. Se dice: "¡El Señor me necesita! Estoy bautizado, confirmado y soy responsable de que las personas de mi entorno tengan noticia de Dios y 'lleguen al conocimiento de la verdad'". La Madre Teresa empleaba una buena comparación: "A menudo puedes ver cables que cruzan las calles. Antes de que la corriente fluya por ellos no hay luz. El cable somos tú y yo. ¡La corriente es Dios! Tenemos el poder de dejar pasar la corriente a través de nosotros y de este modo generar la luz del mundo -JESÚS- o de negarnos a ser utilizados y de este modo permitir que se extienda la oscuridad".

martes, 25 de enero de 2022

ESCUCHAR CON LOS OÍDOS DEL CORAZÓN

© El ojo del fotógrafo


“Escuchar con los oídos del corazón”. Con estas palabras se ha expresado el santo padre el día de ayer 24 de enero en la memoria de San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia, fundador de la Orden de la Visitación y patrono de la prensa católica, con motivo de la 56ª Jornada mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebrará el próximo 29 de mayo. 

Escuchar sigue siendo esencial para la comunicación 

El Papa Francisco ha explicado que “estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quien tenemos delante”, y que “la escucha está experimentando un nuevo e importante desarrollo en el campo comunicativo e informativo, a través de las diversas ofertas de podcast y chat audio, lo que confirma que escuchar sigue siendo esencial para la comunicación humana”. 

“El deseo ilimitado de ser escuchados”. De manera que se trata de “un deseo que a menudo permanece escondido, pero que interpela a todos los que están llamados a ser educadores o formadores, o que desempeñen un papel de comunicador”, o sea “los padres y los profesores, los pastores y los agentes de pastoral, los trabajadores de la información y cuantos prestan un servicio social o político”. 

Escuchar con los oídos del corazón 

“La iniciativa es de Dios que nos habla, y nosotros respondemos escuchándolo; pero también esta escucha, en el fondo, proviene de su gracia, como sucede al recién nacido que responde a la mirada y a la voz de la mamá y del papá. De los cinco sentidos, parece que el privilegiado por Dios es precisamente el oído, quizá porque es menos invasivo, más discreto que la vista, y por tanto deja al ser humano más libre”.

El santo padre afirmaba que “la escucha corresponde al estilo humilde de Dios”, que “Dios ama al hombre” y que por esta razón “le dirige la Palabra” e “inclina el oído para escucharlo”. Mientras “el hombre, por el contrario, tiende a huir de la relación, a volver la espalda y cerrar los oídos para no tener que escuchar”. 

“El negarse a escuchar termina a menudo por convertirse en agresividad hacia el otro, como les sucedió a los oyentes del diácono Esteban, quienes, tapándose los oídos, se lanzaron todos juntos contra él”.

Te invito a la lectura completa del mensaje del Santo padre. Click Aquí.

lunes, 25 de octubre de 2021

NO HE VENIDO A LLAMAR A JUSTOS, SINO A PECADORES. Mateo 9, 9-13

Santo Domingo de Guzmán


Cristo no vino a llamar a los santos, sino a hacer santos a los débiles, a los torpes y a los pecadores. Por eso los santos no son solo modelos imitables de santidad, sino recordatorios del poder de la gracia de Dios, mayor que cualquier defecto humano.

No pocos santos tuvieron que luchar contra tentaciones muy similares a las que sufrimos hoy. Para ejemplificarlo, Goodier acude a la historia de un mercenario adicto al juego, de un adolescente repudiado por los suyos, de una mujer noble de mala reputación y un noble misionero que ve fracasar muchos de sus esfuerzos, un capellán real que escapa de la horca, un hereje hedonista y mujeriego que llegará a ser uno de los más grandes teólogos de la Iglesia católica, y otras almas imperfectas que se ven perfeccionadas por el dolor y la enfermedad.

Porque no hay nadie tan pecador que no pueda encontrar un pecador mayor entre los santos.

Libro: Santos para pecadores: Nueve almas fortalecidas por Dios 
Alban Goodier

jueves, 7 de diciembre de 2017

EL NIÑO NO PIDE ARGUMENTOS PARA AMAR A SU MADRE, Y TÚ ¿POR QUÉ PIDES ARGUMENTOS PARA AMAR A DIOS?

Hay quienes dudan de la existencia de Dios, o simplemente la niegan, nosotros quizás nos esforzamos por convencerlos de que Dios existe; quizás no lo logramos.

¿Por qué no lo logramos? ¿Porque Dios no existe o porque nosotros no sabemos demostrar su existencia?

Al mundo hay que decirle que Dios existe, no tanto con argumentos, cuanto con obras; hay que presentar un Dios vivo y vivificante; al fin y al cabo, como Él es.

En todo cuanto toquemos, pongamos la marca de Dios, en todo lo que digamos, transparentemos a Dios… y pronto los demás verán esas marcas de Dios, oirán esos sonidos de Dios, sentirán esa presencia de Dios.

Y sobrarán los argumentos, como el niño no necesita argumentos para amar a su madre, el hombre no debe necesitarlo para creer en Dios ni para amarlo.









viernes, 23 de junio de 2017

CON AMOR ETERNO TE HE AMADO

La solemnidad del sagrado corazón de Jesús. Es una fiesta de origen relativamente reciente, aunque la idea profunda es muy antigua y tiene sus raíces incluso en la Escritura, ya que lo que celebramos es el amor de Dios revelado en Cristo y manifestado sobre todo en su pasión. El símbolo de ese amor es el corazón de Cristo herido por nuestros pecados.
Fue una monja, Margarita María Alacoque, de la orden de la Visitación, en Francia, quien impulsó la idea que cristalizaría en una nueva fiesta en el calendario. Entre 1673 y 1675 tuvo santa Margarita María, en su convento de Paray-le-Monial, una serie de visiones en las que Cristo le habló pidiéndole que trabajase por la institución de una fiesta del sagrado corazón, que debería celebrarse el viernes después de la octava del Corpus Christi.
Significado de la fiesta.
La devoción al sagrado corazón es devoción a Cristo mismo. En las representaciones artísticas no está permitido mostrar el corazón solo. Hay que representar a Cristo en su humanidad completa, porque él es el sujeto de nuestra adoración y hacia él se dirige nuestra oración: "Venid, adoremos al corazón de Jesús, herido por nuestro amor".
Cuando hablamos del corazón de Jesús o de un corazón humano, ¿qué queremos decir? ¿Nos referimos a un órgano humano o a una metáfora? Eso depende del contexto de nuestro discurso; pero, según Karl Rahner en una reflexión filosófica sobre el tema "corazón", es uno de esos términos primordiales que encierran un rico significado y valor y apuntan a todo un mundo de realidades. El corazón representa el ser humano en su totalidad; es el centro original de la persona humana, el que le da unidad. El poeta Yeats habló del "núcleo profundo del corazón". El corazón es el centro de nuestro ser, la fuente de nuestra personalidad, el motivo principal de nuestras actitudes y elecciones libres, el lugar de la misteriosa acción de Dios.
A pesar de que en las profundidades del corazón puede existir el bien y el mal, el corazón es símbolo de amor. Según Rahner, la más íntima esencia de la realidad personal es el amor. Y puesto que Cristo tuvo un amor perfecto, su corazón es para nosotros el perfecto emblema del amor. Su corazón fue saturado de amor perfecto al Padre y a los hombres. Nosotros aprendemos lo que es amor tratando de comprender algo del amor de Cristo. Su amor es totalmente, pero no solamente, humano, porque en él nos encontramos con el misterio de un amor humano-divino. El corazón humano de Cristo está hipostáticamente unido a su divinidad. El amor de Dios se ha encarnado en el amor humano de Cristo.
El amor de Dios hacia el hombre existía desde toda la eternidad. Los textos del Antiguo Testamento abundan de esta evidencia. "Con amor eterno te he amado", declara Yavé a su pueblo por medio del profeta Jeremías (Jer 31,2). La liturgia de esta fiesta está sacada de los siguientes textos. La antífona de entrada de la misa es del salmo 32: "Los proyectos del corazón del Señor subsisten de edad en edad, para liberar las vidas de sus fieles de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre". La respuesta al salmo responsorial es como sigue: "La misericordia del Señor dura por siempre para los que cumplen sus mandatos". Las lecturas del Antiguo Testamento para los tres ciclos proclaman el amor de Dios para con su pueblo, demostrando cómo lo eligió y lo salvó, estableció con él un pacto, lo condujo con suavidad y con andaderas de amor y fue un buen pastor para él.
Si ya el Antiguo Testamento revela el gran corazón de Dios, el Nuevo Testamento lo manifiesta completamente. San Juan, heraldo de la encarnación y del amor de Dios, sólo acierta a exclamar: "Tanto amó Dios al mundo, que entregó por él a su Hijo único" (Jn 3,16). El amor de Cristo por el Padre y hacia el hombre caído, al que vino a salvar, lo llevará a la muerte, y una muerte de cruz. El mismo declaró: "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15,13). El sufrimiento y la muerte en cruz de Jesús son una muestra de su amor por nosotros. San Pablo se maravillaba frecuentemente pensando en ello: "Dios mostró su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Rom 5,8). San Pablo experimentó ese amor en un nivel personal profundo: toda su vida fue vivida en la fe en el Hijo de Dios, "el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gál 2,20).

viernes, 2 de junio de 2017

¿TÚ ME AMAS?


Jesús da la misión a Pedro: En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos." Por segunda vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dijo: "Pastorea mis ovejas." Por tercera vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: "Señor, tú conoces todo; tú bien sabes que te quiero." Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas. Yo te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieres". Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría que glorificar a Dios. Después le dijo: Sígueme" Palabra del Señor.

Reflexión

¿Cómo va el primer amor? Es decir, ¿estoy enamorado de ti como el primer día? ¿Soy feliz contigo o te ignoro? Preguntas universales que hay que hacerlas con frecuencia.

Y no sólo los cónyuges en la pareja, sino también los sacerdotes y los obispos ante Jesús. Porque es Jesús quien nos lo pregunta como un día hizo con Pedro:
"Simón, hijo de Juan, ¿me amas?"

Esta es la pregunta que me hago a mí, a mis hermanos obispos y a los sacerdotes. Como va el amor de hoy, el de Jesús, ¿no? ¿Es como el primero? ¿Estoy enamorado como el primer día? ¿O el trabajo, las preocupaciones un poco me hacen mirar otras cosas, y olvidar un poco el amor? Pero los cónyuges pelean, pelean. Y eso es normal. Pero cuando no hay amor, no se pelea: se rompe.

Jamás olvidar el primer amor. Jamás. Hay que tener varios aspectos presentes en la relación de diálogo de un sacerdote con Jesús:

1.- Antes de querer convertirse en un intelectual de la filosofía, de la teología o de la patrología debe ser un pastor, tal como Jesús le pidió a Pedro cuando le dijo: "Apacienta mis ovejas".

El resto, viene después. Apacienta. Con la teología, con la filosofía, con la petrología, con lo que estudias, pero apacienta. Se pastor. Porque el señor nos ha llamado para esto. Y las manos del obispo sobre nuestra cabeza son para ser pastores. Es una segunda pregunta, ¿no? La primera es: "¿Cómo va el primer amor?".

2.- La segunda es ésta: "¿Soy pastor, o soy un empleado de esta ONG que se llama Iglesia?". Hay una diferencia. ¿Soy pastor? Una pregunta que yo debo hacerme, que los obispos se deben hacer, y también los sacerdotes: todos. Apacienta. Pastorea. Ve adelante.

3.- No hay gloria ni majestad para el pastor consagrado a Jesús. No, hermano. Terminará del modo más común, incluso más humillante, tantas veces, en un lecho, que te dan de comer, que te deben vestir… Pero inútil, allí, enfermo…. El destino es terminar como terminó Él, amor que muere como la semilla de grano y después vendrá el fruto. Pero yo no lo veré.

4.- Sígueme: Si nosotros hemos perdido la orientación o no sabemos cómo responder sobre el amor, no sabemos cómo responder sobre este ser pastores, no sabemos cómo responder o no tenemos la certeza de que el Señor no nos dejará solos, incluso en los momentos peores de la vida, en la enfermedad, Él dice: "Sígueme".

Es ésta nuestra certidumbre. Sobre las huellas de Jesús. En ese camino. "Sígueme".

sábado, 27 de mayo de 2017

DIOS NO QUIERE ESCLAVOS, SINO HIJOS


Permitidme narrar un suceso de mi vida personal, ocurrido hace ya muchos años. Un día un amigo de buen corazón, pero que no tenía fe, me dijo, mientras señalaba un mapamundi: mire, de norte a sur, y de este o oeste. ¿Qué quieres que mire?, le pregunté. Su respuesta fue: el fracaso de Cristo. Tantos siglos, procurando meter en la vida de los hombres su doctrina, y vea los resultados. Me llené, en un primer momento de tristeza: es un gran dolor, en efecto, considerar que son muchos los que aún no conocen al Señor y que, entre los que le conocen, son muchos también los que viven como si no lo conocieran. 

Pero esa sensación duró sólo un instante, para dejar paso al amor y al agradecimiento, porque Jesús ha querido hacer a cada hombre cooperador libre de su obra redentora. No ha fracasado: su doctrina y su vida están fecundando continuamente el mundo. La redención, por Él realizada, es suficiente y sobreabundante.

Dios no quiere esclavos, sino hijos, y respeta nuestra libertad. La salvación continúa y nosotros participamos en ella: es voluntad de Cristo que —según las palabras fuertes de San Pablo— cumplamos en nuestra carne, en nuestra vida, aquello que falta a su pasión, en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia. 

Vale la pena jugarse la vida, entregarse por entero, para corresponder al amor y a la confianza que Dios deposita en nosotros. Vale la pena, ante todo, que nos decidamos a tomar en serio nuestra fe cristiana. 

Al recitar el Credo, profesamos creer en Dios Padre todopoderoso, en su Hijo Jesucristo que murió y fue resucitado, en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Confesamos que la Iglesia, una santa, católica y apostólica, es el cuerpo de Cristo, animado por el Espíritu Santo. Nos alegramos ante la remisión de los pecados, y ante la esperanza de la resurrección futura. Pero, esas verdades ¿penetran hasta lo hondo del corazón o se quedan quizá en los labios? El mensaje divino de victoria, de alegría y de paz de la Pentecostés debe ser el fundamento inquebrantable en el modo de pensar, de reaccionar y de vivir de todo cristiano.

domingo, 26 de febrero de 2017

AYER, HOY Y MAÑANA


En el Evangelio nos da el Señor este consejo: No anden agobiados por el día de mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. Le basta ya a cada día su propia preocupación.

El ayer ya pasó; el mañana no sabemos si llegará para cada uno de nosotros, pues a nadie se le ha entregado su destino. De la jornada de ayer sólo han quedado motivos –muchos− de acción de gracias por los innumerables beneficios y ayudas de Dios, y también de quienes conviven con nosotros. Algo, aunque sea poco, habremos aumentado nuestro tesoro del Cielo. También del día de ayer han quedado motivos de contrición y de penitencia por los pecados, errores y omisiones. Del día de ayer podemos decir, con palabras de la Antífona de entrada de la Misa: El Señor fue mi apoyo: me sacó a un lugar espacioso, me libró porque me amaba.

Mañana, “todavía no es”, y, si llega, será el día más bello que nunca pudimos soñar, porque lo ha preparado nuestro Padre Dios para que nos santifiquemos: Tú eres mi Dios y en tus manos están mis días. No hay razón objetiva para andar angustiados y preocupados por el día de mañana: dispondremos de las gracias necesarias para enfrentarnos a lo que traiga consigo, y salir victoriosos.

Lo que importa es el hoy. Es el que tenemos para amar y santificarnos, a través de esos mil pequeños acontecimientos que constituyen el entramado de un día. Unos serán humanamente agradables y otros lo serán menos, pero cada uno de ellos puede ser una pequeña joya para Dios y para la eternidad, si lo hemos vivido con plenitud humana y con sentido sobrenatural.

No podemos entretenernos en ojalás; en situaciones pasadas que nuestra imaginación nos presenta quizá embellecidas; o en otras futuras que engañosamente la fantasía idealiza. El que anda observando el viento no siembra nunca, y el que se fija en las nubes jamás se pondrá a segar. Es una invitación a cumplir el deber del momento, sin retrasarlo por pensar que se presentarán oportunidades mejores.


Quizá una buena parte de la santidad y de la eficacia, en lo humano y en lo sobrenatural, consista en vivir cada día como si fuese el único de nuestra vida. Días para llenarlos de amor de Dios y terminarlos con las manos llenas de obras buenas, sin desaprovechar una sola ocasión de realizar el bien. El día de hoy no se repetirá jamás, y el Señor espera que lo llenemos de Amor y de pequeños servicios a nuestros hermanos. El Ángel Custodio deberá de “sentirse contento” al presentarlo ante nuestro Padre Dios.

domingo, 19 de febrero de 2017

AMOR ES IGUAL A SACRIFICIO


La antigua ley del Talión “ojo por ojo”, es superada por la Ley del amor. En estos versículos se entrega toda una Carta Magna de la moral creyente: el amor a Dios y al prójimo. 

El Papa Benedicto XVI nos dice: «Solo el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama». Jesús nos presenta la ley de una justicia sobreabundante, pues el mal no se vence haciendo más daño, sino expulsándolo de la vida, cortando así su eficacia contra nosotros. 

Para vencer se ha de tener un gran dominio interior y la suficiente claridad de saber por cuál ley nos regimos: la del amor incondicional, gratuito y magnánimo. El amor lo llevó a la Cruz, pues el odio se vence con amor. Éste es el camino de la victoria, sin violencia, sino con humildad y amor gozoso, pues Dios es el Amor hecho acción. Y si nuestros actos proceden de este mismo amor que no defrauda, el Padre nos reconocerá como sus hijos. Éste es el camino perfecto, el del amor sobreabundante.

En el camino del cristiano «no hay lugar para el odio»: sino de reconocernos como «hijos», de un Padre que perdona también mis errores por amor.

sábado, 18 de febrero de 2017

DÉJATE CONDUCIR POR EL AMOR


Quienes vivimos en una sociedad marcada por una espiral violenta, podemos incurrir en el pesimismo de quienes suponen que la mejor manera de conseguir la paz es preparando la guerra y viviendo a la defensiva. Esa mentalidad solamente nos hunde en la impotencia y en la desesperación. Nadie puede negar el aumento de homicidios y ejecuciones en nuestro país. 

Más allá de la validez de esas estadísticas, hemos de recordar que la violencia siempre es estéril. No podemos negar que es muy duro perdonar a nuestros verdugos, y que resulta muy exigente interceder sinceramente por ellos ante Dios. Sin embargo, es la paz con justicia y la compasión, lo que nos humaniza y no la venganza ni el ajustar cuentas.

La Palabra de Dios, nos enseña que la fuente original y la medida de la santidad están en Dios: «Sed perfectos como es perfecto nuestro Padre celestial». Él nos inspira, y hacia Él caminamos. El sendero se camina bajo la nueva ley, la del Amor. El amor es el seguro conductor de nuestros ideales.

miércoles, 15 de febrero de 2017

LLAMADOS AL VERDADERO AMOR



El hombre, en cuanto imagen de Dios, ha sido creado para amar. Esta verdad ha sido revelada plenamente en el Nuevo Testamento, junto con el misterio de la vida intratrinitaria: «Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen, Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión. El amor es por tanto la vocación fundamental e innata de todo ser humano». Todo el sentido de la propia libertad, y del autodominio consiguiente, está orientado al don de sí en la comunión y en la amistad con Dios y con los demás.

domingo, 1 de mayo de 2016

SI ALGUNO ME AMA


El Evangelio de este domingo, tomado del capítulo 14 de san Juan, nos ofrece un retrato espiritual implícito de la Virgen María, donde Jesús dice: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él».

Estas expresiones van dirigidas a los discípulos, pero se pueden aplicar en sumo grado precisamente a aquella que es la primera y perfecta discípula de Jesús. En efecto, María fue la primera que guardó plenamente la palabra de su Hijo, demostrando así que lo amaba no sólo como madre, sino antes aún como sierva humilde y obediente; por esto Dios Padre la amó y en ella puso su morada la Santísima Trinidad. 

Además, donde Jesús promete a sus amigos que el Espíritu Santo los asistirá ayudándoles a recordar cada palabra suya y a comprenderla profundamente, ¿cómo no pensar en María que en su corazón, templo del Espíritu, meditaba e interpretaba fielmente todo lo que su Hijo decía y hacía? De este modo, ya antes y sobre todo después de la Pascua, la Madre de Jesús se convirtió también en la Madre y el modelo de la Iglesia.

viernes, 27 de marzo de 2015

¿TE FALTA TIEMPO O TE FALTA AMOR?


Cuántas veces hemos dicho que no tenemos tiempo para la oración, pero es ¿por falta de tiempo? O es falta de amor, y en este tiempo de cuaresma el Señor nos invita a estar a solas con Él.

miércoles, 16 de julio de 2014

¿QUÉ ENTIENDES TÚ POR PROVIDENCIA DIVINA?

Dios nos cuida

Repasando algunos puntos de la teología me encontré con esto en aciprensa y lo explica de esta manera: “la Providencia es Dios mismo considerado en aquel acto por el cual en Su sabiduría Él ordena todos los eventos del universo de manera que se realice el fin por el cual fueron hechas las cosas. Ese fin es que todas las criaturas deban manifestar la gloria de Dios, y en particular que el hombre lo glorifique, reconociendo en la naturaleza, la obra de Su mano; sirviéndolo en obediencia y amor.

Dios preserva el Universo en la existencia. Actúa dentro y con cada criatura en cada y todas sus actividades. A pesar del pecado, debido a la voluntaria perversión de la libertad humana, actuando con la concurrencia, pero contrario al propósito e intención de Dios y a pesar del mal que es consecuencia del pecado. Dirige todos, incluso el mal y el pecado mismo a su finalidad por el cual el universo ha sido creado. Todas estas operaciones de parte de Dios, con la excepción de la creación, son atribuidas en la Teología Católica, a la Divina Providencia.

Quizás se entiende un poco más con este pequeño video.

                

viernes, 20 de diciembre de 2013

NUESTRA RESURRECCIÓN


¿Qué significará la resurrección de la carne?

“La carne” significa el cuerpo, lo que en el ser humano no es espiritual. Y eso es lo que tiene que resucitar, porque el alma que es espiritual está siempre viva.

¿Cómo será la Resurrección de la carne? Es decir: ¿cómo será nuestra resurrección?

Cristo resucitó y nos prometió resucitarnos también. Cristo resucitó con su propio cuerpo, ¿Cómo lo sabemos? El mismo se lo dijo a los Apóstoles, cuando éstos atónitos lo vieron después de resucitado: “Miren mis manos y mis pies; soy Yo mismo” (Lc.24, 39).

Pero Jesús no volvió a una vida terrenal. Jesús no volvió a esta vida como sí lo hizo Lázaro, a quien Jesús revivió poco antes de El morir.


Entonces, todos vamos a resucitar, como Él nos prometió y resucitaremos con nuestros propios cuerpos, el que tenemos ahora, pero este cuerpo será “transfigurado en cuerpo de gloria” (Flp. 3,21), “en cuerpo espiritual" 1 Cor. 15,44) (CEC 999).

jueves, 28 de noviembre de 2013

LA ESPERANZA Y LA PRESUNCIÓN


La presunción. Es un pecado contra la virtud de la esperanza, que el Catecismo de la Iglesia (n. 2092) define de la siguiente manera: “Hay dos clases de presunción. O bien el hombre presume de sus capacidades (esperando poder salvarse sin la ayuda de lo alto), o bien presume de la omnipotencia o de la misericordia divinas, (esperando obtener su perdón sin conversión y la gloria sin mérito)”.

Además surge otro inconveniente: la asistencia a Misa dominical no es un opcional de la vida cristiana. El Catecismo de la Iglesia Católica señala que “la Iglesia obliga a los fieles a participar los domingos y días de fiesta en la divina liturgia (...) (y) recomienda vivamente a los fieles recibir la santa Eucaristía los domingos y los días de fiesta, o con más frecuencia aún, incluso todos los días” (n. 1389). Es decir, es de las cosas que determinan la identidad cristiana.

Lo mismo ocurre con los preceptos morales: no son simples consejos, sino que hacen a la fidelidad fundamental a Cristo. Ante semejante planteo, surgen muchas preguntas que no encuentran respuesta:


¿Por qué la Iglesia enseña que faltar a Misa sin causa grave, sea un pecado mortal? ¿Exagera? ¿Quiere asustar? ¿Me hace bien el no ir a Misa? ¿Pierdo algo si no voy? ¿Hace algún daño a mi alma dejar voluntariamente la Misa? Y no es cuestión de que Dios me vaya a castigar... es cuestión de que no puedo vivir sin Él.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

(VI PARTE) EL MIEDO Y EL CUMPLIMIENTO DE LOS PRECEPTOS



Podemos movernos en la vida por miedo al infierno, un miedo nada filial ni amoroso. Sería un miedo temeroso, un miedo que nos apartaría del pecado y nos haría cumplir la voluntad de Dios; un miedo que nos llevaría a hacer cosas buenas y evitar las malas,  pero imperfecto porque le faltaría amor. Imperfecto no significa malo: es bueno, pero carece de perfección.


El santo temor de Dios, que excluye todo miedo a Dios y está lleno de confianza en El. Quien tiene este santo temor de Dios, hará lo que Dios le pide por amor. Un amor que le llevará a sacrificarse cuando le cueste, para evitar ofender a quien tanto quiere.

martes, 26 de noviembre de 2013

(V PARTE) AMOR Y TEMOR

Temor de Dios

La Teología nos enseña que el temor de Dios es un don del Espíritu Santo: se nos infunde junto con la gracia santificante y las virtudes infusas. Esto podría resultar un poco curioso: ¿Acaso Dios quiere que le temamos? ¿No es acaso nuestro Padre? ¿El buen Pastor que busca la oveja perdida y da la vida por ella? Ante estas perplejidades es justo que nos preguntemos qué tipo de temor nos infunde el Espíritu Santo, de qué miedo se trata. Se trata de un sano temor a ofender a quien tanto nos quiere, un temor que nos lleva a alejarnos de las ocasiones de hacerlo. En esta línea el sacerdote reza en Misa, antes de recibir la Comunión: “haz que siempre cumpla tus mandamientos y no permitas que me separe de Ti”.

 Este es el temor de Dios bueno: temor a fallarle a nuestro Padre, a estropear nuestra vida con el pecado. Es un “miedo” muy santo, filial, cariñoso. Un temor a cometer la locura de rechazar su amor pecando, de vivir lejos de Él; y, por lo mismo, terminar lejos de él por toda la eternidad. Hay quienes piensan el amor y la confianza excluyen todo respeto y temor. Pero no es así; el amor incluye el respeto.


Respeto a quien amo, y difícilmente amaré a quien ni siquiera respete. Y el respeto es una cierta forma de temor: un temor que puede ser amoroso, cuando lo que se teme es alejarse del amado, hacerlo sufrir, fallarle, ofenderle. De manera que amor, temor y respeto, si se los considera en su justo lugar, están relacionados. 

sábado, 23 de noviembre de 2013

(IV PARTE) EL PERDÓN DE DIOS Y REALIZACIÓN PERSONAL

Pedir perdón 

El pecado hace mal al alma. Dios cura el alma cuando perdona. Sería una locura pecar solamente porque Dios perdona (como diciendo, ¿para qué dejar de pecar si después te perdonan igual?). Este planteo supone que pecar es bueno lo mejor que podemos hacer, pero un Dios caprichoso nos lo prohíbe. Pero como tan malo no es, nos deja una puerta de escape: que lo hagamos tranquilos ya que después El nos perdona. ¡Esto es absurdo! Otra cosa es que seamos débiles y caigamos.

Entonces necesitamos perdón de por las cosas malas que hacemos, y por el bien que dejamos de hacer, por el amor que dejamos voluntariamente de tener. Y el primer paso para el perdón es el arrepentimiento: es imposible el perdón sin el rechazo personal del pecado, ya que Dios no nos liberará de las acciones que nosotros no rechazamos (una vez más respeta nuestra libertad). Pero esto imposible si pensamos que lo que hicimos es bueno.


Cumplir la ley de Dios no es lo que nos salva, sino que es la consecuencia natural de haber sido alcanzados por su amor. La procuramos cumplir no por miedo a castigo, sino porque hemos descubierto el amor de Dios. Queremos hacer lo que Dios nos pide porque lo amamos. Porque entendemos lo grande que es su sabiduría y su amor.

jueves, 21 de noviembre de 2013

(III PARTE) RAZÓN DE SER DE LAS EXIGENCIAS DE DIOS



Dios no necesita nuestro culto ni nuestra obediencia. Simplemente pide lo que necesitamos para alcanzar la plenitud humana y sobrenatural. Así lo creemos los cristianos. Detrás de sus mandamientos no vemos un capricho irrazonable, sino una voluntad paterna que conduce a la plenitud en la vida eterna, a través de las vicisitudes de esta vida.

Eso vale para los mandamientos y para la recepción de los sacramentos, para la oración y para la caridad. Todo es importante, porque nuestro Padre Dios nunca nos pedirá algo para molestarnos. Jesús nos enseñó a pedir: “hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”.