Mostrando entradas con la etiqueta El perdón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El perdón. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de octubre de 2015

PERDÓN POR MIS OFENSAS


Lo difícil que es pedir el perdón, un tema que nos invade a todos, veamos el video. De verdad nos hará bien a todos. Y en esta entrada quiero decir también, PERDÓN POR MIS OFENSAS.

domingo, 12 de abril de 2015

UN AÑO SANTO EXTRAORDINARIO


Un Año Santo extraordinario, entonces, para vivir en la vida de cada día la misericordia que desde siempre el Padre dispensa hacia nosotros. En este Jubileo dejémonos sorprender por Dios. Él nunca se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida. La Iglesia siente la urgencia de anunciar la misericordia de Dios. Su vida es auténtica y creíble cuando con convicción hace de la misericordia su anuncio.

Ella sabe que la primera tarea, sobre todo en un momento como el nuestro, lleno de grandes esperanzas y fuertes contradicciones, es la de introducir a todos en el misterio de la misericordia de Dios, contemplando el rostro de Cristo. La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo.

Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tendrá necesidad podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin. Es tan insondable es la profundidad del misterio que encierra, tan inagotable la riqueza que de ella proviene.

lunes, 23 de marzo de 2015

PERDONAR LO IMPERDONABLE

Todos hemos tenido la experiencia del perdón, lo costoso que se nos hace muchas veces perdonar la ofensa, pero tenemos que aprender de los Santos y sobre todo de Jesucristo, que perdona nuestras ofensas diarias.

jueves, 12 de marzo de 2015

NO ENCUENTRO A UN SACERDOTE


De todas las excusas para no confesarnos yo considero que este es el último. “No encuentro un padre”. Los sacerdotes no son una raza en extinción, hay miles de ellos. En el último de los casos, en la sección amarilla busca el teléfono de tu parroquia; si ignoras el nombre, busca por la diócesis, así será más sencillo. De este modo podrás saber, en tres minutos como máximo, el nombre de un padre con el que te puedes confesar, e incluso concertar una cita para que no tengas que esperar.

lunes, 1 de diciembre de 2014

SI USTEDES NO PERDONAN DE CORAZÓN...


Dios nos perdona pero sólo si nosotros queremos, si se lo pedimos, si nos arrepentimos y si perdonamos al prójimo. Si no se dan estos requisitos, Dios no puede perdonarnos. Por eso Jesús nos enseñó a pedir en el Padrenuestro: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Cada vez que uno perdona, opta por cancelar la deuda moral que el otro ha contraído con su proceder. Al perdonar al otro, lo libero en cuanto deudor, pero no suprimo la ofensa como si nunca hubiera existido. Eso solamente lo puede hacer Dios. Perdonar, pues, implica pedir a Dios que perdone.

Fuente; Catholic.net

sábado, 29 de noviembre de 2014

EL PECADO Y EL PECADOR


Una técnica importante para aprender a perdonar es acostumbrarse a distinguir entre el error y el que ha errado, entre la acción realizada y la persona que realizó esa acción, entre el “pecado” y el “pecador”. Y lo importante es hacer esta distinción no sólo con la mente, sino también con el corazón.

Una cosa es la infidelidad, la injusticia, la maldad. No hay que tergiversar las cosas, sino que es necesario llamarlas por su nombre. Esas acciones están mal, y uno tiene que tener una actitud firme y fuerte de rechazo ante ese tipo de acciones. Es lo que se llama el “odio al pecado”.

Pero por otro lado está la persona que realizó esa acción, y con esa persona uno mismo debería ser compasivo y misericordioso, y estar dispuesto a perdonar… Eso es lo que Dios hace conmigo: distingue perfectamente entre la acción que yo realicé y yo mismo. Y me ama entrañablemente, así como soy. Es lo que se llama el “amor al pecador”.

Fuente; Catholic.net

viernes, 28 de noviembre de 2014

EL PERDÓN NO ES UNA AMNESIA

Pedir perdón con detalles

El perdón no es una amnesia sagrada que borra el pasado. Por el contrario, es la experiencia sanadora que elimina el resentimiento.

“Quiero, pues, dirigir con profunda convicción una llamada a todos, para que se busque la paz por los caminos del perdón. Soy plenamente consciente de que el perdón puede parecer contrario a la lógica humana, que obedece con frecuencia a la dinámica de la contestación y de la revancha.

Sin embargo, el perdón se inspira en la lógica del amor, de aquel amor que Dios tiene a cada hombre y mujer, a cada pueblo y nación, así como a toda la familia humana. Pero si la Iglesia se atreve a proclamar lo que, humanamente hablando, puede parecer una locura, es debido precisamente a su firme confianza en el amor infinito de Dios. Como testimonia la Escritura, Dios es rico en misericordia y perdona siempre a cuantos vuelven a Él.

El perdón de Dios se convierte también en nuestros corazones en fuente inagotable de perdón en las relaciones entre nosotros, ayudándonos a vivirlas bajo el signo de una verdadera fraternidad.”

Fuente; Catholic.net 

miércoles, 9 de abril de 2014

SI NO CAMBIA NADA ¿POR QUÉ CONFESARME?


No hago nada malo
Afirmar que no se ha hecho nada malo porque no se ha matado a nadie demuestra una terrible superficialidad y una desgana total de mirar seriamente dentro de sí.

Quien está de veras en comunión con Dios se siente pecador, imperfecto y necesitado de misericordia y perdón. Hay que tener presente que existe también el pecado de omisión, que se comete cuando se deja de hacer lo que es preciso o posible hacer.

Si no  cambia nada ¿por qué confesarse?
Si después de la Confesión no cambia nada, no depende del sacramento recibido, sino de la superficialidad de quien se ha acercado al sacramento sin preparación  o sin  propósito.

Hay que aceptar que nuestra debilidad nos lleva a veces a caer de nuevo  en los pecados confesados, y seguir decididos a luchar con todas nuestras fuerzas contra las tentaciones.

Dios nos ha prometido que con su ayuda triunfaremos poco a poco del mal. Dejar de acercarse a  la Confesión con esta excusa significa perder oportunidades de mejorar nuestra vida.

martes, 8 de abril de 2014

NO SÉ QUE DECIR, NO RECUERDO NADA, DIGO SIEMPRE LO MISMO, ME PARECE QUE HAGO LA LISTA DE LA COMPRA

El que no tenga pecados que tire la primera piedra

El decanato seis de nuestra Diócesis inicia hoy su actividad penitenciaria, siempre será una alegría al encontrar muchos hermanos que se han alejado de su Padre y en este tiempo quieren regresar a casa. Y el padre con gran misericordia les acoge en sus brazos. Para confesarnos bien debemos tener algunas cosas presente.

El primer paso necesario para confesarse bien consiste en reconocernos pecadores y necesitados de la misericordia de Dios. El que se cree  santo y piensa que sólo los demás son pecadores (no sé qué decir) no  se da cuenta de que Jesús invita a todos   a la conversión.

En realidad, la humanidad no está dividida entre pecadores y santos (que no pecan), sino entre los que se dejan perdonar (porque creen en el amor) y los que no se dejan perdonar (porque no creen en el amor). Hay que sentirse necesitados de perdón.

El “no saber que decir” en la Confesión es debido a menudo a que no tenemos meta fija en nuestra vida, vamos adelante como las mariposas sin saber hacia dónde. Hay que mirarse  dentro, saber  qué significa ser  hombres y cristianos, darse cuenta de las situaciones de pecado que  deben evitar para ser fieles al designio del amor de Dios y a la amistad con El.

miércoles, 5 de marzo de 2014

CUARESMA; TIEMPO DE GRACIA

Hoy hemos iniciado la Cuaresma, con la imposición de las cenizas que nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.

La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la oración, la penitencia, la limosna  y ayuno.

En este día se utiliza las cenizas que se obtienen de las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo. “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás". Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.

Debemos de intensificar el ayuno y la abstinencia en este tiempo. El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La oración nos pide el Señor siempre para no caer en tentación, pero en estos días debemos de aumentar un poco más, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad. 

Y en la parroquia de San Bernardino también empezamos la cuaresma con pie derecho, en todas las misas los fieles estuvieron muy atentos al llamado del Señor para estos días. Hubo una misa con todos los alumnos de los colegios católicos, la participación de los niños también fue muy activa.








Que el Señor nos ayude a todos queridos hermanos en este tiempo de gracia y de gozo.

martes, 4 de marzo de 2014

LOS PECADOS SOCIALES QUE MUCHAS VECES NO LAS CONFESAMOS


Ya estamos a un solo día para dar paso a la Cuaresma, y es muy importante que nos acerquemos al Sacramento del perdón, al lugar donde Dios nos devuelve la vida. Pero para confesarnos bien debemos conocer de cuales debemos de excusarnos, por eso hablaremos el día de hoy sobre los pecados sociales.

El Papa Juan pablo II, hizo la siguiente definición de Pecado social en la exhortación apostólica Reconciliación y penitencia de 1984: Es social todo pecado cometido contra los derechos de la persona humana, comenzando por el derecho a la vida, o contra la integridad física de alguno (…) La Iglesia… sabe y proclama que estos casos de pecado social son el fruto, la acumulación y la concentración de muchos pecados personales.

¿Peca toda la sociedad, o pecan sólo los individuos? Este problema se resuelve si pensamos en los pecados sociales como la acumulación de muchos pecados individuales que generan problemas que trascienden lo individual.

Se trata de pecados muy personales de quien engendra, favorece o explota la iniquidad; de quien, pudiendo hacer algo por evitar, eliminar, o, al menos, limitar determinados males sociales, omite el hacerlo por pereza, miedo y encubrimiento, por complicidad solapada o por indiferencia; … y también de quien pretende eludir la fatiga y el sacrificio, alegando supuestas razones de orden superior. Por lo tanto, las verdaderas responsabilidades son de las personas.” Sin embargo, éstas se ven reflejadas en el ámbito social.

El máximo jerarca de la iglesia del último milenio planteó en su enseñanza respecto del “pecado social” y que sólo lo aplicó a estructuras políticas, económicas o sociales de nuestra convulsionada y materializada sociedad. De estos tipos de pecados no se salva nadie, pues ya sea por acción o por omisión hemos sido participes de los mismos, lo cual quiere decir que ninguno de manera atrevida se atreve a lanzar la primera piedra.


En la Encíclica Reconciliación y Penitencia nos sigue diciendo, que algunos pecados, en particular, constituyen por su objeto mismo, una agresión directa al prójimo. Estos pecados se califican como pecados sociales. “Así se considera como social todo pecado cometido contra la justicia en las relaciones entre persona y persona, entre la persona y la comunidad, y entre la comunidad y la persona.

viernes, 21 de febrero de 2014

APRENDER A DECIR PERMISO, GRACIAS, PERDON

Santidad, vivir juntos todos los días es bello, da alegría, sostiene. Pero es un desafío que afrontar. Creemos que es necesario aprender a amarse. Hay un “estilo” de vida de pareja, una espiritualidad de lo cotidiano que queremos aprender 

¿Puede ayudarnos en esto, Padre Santo?

Vivir juntos es una arte, es un camino paciente, bello y fascinante. No termina cuando se conquistaron uno al otro, pero es allí justamente que inicia. Ese camino de cada día tiene reglas que se pueden resumir en estas tres palabras que has dicho, palabras que he repetido tantas veces a las familias: permiso, gracias, perdón. ¿Puedo? Permiso es el pedido gentil para poder entrar en la vida de otro con respeto y cuidado. Hay que aprender a pedir: ¿puedo hacer esto? ¿Te parece que hagamos así, que tomemos esta iniciativa? ¿Que eduquemos así a los hijos? ¿Quieres que esta noche salgamos?

O sea pedir permiso significa saber entrar con cortesía en la vida de los otros. ¿Entendieron? saber entrar con cortesía en la vida de los otros. Y no es fácil. En cambio a veces se usan maneras un poco pesadas, como algunas botas para la montaña. El amor verdadero no se impone con dureza o agresividad.

En las Florecillas de San Francisco se encuentra esta expresión: “Sepan que la cortesía es una de las propiedades de Dios”. Y la cortesía es hermana de la caridad, la cual apaga el odio y conserva el amor”. Sí, la cortesía conserva el amor. Y hoy en nuestras familias, en nuestro mundo, a veces violento y arrogantes, es necesario tener mucha cortesía. Y esto puede iniciar en casa.

“Gracias”, parece fácil pronunciar esta palabra, pero sabemos que no es así... Pero es importante. La enseñamos a nuestros hijos pero después la olvidamos. La gratitud es un sentimiento importante. Una anciana una vez me decía en Buenos Aires: La gratitud es una flor que crece en tierra noble. Es necesaria la nobleza del alma para que crezca esta flor.

¿Se acuerdan del evangelio de Lucas? Jesús cura a diez enfermos de lepra y después solamente uno regresa para decirle gracias a Jesús. Y el Señor dice: ¿Y los otros nueve dónde están? Esto vale también para nosotros: ¿sabemos agradecer? En nuestra relación y mañana en nuestra vida matrimonial es importante tener la conciencia que la otra persona es un don de Dios, ¡y a los dones de Dios de dice gracias, y a los dones de Dios se dice gracias! Y en esta actitud interior decirse gracias mutuamente por cada cosa. No es una palabra gentil para usar con los extraños para ser educados. Es necesario saber decirse gracias, para ir bien, juntos, en la vida matrimonial.

La tercera: Disculpa. En la vida hacemos tantos errores, tantas equivocaciones, los hacemos todos. Quizás haya aquí alguien que no ha hecho alguna equivocación, levante la mano. Todos los hacemos. Quizás no haya día en el que no nos equivocamos. La Biblia dice que el más justo peca siete veces al día. Por ello la necesidad de usar esta pequeña palabra: ‘disculpa’.

En general cada uno de nosotros está listo para acusar al otro y a justificarse a sí mismo. Esto inició desde nuestro padre Adán, cuando Dios le pregunta: ‘¿Has comido de ese fruto?’... ‘Pero yo no, fue ella que me lo dio’... Acusar al otro y no decir ‘perdón’, es una historia vieja y es un instinto que está en el origen de tantos desastres. Aprendamos a reconocer nuestros errores y a pedir perdón: “disculpa si hoy he levantado la voz”; “disculpa si he pasado sin saludar”, “disculpa si hice tarde”, “disculpa si esta mañana he estado tan silencioso”, “disculpa si he hablado demasiado, sin escuchar nunca”, “disculpa si me he olvidado”, “discúlpame si estaba enojado y me la he agarrado contigo”... Y tantas veces perdón al día podemos decir. Y también es así que crece una familia cristiana. Sabemos que no existe familia perfecta, ni el marido perfecto, o la esposa perfecta. No hablemos de la suegra perfecta...

Existimos nosotros pecadores, Jesús que nos conoce bien nos enseña un secreto: no terminar nunca una jornada sin pedirse perdón, sin que la paz vuelva a nuestra casa, en nuestra familia. Es habitual pelear entre los esposos, siempre hay algo, hemos peleado, quizás se enojaron, quizás voló un plato, pero nunca terminar la jornada si hacer la paz. Esto nunca, nunca. 

El disculparse con detalle

Esto es un secreto, un secreto para conservar el amor. Y para hacer la paz no es necesario hacer un buen discurso, a veces un pequeño gesto y la paz está hecha. Porque si tú no terminas la jornada sin hacer la paz, el día siguiente es frío y duro y es más difícil hacer la paz. Acuérdense bien de esto: nunca terminar la jornada sin hacer la paz.

Si aprendemos a decirnos ‘disculpa’ y a perdonarnos mutuamente el matrimonio durará e irá adelante. Cuando vienen a las audiencias o aquí en Santa Marta los esposos que cumplen los 50 años de matrimonio les pregunto: ‘¿quién soportó a quién?’ Y todos se miran, me miran y me dicen: ‘los dos mutuamente’.

sábado, 23 de noviembre de 2013

(IV PARTE) EL PERDÓN DE DIOS Y REALIZACIÓN PERSONAL

Pedir perdón 

El pecado hace mal al alma. Dios cura el alma cuando perdona. Sería una locura pecar solamente porque Dios perdona (como diciendo, ¿para qué dejar de pecar si después te perdonan igual?). Este planteo supone que pecar es bueno lo mejor que podemos hacer, pero un Dios caprichoso nos lo prohíbe. Pero como tan malo no es, nos deja una puerta de escape: que lo hagamos tranquilos ya que después El nos perdona. ¡Esto es absurdo! Otra cosa es que seamos débiles y caigamos.

Entonces necesitamos perdón de por las cosas malas que hacemos, y por el bien que dejamos de hacer, por el amor que dejamos voluntariamente de tener. Y el primer paso para el perdón es el arrepentimiento: es imposible el perdón sin el rechazo personal del pecado, ya que Dios no nos liberará de las acciones que nosotros no rechazamos (una vez más respeta nuestra libertad). Pero esto imposible si pensamos que lo que hicimos es bueno.


Cumplir la ley de Dios no es lo que nos salva, sino que es la consecuencia natural de haber sido alcanzados por su amor. La procuramos cumplir no por miedo a castigo, sino porque hemos descubierto el amor de Dios. Queremos hacer lo que Dios nos pide porque lo amamos. Porque entendemos lo grande que es su sabiduría y su amor.

jueves, 10 de octubre de 2013

EL PERDÓN NO DEBE NEGARSE A NADIE


¿Qué hombre hay que llegue a morir sin haber sufrido el amargura de una traición, de un desamor, engaño, abuso o de otro daño cualquiera de parte de los parientes, consortes o amigos? Recordemos que es hora de perdonar para ser perdonados.

Perdonar completamente, dejando a un lado, no solo el rencor y el recuerdo, sino hasta la persecución de que el motivo de nuestro rencor era justo.

A la hora de la muerte. El tiempo, el mundo, los negocios y los afectos terminan reducidos a nada. Ya solo existe una verdad que es DIOS. Perdonar y dado que llegar a la perfección del amor y del perdón, que consiste en no decir siquiera: “con todo yo tenía razón”.


Es una virtud que debemos practicar constantemente con nuestros prójimos, “hasta setenta veces siete”. 

lunes, 1 de julio de 2013

PADRES ABUSIVOS

No es la forma de educar
Nos liberamos al saber que no tenemos que ser víctimas de nuestro pasado, y que podemos aprender nuevos modos de responder. Pero hay un paso más allá de este reconocimiento…Es el paso del perdón. El perdón es el amor practicado entre personas que aman pobremente; nos libera sin esperar nada en cambio. Henri j. m. Nouwen


Hoy en día mucha gente trata de sanar un pasado destrozado. Las vidas de innumerables personas han sido profundamente dañadas por haber sufrido cuando eran niños, ya sea psicológicamente, físicamente o, peor que todo eso, sexualmente. Los programas de televisión y las revistas tratan a diario de estos temas. En un programa tras otro los sobrevivientes comparten sus historias dolorosas ante un público hastiado e indiferente. Sin embargo, por más que se desnuden el alma, parecería que eso no les trae la sanación que buscan.

Tal vez lo más difícil de todo es perdonar el abuso sexual de un niño. La víctima – la niña, el niño – siempre es completamente inocente, mientras que el violador, el adulto, siempre es totalmente culpable. ¿Y por qué los inocentes habrían de perdonar a los culpables? Es triste observar que muchas personas que fueron víctimas de abuso sexual en su infancia se imaginan que de alguna forma ellos son los culpables, que provocaron o hasta se merecían ese ultraje. Para ellos, perdonar parecería confirmar que efectivamente es así.

Por supuesto, no es verdad, todo lo contrario. El perdón es necesario sencillamente porque ambos, víctima y violador, aprisionados por una oscuridad que comparten, permanecerán encadenados a esa oscuridad hasta que alguien les abra la puerta. El perdón es la única salida y, aunque nuestro adversario prefiera quedarse en la oscuridad, esto no ha de detenernos. Si le dejamos la puerta abierta, hasta puede que nos siga en el camino hacia la luz.


Lo que importa es que perdonemos y que nos abramos a la obra de Dios. Entonces sí que pueden ocurrir milagros. Puede que en ocasiones surjan recuerdos dolorosos para enturbiar las aguas, pero no debemos permitirles que nos empañen la vista. Aunque no podamos olvidar, debemos creer que sí podemos perdonar; y cuando hayamos perdonado, empezaremos a sanar.

Hay que educar con amor y con el ejemplo

sábado, 29 de junio de 2013

PERDONAR CUANDO NO HAY RECONCILIACIÓN




Negarse a perdonar puede ser infinitamente peor que cometer un crimen, porque éste último podría ser un acto impulsivo en un momento de acaloramiento, mientras que lo primero es una decisión fría y calculada del corazón.


Cuando se ama, uno ve todo lo que es bueno, todo lo que es de Jesucristo en otras personas. Dios ve a su Hijo en nosotros. Por eso nosotros debemos ver sólo a Cristo en los demás, y amarlos. Nunca puede haber suficiente amor. Nunca se puede pensar bastante en el amor. San Juan de la Cruz dijo que donde no hay amor, trae el amor, y obtendrás amor.

miércoles, 26 de junio de 2013

PERDÓN EN EL MATRIMONIO

El perdón
Hay una dura ley que dice que, cuando hemos sufrido una herida profunda, no podremos reponernos hasta que hayamos sabido perdonar.

Cuando me piden mi consejo para un matrimonio que tiene problemas, siempre digo: Ora y perdona. Y al joven proveniente de un hogar donde prevalece la violencia, digo: Ora y perdona. Una y otra vez, incluso a la madre soltera que carece de apoyo familiar: Ora y perdona. La madre Teresa

Se ha visto una y otra vez que a menos que marido y mujer se perdonen a diario, el matrimonio puede convertirse en un infierno. También he visto que aún los problemas más difíciles a menudo se resuelven mediante tres palabras: “Lo siento. ¡Perdóname!”

Puede ser difícil pedirle perdón al cónyuge. Requiere humildad y la admisión de las propias debilidades y fallas. Más esto es justamente lo que hace que el lazo matrimonial sea sano y fuerte, que los cónyuges vivan en mutua humildad, plenamente conscientes de su dependencia interior uno del otro.

“convivir en el perdón de los pecados,” porque sin perdón ninguna comunidad humana, y menos aún el matrimonio, puede sobrevivir: “No insistan en sus derechos, no se culpen uno al otro, no juzguen ni condenen, no busquen fallas, sino acéptense el uno al otro tales como son, y perdónense diariamente el uno al otro de todo corazón.”

Son tantas las parejas que duermen en la misma cama y comparten la misma casa, pero que por dentro están distanciados porque han levantado una muralla de resentimientos entre sí. Los ladrillos de esta pared pueden ser muy pequeños – un aniversario olvidado, un malentendido, una reunión de negocios que tenía prioridad sobre una
excursión familiar planeada tiempo atrás. Las mujeres se erizan cuando sus maridos tiran la ropa al piso en vez de echarla en el canasto, y a los maridos no les cae bien que sus esposas les recuerden que ellas también han estado trabajando todo el día.

Muchos matrimonios se salvarían sencillamente con darse cuenta que los seres humanos somos imperfectos. Con demasiada frecuencia se presume que en un “buen” matrimonio no hay discusiones ni desacuerdos.

Pero ésta es una expectativa ilusoria, por lo cual al poco tiempo se desilusionan y se separan, alegando motivos de incompatibilidad. La imperfección humana hace que cometamos errores y nos hiramos uno al otro, muchas veces sin quererlo ni saberlo. La única solución garantizada, infalible, que se ha encontrado en la vida ha sido el perdonar – hasta setenta veces siete en un día si es necesario – y orar.

Una vida de oración activa mantiene a la pareja enfocada en Dios, y así protege su unidad. C. S. Lewis escribe: Perdonar las continuas provocaciones de todos los días, seguir perdonando a la suegra mandona, al marido tirano, a la esposa regañona, a la hija egoísta, al hijo mentiroso, ¿cómo podemos lograrlo? Únicamente, creo yo, recordando nuestra propia situación, y tomando en serio la oración diaria: “Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.” Ésta es la única condición bajo la cual se nos ofrece el perdón. Rechazar el perdón es rechazar la misericordia de Dios para con nosotros mismos. No hay excepciones, ni por asomo. Lo que Dios dice, lo dice en serio.

El amor de Jesucristo reconcilia y perdona, mientras que los que se divorcian y vuelven a casarse cierran la puerta a la posibilidad de una futura reconciliación. Aunque las circunstancias dicten una separación transitoria, el amor leal es el único camino hacia la restauración de la unidad matrimonial.

El enorme abuso de confianza que es la infidelidad puede llevar años para sanar. Ambos deben empeñarse en recuperar la confianza mutua para que el matrimonio se pueda restaurar.


domingo, 23 de junio de 2013

EL PERDÓN EN LA VIDA DIARIA

Mucha gente nunca tendrá que decidir si puede o no puede perdonar a un asesino. Pero todos se enfrentan a diario, quizás muchas veces en un solo día, con la necesidad de perdonar al esposo o esposa, a los hijos, a los compañeros de trabajo. Y esta tarea no es menos importante.

“El árbol venenoso”, William Blake nos demuestra como el resentimiento más pequeño puede florecer y producir un fruto mortal.

Yo estaba enojado con mi amigo:
expresé mi enojo; mi enojo se acabó.
Yo estaba enojado con mi enemigo:
me quedé callado, y mi enojo creció.
Y lo irrigué con temores,
de noche y en la mañana, con mis lágrimas;
lo puse al sol con sonrisas,
y con suaves, engañosas astucias.
Creció día y noche,
hasta que dio una manzana;
mi enemigo la vio relucir un día,
y supo que era mía.
En mi jardín se metió
cuando la noche el tronco veló:
Contento hallé por la mañana,
estirado bajo el árbol, a mi enemigo.

Las semillas del árbol de Blake son los pequeños rencores de la vida diaria. Si caen en corazón fértil, crecerán, y si se cuidan y nutren, adquirirán vida propia. Puede que al principio sean pequeños, aparentemente insignificantes, apenas perceptibles; no obstante hay que sobreponerse a ellos. Blake nos enseña en los primeros dos versos qué fácil es: Tenemos que hacerle frente a nuestro enojo y arrancarlo de raíz antes de que pueda crecer.

Es menos difícil perdonar a un desconocido que a una persona conocida que goza de nuestra confianza. Por eso es tan difícil sobrellevar el desengaño cuando hemos sido traicionados por compañeros o amigos íntimos que conocen nuestros pensamientos más profundos, nuestras idiosincrasias y flaquezas humanas; cuando se tornan contra nosotros, nos dejan atolondrados.

Muy pocas disputas tienen un solo lado. Pero en nuestro orgullo vemos únicamente los pecados de los demás y cerramos los ojos ante las faltas propias. A menos que seamos capaces de humillarnos, no podremos nunca perdonar ni ser perdonados. Esta humillación es dolorosa, pero forma parte inevitable de la vida. El perdón nos permite ir más allá del
dolor, sin negar su realidad, para alcanzar la alegría que nace del amor.

No hay manera en que podamos gozar de una vida plena a menos que estemos dispuestos una y otra vez a sufrir, a soportar la depresión y la desesperación, el miedo y la ansiedad, la angustia y la tristeza, el enojo y la agonía de perdonar, la confusión y la duda, la crítica y el rechazo. Una vida carente de estas agitaciones emocionales será inútil, no solamente para nosotros mismos, sino también para los demás. No podemos sanar si tratamos de evitar el sufrimiento.

La verdadera comunidad, ya sea con el cónyuge o en la familia, con los hermanos y hermanas espirituales, o con los compañeros y amigos, exige que revelemos nuestras almas los unos a los otros. C.S. Lewis va más allá y dice que “amar significa ser vulnerable. Fuera del cielo, no hay lugar donde se está completamente a salvo de los peligros y perturbaciones que trae consigo el amor.”

Ya hemos visto adonde nos lleva el cultivar pequeñas rencillas. Ese cultivo casi siempre toma la forma del chisme. Nos quejamos de nuestras heridas para que nos tengan lástima, echando leña al fuego y difundiendo nuestros rencores aún más. Si echamos un vistazo a la sociedad de hoy, a nuestros hogares y escuelas, a los hospitales y a las iglesias, a las oficinas y a las fábricas, es fácil ver los efectos devastadores del chisme: las horas de trabajo perdidas y la disminución de la productividad, la tensión nerviosa y el agotamiento, hasta el suicidio.

¿Cómo se puede vencer este mal?


Por difícil que sea, la única forma de deshacernos del enojo y liberarnos de los sentimientos reprimidos de una manera honesta es hablar franca y directamente.