jueves, 7 de enero de 2016

CONVERSIÓN


En la antigüedad la peregrinación, en especial a Tierra Santa, tenía un carácter penitencial, debido en gran parte a las dificultades que tal ejercicio comportaba: problemas políticos, incomodidad, viajes difíciles. Los peregrinos estaban animados por una profunda fe religiosa y estaban preparados para la muerte, que, muchas veces, les sucedía durante el camino.

La peregrinación era también una ocasión de expiación de culpas. Por eso a los peregrinos que realizaban el viaje para expiar sus pecados se les quitaba el vestido mundano, símbolo del pasado de pecado, se les vestía con el hábito de peregrino, expresión del cambio que querían realizar.
Hoy, con las facilidades y comodidades que dan los modernos medios de transporte, con los hoteles de lujo, etc., existe el riesgo que desaparezca  en parte el aspecto exterior de tal penitencia y a menudo la peregrinación, aún en aquellos que la hacen por motivos estrictamente religiosos, se puede convertir en un viaje turístico.


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